El sargento de hierro
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Además de actor y director, Clint Eastwood ha sido siempre un maestro creando iconos. Desde aquel pistolero sin nombre que encarnó en los spaghetti western hasta su lógica evolución reconvertido en el William Munny de ‘Sin perdón’, pasando por el archifamoso Harry Callahan o ese inolvidable Jonathan Hemlock. Y en ‘El sargento de hierro’ encontramos precisamente a uno de esos personajes que, sin pretenderlo, han quedado grabados en el imaginario colectivo. Un militar rudo, sexista y anacrónico que, parafraseando a uno de los personajes de la película, “sólo debería ser sacado de la urna en caso de guerra”. Poneos la camiseta y a formar.

“Soy el sargento de artillería Highway. He bebido más cerveza, he meado más sangre, he echado más polvos y he chafado más huevos que todos vosotros juntos, capullos”.-Sargento Highway.

Thomas Highway

Crítica de El sargento de hierro

Cuando esta película se estrenó Clint Eastwood ya era el alcalde del pequeño pueblo de Carmel. Pero eso no le impidió coger el guión escrito por James Carabatsos y sacarse de la chistera una película que, sin pretenderlo, ha acabado convertida en un referente para todos los amantes del cine bélico. De este film se han dicho muchas cosas con mayor o menor razón. Hay quien opina que es un título homoerótico, probablemente debido a la enorme cantidad de improperios de cariz sexual que suelta Highway. Otros consideran que es una comedia desenfadada (algo que se entiende por la diversidad de risas que consigue arrancarnos), una visión de la vida castrense realizada con muy mala leche, e incluso se comenta que es una visión del ejército que propone una crítica hacia el sistema y el estamento militar (lo cual explicaría que el ejército retirara su apoyo tras visionar la cinta). Yo prefiero intentar no categorizar esta película, digamos que tiene un poco de todo, es una mezcla equilibrada que ofrece una visión bastante agridulce de ese ejército norteamericano que durante tantas décadas se ha tratado de idealizar.

Dicho lo anterior, lo primero que notamos es cierto dejavú. Y es que la figura de Highway nos recuerda inequívocamente a otro instructor, mucho más cabrón y despiadado, el sargento Hartman que maltrataba salvajemente a sus reclutas en La chaqueta metálica(Stanley Kubrick, 1987). Por cierto, un papel que le ofrecieron a Eastwood, pero el cual rechazó por considerarlo demasiado violento. Y es que el tratamiento que da Eastwood a Highway es mucho más desenfadado, aunque no poco contundente.

El trabajo de dirección es muy correcto, y centra el argumento en tres luchas: la que Highway libra contra sus rebeldes reclutas, el intento de recuperar el amor y el respeto de su mujer, y la última batalla donde todos se enfrentarán a su destino. Es en cierta forma un viaje de redención, el de un viejo soldado quemado por las guerras que decide disparar sus últimos cartuchos. Un viaje que termina en la toma de isla de Granada, que sí tenemos cierta imaginación deberemos relacionar con un personal asalto a Iwo Jima.

El personaje de Highway es el plato principal de la película. Es un veterano militar condecorado en Corea, que además de Vietnam se ha arrastrado por campos de batalla de medio mundo. En el ocaso de su carrera, alcoholizado, con tendencia a las broncas y divorciado de su mujer desde hace tiempo, regresa a sus orígenes para tratar de recomponer su vida. En ese viaje le acompañarán sus nuevos reclutas, que pese a odiarle terminan respetándole y aprendiendo de él los valores que les ayudarán a tomar las riendas de sus vidas. Eastwood plasma la dureza del personaje a la perfección ayudado por su temperamento natural, y en ciertos momentos resulta incluso divertido, con un trasfondo de sentimientos y un talento que separa a las grandes estrellas de los actores fugaces.

Thomas Highway

Otro personaje importante es el de Aggie, la ex-mujer de Highway que es interpretada por Marsha Mason y sirve de nexo de unión con ese pasado perdido del militar. Y debemos destacar a un por entonces desconocido Mario Van Peebles en el papel de Steve Jones, que sorprendentemente hace suyo el rol de cachondo despreocupado. Y digo que me sorprende porque aparte de este papel no ha hecho muchos más a esta altura. Una mención merece Everett McGill, que da vida a un mayor Powers que enfatiza con el espectador despertando los peores instintos. El resto de secundarios están a la altura de lo esperado, si bien los reclutas parecen cortados todos por el mismo patrón y son una mera excusa para las humillaciones a las que les somete Highway.

El guión escrito por James Carabatsos proporciona unos diálogos a veces hilarantes, y como ya he comentado es muy posible que el tono de los mismos y la obscenidad manifiesta a lo largo del metraje provocó que el Cuerpo de Marines retirase su apoyo a la película. Y es que aparte de poner en duda constantemente su orientación sexual, Highway se despacha con frases tan contundentes como “Te voy a romper el dedo con el que haces pajas a tu novia”. O una muestra más del tratamiento que reciben los marines, el breve encontronazo de Highway con el dueño de un bar: “Te corres de gusto cuanto te metes con un marine…”.

Hay un detalle final que también es interesante aportar en esta crítica de El sargento de hierro: es muy posible que el fervor que se infunde a lo largo de la película lleve a engaño a más de uno. Pudiera pensarse que, tras el lenguaje obsceno de Highway y su aparente devoción hacia Estados Unidos, se esconde una alabanza patriótica. Y no, ni mucho menos. Sin llegar a ser una película tan antibelicista como ‘Senderos de Gloria’ o ‘La chaqueta metálica’ desmitifica y retrata las miserias del estamento militar. La prueba no es sólo que el ejército retirara todos sus apoyos a la cinta tras visionarla. Además encontramos sutiles detalles que lo confirman. Uno es sin duda el personaje de Highway, un militar amargado y solitario que ha descubierto la inutilidad de dedicar toda una vida a defender a su país. Otro sería el hecho de que consiga convertir a unos descerebrados en soldados perfectamente adiestrados para matar, insinuando que para ser soldado no hace falta tener muchas luces. Y, finalmente, el asalto final, donde los soldados deben arriesgar su pellejo a cambio de una gloria efímera.

La música corre a cargo de Lennie Niehaus, que es en cierta forma un músico fetiche para Eastwood. Más aún si tenemos en cuenta que ha trabajado con él en muchas de sus películas y se ha encargado de componer la banda sonora de algunas de ellas. Como nota curiosa diremos que el propio Eastwood compone una de los temas de la película, mientras que Mario Van Peebles se monta él solito las tres canciones que interpreta su personaje, dejándonos con la duda de si no debería haberse dedicado a la canción.

Conclusión.
Ver esta película es una experiencia religiosa en muchos sentidos, la única forma de disfrutarla es no tomarla como algo literal y leer entre líneas. Porque sin duda es irreverente y grosera, con tintes fascistas y unos diálogos que pueden desagradar a más de uno. Pero es precisamente ahí donde radica su grandeza, en esa visión ácida y totalmente patética del viejo héroe de guerra que regresa a casa y encuentra un panorama desolador. Apenas hay acción, es un elemento que queda relegado prácticamente al final, pero las situaciones cotidianas durante el adiestramiento de los reclutas son más que suficientes como para que no la echemos de menos. Todo esto, más el balance que hace Highway de una vida entera dedicada al ejército, son motivos más que suficientes para verla. Una de esas películas que dejan huella y que siempre apetece repetir.

Tráiler de El sargento de hierro