La leyenda de Tarzán
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El realizador inglés David Yates nos trae de regreso a la gran pantalla al mítico Tarzán en imagen real. Llegó la hora de retornar a la selva para demostrar quién es el verdadero rey. Llegó el momento de conocer… ‘La leyenda de Tarzán’.

“Necesito que grite para mi”.-Leon Rom.

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Crítica de La leyenda de Tarzán.
A estas alturas de la película volver a comentar toda la mitología y origen de Tarzán es algo que no hace mucho sentido, basta decir que el famoso “rey de los monos” fue la más famosa creación de Edgar Rice Burroughs (1875-1950). Burroughs fue un famoso escritor estadounidense y figura clave de la aventura y lo fantástico. Otro de sus personajes más populares fue John Carter’, llevado al cine por todo lo alto en 2012 en la película de título homónimo.

Al respecto de Tarzán, comentar que la creación de Burroughs explotó en el cine gracias a la inolvidable figura del actor y campeón olímpico Johnny Weissmuller. Weissmuller se mimetizó totalmente con el personaje, interpretándolo en más de diez películas (la primera de ellas presentada en 1932 con el título ‘Tarzán de los monos’). Precisamente, fue gracias a esos films que yo conocí y tomé cariño al “rey de la selva”, cuando todas esas cintas fueron exhibidas por TVE. Pero eso fue hace ya mucho tiempo y hoy toca ver qué se nos ofrece en este nuevo film, así pues, ahondemos ya en esta crítica de La leyenda de Tarzán.

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Y entrando ya en materia cabe decir que lo mejor de esta nueva producción es su libreto. Un libreto escrito por Adam Cozad y Craig Brewer que no renuncia a contar el origen del personaje (una vez más) pero que lo que ofrece en realidad es una nueva aventura tratando de situarla en un determinado contexto histórico. ¿Cómo es todo esto posible? Muy sencillo, el origen de Tarzán no es esquivado pero si contado a través de breves flashbacks que se van intercalando en momentos puntuales de la narración principal. Una narración que nos sitúa desde el principio a Tarzán ya convertido en Lord Greystoke (acordaos del ‘Greystoke’ de 1984 dirigido por Hugh Hudson con un gran Christopher Lambert) y al que se le coloca en el contexto histórico del rey Leopoldo II de Bélgica que explotó a todos los niveles la zona del Congo.

Precisamente, las referencias al monarca belga y el hecho de situar la acción en el Congo sirven para denunciar las diferentes tropelías allí cometidas: la esclavitud, el maltrato y aniquilación de animales, la presencia de ejércitos de mercenarios… Pese a lo que pudiera parecer, todo esto está correctamente conjuntado en el guión, a veces con referencias directas y otras con imágenes sutiles o no tan sutiles (por ejemplo, un vagón repleto de colmillos de elefantes que sugieren una gran carnicería). La pena es que al final todo esto queda reducido en la “simpleza” de “rescatar a la chica”.

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Respecto a la aventura, cabe decir que David Yates la convierte casi (y sin el casi) en una “buddy-film” desarrollada en la selva. Una “peli de colegas” en la que “los amiguetes” son Alexander Skarsgård (Tarzán) y Samuel L. Jackson (George Washington Williams). Skarsgård es el serio y “fuertote” y Jackson el aporte cómico que se mete en problemas y al que la mayoría de las situaciones le vienen muy grandes (colgarse por lianas, saltar por barrancos, correr por las ramas de los árboles). Así pues, y en este sentido, Yates no entrega nada que no hayamos visto ya cientos de veces… culminando el film con un clímax que sabe a poco o nada y en el que el CGI de la estampida canta lo suyo.

Al respecto de los gorilas amigos de Tarzán cabe decir que pasan la prueba, desde luego están bastante mejor realizados de lo que lucen en los pósters o en las fotos de promoción y su interacción con los humanos es buena, especialmente en alguna que otra pelea a la que Yates aplica la cámara “súperlenta”, algo que también hace con acierto en los enfrentamientos entre humanos. Comentar aquí que la ambientación del film es muy buena a todos los niveles, pero nada que justifique un desembolso cercano a los 200 millones (180 m$ según BOM).

La BSO sí que triunfa y emociona por completo bajo la batuta de Rupert Gregson-Williams con composiciones aventureras y algún que otro pasaje épico bastante bien compuesto.

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“Usted es Tarzán”… Yo Tarzán, tú Jane.

El terreno interpretativo es el punto más flojo de esta película en la que sólo dan la talla Margot Robbie y Djimon Hounsou. Los demás intérpretes quedan por debajo de lo que cabría haber esperado y Sam Jackson queda en terreno de nadie. Conozcamos los motivos…

Alexander Skarsgård es Tarzán y resulta la mayor decepción de todas. Si bien como Lord Clayton tiene un pase… como “el hombre mono” no tiene ninguno más allá de su despliegue físico. Su Tarzán resulta totalmente inexpresivo, sin espíritu, carisma ni presencia. Para dar vida a un mito como “el rey de la selva” hace falta algo más que “ponerse cachitas” y lucir pectorales y abdominales… hace falta jerarquía y poder… y nada de esto ha sabido transmitirle Skarsgård a este Tarzán que parece aburrido de sí mismo, frío y “nolanizado”.

Margot Robbie sí que luce como Jane Clayton, la esposa de John Clayton/Tarzán. Es cierto que su papel podría encajar perfectamente en eso que se conoce casi de manera “despreciativa” como “mujer florero”, pero Margot lo supera todo con una gran naturalidad y entusiasmo que la convierten en parte de lo mejor de esta producción. Ella sí que ha sabido meterse en su papel.

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Otro que destaca es Djimon Hounsou como el jefe Mbonga. Cierto es que Djimon tiene pocos minutos en un metraje de casi dos horas, pero los pocos minutos que tiene los aprovecha al máximo y entrega a un jefe de gran presencia, de esos que te intimida sólo con la mirada y con su voz. Algo así como tenía que haber sido Tarzán…

Christoph Waltz da vida a Leon Rom, el villano del film y principal hombre de campo del Rey de Bélgica. Al principio Waltz promete mucho entregando un personaje misterioso que va a todas partes vestido de blanco y con un rosario en la mano… pero poco a poco te vas dando cuenta que tras su pose no hay nada, de esta forma, termina siendo un malo de perfil bajísimo. Un nuevo paso en falso de Waltz después de su decepcionante villano de Spectre’.

Finalmente nos queda Samuel L. Jackson que está en la película porque, al igual que Morgan Freeman, tiene que estar en todas o en casi todas… Aquí Sam Jackson navega perdido como George Washington Williams, un “diplomático” norteamericano que quiere conseguir pruebas de esclavitud contra el Rey Leopoldo. Como expuse antes, en varios momentos Jackson resulta el aporte cómico… y en otros se pone serio, siendo así cuando mejor está. Ahora bien, al final ni para un lado ni para otro… quizás más hacia el lado cómico, lamentablemente.

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En conclusión.
Es cierto que han existido buenas intenciones por parte de WB al resucitar al mítico personaje de Edgar Rice Burroughs para la gran pantalla. Sin embargo, el resultado no ha sido superior porque la película ha fallado en las dos cabezas visibles del casting con Alexander Skarsgård y Christoph Waltz, el primero no estando a la altura de la “leyenda” y el segundo entregando un flojo villano. Con otros mimbres, el resultado habría sido mucho mejor que un film simplemente recomendado para pasar una tarde/noche pero que no consigue trascender y es que como dice Lord Clayton…

“La selva lo devora todo”.-Lord Clayton.

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