La casa del pánico
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Esta fue la segunda de las tres películas que Kate Beckinsale protagonizó y estrenó en cines en el año 2016. Dejando en el armario el traje de Selene, y con D.J. Caruso como maestro de ceremonias, nos adentramos junto a Kate en una casa de pasado misterioso. Bienvenidos a… ‘La casa del pánico’.

“Parece que tienes una sala de las decepciones”.-Ms. Judith.

Crítica de La casa del pánico

‘La casa del pánico’ es un film que vuelve a incidir con poco acierto en el tema de las “casas encantadas” y los espíritus. Tras una serie de dudas, la cinta fue estrenada en cines USA consiguiendo una recaudación de apenas 2.423.468 $ (su presupuesto fue de 15 millones). Esta cifra la convirtió en uno de los peores estrenos de la compañía Relativity y provocó que en otros países llegara directamente en VOD. En España fue estrenada en abierto por cuatro en agosto de 2018.

En la dirección encontramos a todo un artesano como es D.J. Caruso que aquí no consigue, en ningún momento, crear una atmósfera de terror ni de agobio. Por otro lado, los fanáticos de los “jumpscares” también quedarán decepcionados pues apenas hay dos o tres en toda la película. En consecuencia, Caruso decepciona por partida doble: ni sensación de terror ni sustos baratos.

De los pocos aciertos que presenta el film, el que más destaca es su elegante filmación y fotografía obra de Rogier Stoffers. En estos aspectos queda claro que la película era válida totalmente para ser estrenada en cines. Además, a lo largo del metraje encontraremos algunas secuencias que llaman la atención por su gran acabado visual. El ejemplo más claro son los flashbacks en los que podemos ver a Dana (Kate Beckinsale) tirada en el baño.

Por otro lado, lo peor de la película es su montaje. Un montaje que combina sin ningún tipo de aviso (ni de acierto) escenas del pasado y secuencias de pesadillas con los sucesos lineales de la trama. Esto lo hace varias veces y da lugar a que el espectador termine desconcertado y con algo de irritación, ya que se nos muestran cosas que luego vemos que no han sucedido… amén de que arroja dudas sobre el destino de algunos personajes, incluso sobre su propia existencia. Por ejemplo, es el caso del “chapuzas” interpretado por Lucas Till del que no sabremos cómo termina realmente su andadura en el film. Otro ejemplo de este desastre sería la llamada de Ms. Judith que se queda en el aire. Para mayor “regodeo”, todo esto es algo que Dana llega a comentar en algún diálogo: “Creo que no sé diferenciar lo que es real y lo que no”.

El guión de Wentworth Miller pasa por ser lo mejor de la propuesta, especialmente por tratar el tema de “las habitaciones de las decepciones” y la vergüenza hacia los hijos deformes. Sin embargo, en el libreto nos encontramos con multitud de tópicos y con errores de bulto. El más grave es presentarnos a Dana como una arquitecta presente desde pequeña en las obras de su padre y, sin embargo, al comprar la casa no se percata de la existencia de la habitación del ático. Lógicamente la habitación está oculta en los planos… lo que choca grandemente es que la misma tenga un gran ventanal circular que es imposible no ver desde el exterior.

Por otro lado, se nota un intento forzadísimo de Miller por presentar a toda costa a Dana como una mujer trabajadora y a David como un hombre que vale más bien poco, es decir, se nos impone una visión radical de muchos cambios que tienen lugar hoy en día respecto al papel de la mujer en la sociedad. Esto no está mal, lo que está mal es lo poco natural que queda expuesto el tema en la película y en sus diálogos que se notan artificiales y falsos. Tampoco la investigación que lleva a cabo Dana sobre el pasado de la casa nos llega a enganchar en ningún momento ni a resultar, cuanto menos, pasable. En este sentido, me atrajo mucho más el misterioso pasado mental de ella que la supuesta maldición de la habitación del ático.

“Buena suerte con la casa”. La habitación del pánico.

De las interpretaciones poco hay que comentar esta vez. Se limitan a cumplir y ya. Lo más sorprendente es encontrarnos a Kate Beckinsale teñida de “rubia oxigenada” por aquello de cumplir con un cliché más del cine de terror. Beckinsale hace lo que puede pero está claro que se acomoda muchísimo mejor a la fría y dura Selene que a esta traumatizada arquitecta llamada Dana Barrow. Su marido, David, es interpretado con mucha calma por el inglés Mel Raido que entrega un personaje que se hace bastante amable a ojos del público. Completa la unidad familiar Duncan Joiner como Lucas, un pequeñajo de esos que no molestan al respetable y que pasa la mayor parte del tiempo jugando con su padre.

Fuera de la familia Barrow tan sólo hay un intérprete digno de mención. Me refiero a Lucas Till que aprovecha muy notablemente sus apariciones dando vida a Ben, un “chapuzas” local que se presenta para ayudar con las reformas de la casa. Till se convierte en lo mejor de la película gracias a este joven desvergonzado que no dudará en intentar ligar con Dana.

En conclusión.
Finalizo ya esta crítica de La casa del pánico, una película con un buen envoltorio externo que, sin embargo, no es capaz de destacar en ninguno de sus apartados y en varios de ellos queda tocada y hundida. Una lastimosa oportunidad perdida para haber ahondado con mayor acierto en toda la mitología de “las habitaciones de las decepciones”. Al final, y parafraseando al título en inglés, termina siendo una gran “decepción”.

Tráiler de La casa del pánico