John Wick: Pacto de sangre

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Vuelve el hombre, el mito, la leyenda, Baba Yaga… John Wick regresa empujado de nuevo a tomar el camino de las armas y convertirse en un adicto a la venganza. Nadie apuñala al diablo por la espalda y no paga las consecuencias, y justo esas consecuencias son las que toman la acción principal de “Pacto de sangre”. Una apabullante cinta de acción que no conoce igual, una ensalada de tiros insuperable y un recital de Keanu Reeves en el que es, sin duda y de largo, el personaje que marcará su carrera. Esto es… ‘John Wick: Pacto de sangre’.

“¿Querías que volviera? ¡Pues he vuelto!” (John Wick).

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Crítica de John Wick: Pacto de sangre.
Chad Stahelski toma las riendas de esta nueva entrega de las venganzas de JW, y esta vez en solitario, ofreciendo una tremebunda secuela deJohn Wick (Chad Stahelski y David Leitch, 2014), película que no conoció estreno en cines en nuestro país, siendo exhibida por primera vez en Netflix. La fama y el prestigio que alcanzó han hecho rectificar a las distribuidoras, y ahora ‘John Wick: Pacto de sangre’ sí que ha llegado a cines gracias a eOne Films. “Pacto de sangre” ya ha doblado la taquilla mundial de su predecesora, lo cual deja bien a las claras que tendremos trilogía, algo que el film ya se encarga de dejarnos claro… la caza aún no ha terminado.

Esta secuela configura su trama como un apabullante film de acción que no da respiro ni lo permite. El incansable John Wick no tiene tiempo para sangrar mientras, muy a su pesar, debe estar listo para la guerra, esta vez en Roma. En la ciudad eterna la acción nos llevará por diferentes escenarios como las antiguas termas de Caracalla (lugar de una inenarrable ristra de muertes), la Galería Borghese (ojo a la acción en la sala de los espejos), la plaza Navona o el hotel Grand Plaza.

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‘John Wick: Pacto de sangre’ es el siguiente nivel del actioner, más cercano al videojuego que al cine, con personajes que hablan lo justo y que se encuentran cómodos con un arma en la mano. En este sentido, da todo lo que piden y esperaban los fans del género y de la (ya épica) primera parte. Por otro lado, se sigue ahondando en la mitología de los asesinos internacionales. Tipos que se mueven en las mafias y sectas más inesperados… y con su propia organización y administración ocultas a los ojos de la sociedad. El punto más flojo vendría a ser el plan de D’Antonio, que no tiene ni pies ni cabeza, y menos aún si ya conocía como se las gastaba John Wick en el pasado…

Al respecto de la acción, cabe resaltar que el arte marcial que John Wick usa en el combate cuerpo a cuerpo es una mezcla de Jiu-Jitsu y Judo. Para desenvolverse bien en estas secuencias, Keanu Reeves se preparó durante cuatro meses en combate y diez semanas con armas de fuego real. Al final, todo este estilo de “matar” de Wick pasó a denominarse como “Gun-Fu”.

La fotografía y dirección son notables dentro de lo que la película demanda, es decir, la cámara se encarga de seguir los pasos de su protagonista, quien se mueve a una velocidad de fórmula uno y con una contundencia pocas veces vista en un héroe de acción; sin duda John Wick es el mayor liquidador que el cine de acción ha conocido en muchos años. Los cadáveres de este film son realmente incontables y se van sumando al marcador de Wick como si estuviéramos asistiendo a un shooter. En una película como esta matar es tan fácil como respirar… y si no eres John Wick respirar en esta película se paga caro, ya lo dice él mismo…

“Díselo, díselo a todos los que vengan, los mataré, los mataré a todos” (John Wick).

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En las interpretaciones, el rol principal sigue siendo para Keanu Reeves como John Wick. A su lado regresan John Leguizamo (Aurelio), Ian McShane (Winston) como el gerente del Continental en Nueva York, Lance Reddick como el imperturbable recepcionista y Bridget Moynahan con su personaje de esposa difunta de Wick, aquella por la que completó el encargo imposible que le daría la posibilidad de retirarse… pero, en una profesión como la de John Wick, retirarse no es tan sencillo, y menos aun cuando todos te conocen (y temen).

Entre las nuevas caras tenemos como grandes fichajes a Riccardo Scamarcio (D’Antonio), Ruby Rose (Ares), Common (Cassian) y el mítico Franco Nero (Julius). D´Antonio tiene, desde hace años, una promesa de sangre con Wick, y ahora que sabe que está de nuevo en activo piensa cobrarse la deuda a toda costa. Ares es su mano derecha, una letal asesina sordo-muda digna de la saga James Bond. El antiguo rapero Common viene más o menos a repetir su papel en la cinta de Collet-Serra Una noche para sobrevivir (2015) dando vida a Cassian el guardaespaldas en jefe del nuevo objetivo de Wick interpretado por Claudia Gerini (ojo al enfrentamiento casi sin descanso entre John y Cassian, en dos combates realmente épicos que empiezan en Roma y llegan hasta el metro de Nueva York). Finalmente, el personaje de Franco Nero hace las veces del de Ian McShane en NY, esto es, gerente del Hotel de los asesinos.

Menciones especiales para la inenarrable aparición de un Laurece Fishburne como rey de los bajos fondos (reencuentro con cierto guiño a la saga Matrix en la que ambos intérpretes coincidieron de la mano de las Wachowski), y del eterno roba-planos de Peter Stormare, quien ya compartiera secuencias con Reeves en la vilipendiada Constantine’, película dirigida por Francis Lawrence en el año 2005 sobre el personaje del cómic ‘Hellbrazer’, uno de los buques insignia de la editorial Vértigo.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de John Wick: Pacto de sangre, sin duda alguna la película de acción del año, y en su estilo muy posiblemente de la década. Un nuevo mito acaba de relicenciarse y revitalizarse como tal: John Wick, y su leyenda no ha hecho más que empezar…