Constantine
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Cuando se anuncia una película basada en algún comic, uno siente una especie de cosquilleo que le sube por la espalda. A veces es el preludio de una grata sorpresa, pero en la mayoría de ocasiones nos prepara para lo peor. En el caso de ‘Constantine’ la preocupación era evidente, ya que el cómic que trataba de adaptar, ‘Hellblazer’, es uno de los buques insignia de la editorial Vértigo. La complejidad del personaje y su trama hacen que nos dispongamos a ver esta película con un cierto escepticismo. Veamos qué demonios se esconden dentro.

“Dios es un chiquillo y nosotros sus mascotas”.-John Constantine.

John Constantine

Crítica de Constantine.
Antes de entrar en materia creo que sería conveniente echar un vistazo a los orígenes del personaje que protagoniza y da nombre a la película. El escritor y guionista Alan Moore, autor de obras consagradas como ‘Watchmen’ o ‘La liga de los hombres extraordinarios’, creó el personaje de John Constantine en los ochenta, como un rol secundario que debía aparecer en el comic ‘La cosa del pantano’.

El personaje se hizo tan popular que en 1988 consiguió su propia serie, ‘Hellblazer’. Originariamente, Alan Moore diseñó a Constantine para que se pareciera físicamente a Sting, el típico inglés rubio de moral ambigua, un detective que caminaba en el filo que separa lo sobrenatural de lo real. Y fue precisamente un arco argumental llamado “Hábitos peligrosos” el que se escogió para crear la trama sobre la que giraría la película. He de decir que fue una buena elección, pero como suele ocurrir en las adaptaciones de cómics lo realmente importante no es lo buena que sea la fuente original, sino lo que haces con ella. Y así fue como cambiaron el aspecto y la nacionalidad de Constantine, la razón de su condenación eterna e incluso el motivo por el que lucha, desdibujando completamente el personaje. ¿Por qué? Por la misma surrealista razón que se escogió a Neo para caracterizar a Sting. No estamos ante un desastre de las dimensiones de ‘La liga de los hombres extraordinarios’, pero lo que podría haber sido una película interesante quedó convertida en algo que como mucho puede calificarse de entretenido. Baste decir que Alan Moore, cansado de ver lo que se había hecho con sus obras, se pronunció tajatemente cuando se le ofreció su parte del botín: “Cuando Karen Berger me llamó para darme el dinero que me correspondía por la película, le pedí que quitara mi nombre de los créditos y repartiera el dinero entre los artistas”. Seamos comprensivos, John Constantine siempre fue su personaje favorito.

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De todas formas, aunque los fans de ‘Hellblazer’ podamos abominar de esta adaptación, creo que es justo tratar de mirar el asunto con perspectiva y ver si funciona como película, eso sí, teniendo en cuenta que, sin haber leído el cómic, es posible que no acabemos de entender lo que vemos en pantalla, como si no supiéramos de dónde viene y adónde va la historia. Pero en fin, hablemos del director, un Francis Lawrence que hasta entonces sólo había rodado videoclips de Aerosmith y Britney Spears, y que debutaba con esta película en la gran pantalla. Como era de esperar aporta su estilo videoclipero creando una atmósfera oscura y siniestra muy apropiada sobre la que se sostiene todo lo demás. Pero desgraciadamente es su único acierto, Lawrence navega sin rumbo entre una solidez narrativa bastante escasa y un cambio de escenas que sólo ayuda a aumentar el caos reinante. En cualquier caso, el director sólo es un engranaje más en una máquina que no acaba de carburar.

El guión es otra de las cosas que restan puntos a la película, debido en gran parte a lo mucho que se tuvo que recortar respecto al cómic para poder “embutirlo” en dos horas. La trama que se nos presenta es un thriller bastante enredado y complejo, con imaginería religiosa por todos lados y un guión que se dispersa a lo largo del metraje. Demasiadas cosas quedan inconexas y desde los primeros minutos de la película ya nos queda bien claro que veremos desfilar la mayoría de tópicos del cine de terror sobrenatural. Mala señal, porque eso sólo evidencia la escasa creatividad de los guionistas, que ponen una historia compleja al total servicio de los efectos visuales. El resultado puede resultar confuso, sin pies ni cabeza, hecho con el único fin de impresionar al gallinero más con efectismo que con talento.

