La primera película de Michael Cimino
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El 2 de julio de 2016 nos dejaba, a los setenta y siete años, nuestro protagonista de hoy. Uno de los últimos cineastas que apostaron todo contra el mundo. Un hombre que desafió al sistema creyendo que, a base de talento, podría derrotarlo. Apareció fulgurantemente de la mano de Clint Eastwood. Clint, “la leyenda viviente”, quedó impresionado por su trabajo como script-doctor en ‘Harry, el ejecutor’. Por ello, le dio la oportunidad para que dirigiera su primera obra. Hoy descubriremos cuál fue y cómo empezó la historia de este gran filmmaker. Un director que, a pesar de todo lo negativo que se escribió sobre su persona, se ganó un lugar en lo más alto. Esto es…

La primera película de Michael Cimino

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Los primeros trabajos que llevó a cabo Michael Cimino (3 de febrero de 1939), algunos de ellos firmados como Mike Cimino, fueron como “hombre para todo” o ayudante de cámara sin acreditar. En 1972 fue contratado como script-doctor para Naves misteriosas (Douglas Trumbull) protagonizada por Bruce Dern, autonombrado el mejor actor de su generación.

Su trabajo en aquella olvidada producción futurista-ecologista lo llevaría a trabajar desempeñando la misma labor en ‘Harry, el fuerte’ (Ted Post, 1973). Su encargo era el de suavizar y hacer más comercial el material escrito por John Milius. La labor que realiza durante la pre-producción y el mismo rodaje (re-escribiendo escenas y diálogos) impresiona a Clint Eastwood. La estrella de los spaghetti western está a punto de firmar un contrato con United Artist para tres películas. Dos de ellas deben ser westerns y la otra a elegir por Eastwood, que tiene predilección por protagonizar una road-movie

El borrador de lo que debe ser la historia de la road-movie es remitido a Cimino por parte de Clint. El actor usa la mediación del agente en común, Stanley Kamen. Cimino toma como premisa uno de sus films predilectos, la cinta protagonizado por Rock Hudson en 1955 ‘Orgullo de raza’ (Captain Lighfoot, Douglas Sirk). De aquella toma los nombres de los protagonistas: dos irlandeses en lucha contra el mundo (Hudson y Jeff Morrow). Así fue como nació…Un botín de 500.000 dolares (Thunderbolt & Lightfoot). Así dio comienzo la carrera de Michael Cimino.

Las similitudes entre la historia que Cimino escribe y dirige y la vida del propio director son realmente paralelas. El film sigue a Lightfoot (Jeff Bridges), un joven buscavidas que accidentalmente conoce a Thunderbolt (Clint Eastwood), un veterano atracador de bancos que ahora vive del engaño. Lightfoot queda totalmente fascinado por la personalidad de Thunderbolt. Ambos hombres se hacen amigos y se dedican a viajar por el país madurando la idea de dar un buen golpe en un banco. Sin embargo, para ello necesitarán la ayuda de unos viejos compinches de Thunderbolt. Unos delincuentes con los que este ahora no se lleva precisamente bien. Mientras tanto, el banco de Warsaw (Montana-EEUU) les espera con su caja bien fortificada.

Cimino vendría a ser una completa réplica del joven soñador. Un chico que quiere comerse el mundo y al que da vida de forma magistral Jeff Bridges. A su lado, un soberbio Eastwood y dos animadores del cotarro licenciados como eran George Kennedy y Geoffrey Lewis. La cinta cumple con lo que Eastwood buscaba: una road-movie. Además, sirve para presentar las premisas clásicas que marcarían la carrera de Cimino. Director que terminaría ya prácticamente en el olvido mediático en 1996. Ese año dirigió ‘The Sunchaser’, cinta rodada en los mismos parajes donde John Ford filmó multitud de sus westerns.

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“Un botín” fue un importante éxito de taquilla. La cinta se fue hasta los 21 millones de dólares en USA, una cifra que Cimino superaría tan sólo dos años después con ‘El cazador’ (The Deer Hunter). Este fue el largometraje que, durante un lustro, lo puso en lo más alto del podio de cineastas prometedores de Hollywood.

Tras los 5 Oscars de ‘El cazador’ (incluido el de Mejor Director para Cimino), y como sabrá todo aquel que conozca algo sobre su carrera, el realizador se fue a filmar su gran obra maestra: ‘La puerta del cielo’ (su cielo e infierno). La United Artist prácticamente le puso un cheque en blanco y control absoluto para hacerla. No obstante, Cimino acabó viendo como le robaban el film de las manos. La película fue estrenada de mala manera. El metraje presentaba cortes y una fotografía sin tratar como los paisajes que Cimino había inventado merecía ser tratados. Por suerte, el tiempo hizo que se fuera ganando la fama de épica epopeya (y obra maestra) que le negaron (no sin la tozuda ayuda del propio Cimino enfermo de ego). Actualmente podemos encontrar el montaje del director en España editado por La Aventura en una edición de dos discos.

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El fiasco comercial de ‘La puerta del cielo’ sentenció para toda la eternidad la carrera de Cimino. Nunca más obtuvo plena confianza de ningún estudio para dirigir un film que tuviera un presupuesto medio-alto. Desde 1981 hasta 1996 sólo firmaría cuatro películas. Dos de ellas, ‘Manhattan Sur’ (1985) y ‘37 horas desesperadas’ (1990), con un Mickey Rourke en caída libre. Rourke le defendió como el gran cineasta que era hasta el día de su muerte. Entre medio, otro resbalón junto al actor de moda de 1987, Christopher Lambert, en ‘El siciliano’.

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Su última gran aparición pública fue verano de 2015 en el Festival de Locarno (Locarno Film Festival). Allí le homenajearon con un premio a toda su trayectoria y proyectaron su montaje de ‘La puerta del cielo’ (216 minutos) restaurada para la ocasión. En el festival dio una master-class histórica donde habló de todo sin tapujos. Irreconocible físicamente, debajo de una multitud de operaciones de cirugía, pero brillante mentalmente.

El último gran trabajo de Cimino fue aquella tarde en Italia. Un país que amaba y donde regaló su última obra. Hollywood pudo haberlo olvidado y enterrado antes de tiempo… pero nadie podrá borrar su legado.

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