John Constantine

Un enorme lastre que no podemos pasar por alto en esta crítica de Constantine es el aspecto interpretativo. Los personajes son vacíos, carentes de interés, y la verdad es que en ningún momento nos involucramos en la historia, tal como ocurre con la obra gráfica. Para empezar tenemos a un inexpresivo Keanu Reeves que no aporta el más mínimo sentimiento al personaje, con lo cual difícilmente podemos encontrar en él al antihéroe atormentado que cabría esperar. Quizás lo que más molestan son estos cambios absurdos a los que nos tiene acostumbrados Hollywood. Al parecer alguien creyó que Constantine no podía ser inglés y rubio, igual pensaron que el público no lo entendería, así que nos dieron a Neo que vende más y encima es americano, en fin… Y en el lado opuesto tenemos a una Rachel Weisz que, a diferencia de Reeves, demuestra su talento dando vida a la detective Angela que investiga el suicidio de su hermana gemela.

Acompañándoles tenemos a un puñado de variopintos secundarios un tanto desaprovechados. Tilda Swinton se pone en la piel del arcángel Gabriel, y uno se pregunta por qué una mujer precisamente. ¿Para jugar con la ambigüedad? ¿Por capricho de los guionistas?… Tampoco parece casual teniendo en cuenta las pintas que luce Peter Stormare en el papel de Satán, más parecido a un cantante de rock que a otra cosa. Djimon Hounsou aparece unos escasos minutos y se encarga de retratar a Medianoche, un negro misterioso que regenta un club y del que no se nos cuenta nada. Luego tenemos a uno de los villanos, Balthazar, encarnado por un Gavis Rossdale con pinta de mafioso. Y por supuesto Shia LeBouf, que con papeles insustanciales como este o el que hizo en ‘Yo, robot’ hacen que me pregunte por qué siguió sonando el teléfono de su agente. No obstante, lo curioso del caso es que las escenas que protagonizan estos personajes podrían cambiarse de lugar en el metraje y seguirían entendiéndose igual, ni más ni menos.

A lo largo de la película hay ciertos momentos para la comedia, sobre todo centrados en el particular humor ácido de Constantine, pero tampoco son nada del otro mundo, en gran parte debido a las carencias interpretativas de Keanu Reeves y su escasa carta de registros. Una idea aproximada de lo que quiero dar a entender lo podemos ver en Hugh Laurie cuando da vida a House.
Por otra parte si hay un punto fuerte en esta película son los efectos visuales. Los seres híbridos y esa visión apocalíptica del infierno, así como las escenas de lucha, son sencillamente espectaculares. Eso nos da una idea de qué es lo que primó a la hora de realizar esta película. Sin duda los fans del cine fantástico sobrenatural quedarán encantados.

Constantine

Conclusión.
Pese a todo lo que he comentado, ‘Constantine’ no es una completa pérdida de tiempo para el espectador o un insulto como lo fue ‘La liga de los hombres extraordinarios’. Eso sí, me parece una adaptación de ‘Hellblazer’ extremadamente mediocre que ni siquiera araña la grandeza de la obra original, y quizás por ello los que hayan leído el cómic quedarán más decepcionados que otros. Pero no creo que sea una película de esas que te hacen acordarte de la familia del director. Poner como actor principal a un tipo tan limitado como Keanu Reeves es una apuesta que difícilmente sale ganadora, y añadir un guión flojo que te satura con misterios sin una conexión aparente tampoco ayuda. Es el precio que paga Hollywood, una vez más, cuando decide no amoldarse a la obra original y buscar la salida más facilona. Así que lo único que queda es una película entretenida para pasar el rato, de esas que si te pierdes un cuarto de hora no pasa nada.