Horns
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Alguien tiene que decirlo de una vez, y como parece que no lo hace, me tomo yo la licencia: “Alexandre Aja es el Wes Craven de nuestra era”. Tras ‘Alta tensión’, ‘Las colinas tienen ojos’, ‘Reflejos’ y ‘Piraña’, y después de apadrinar ‘Maniac’, se saca de la manga una absorbente y muy lustrosa historia de amor imposible, en donde un joven acusado de asesinar a su amor de juventud, acaba convirtiéndose en un ángel caído. Daniel Radcliffe luce cuernos y se tira a tumba abierta en… ‘Horns’.

“Por alguna razón, en este puto mundo de locos, yo estaba siendo castigado. Me miraban y veían a un demonio. Quizá yo también lo veía, y ahora me tocaba parecerlo” (Ig Perrish).

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Crítica de Horns

Primero de todo, me sorprenden la gran cantidad de malas opiniones en torno a ‘Horns’, un personal acercamiento por parte de Alexandre Aja a la novela de Joe Hill, al que conviene apuntar desde ya que es hijo de Stephen King, aunque en su manera de escribir ya se encarga él mismo de dejarlo claro.

Con un acumulado que no excede los 175.000 $ en sus treinta y un días de exhibición americana, y con datos sólo de unos tres millones más de taquilla en el extranjero (que no incluyen a España donde se estrenó de tapadillo a finales de junio de 2015) parece que todo el mundo llegó a ver ‘Horns’… eso sí, mediante qué medios no lo tengo tan claro.

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Vayamos por partes, ‘Horns’ no es un film de terror, aunque sí que tiene momentos gores y macabros a granel, y luce orgullosa una gigantesca calificación R. Esta película no es la clase de film que los/las fans de Daniel Radcliffe esperarían de él. ‘Horns’ es una mezcla de ‘Cuenta conmigo’, ‘Legend’ y ‘Un paseo para recordar’. Un film dirigido por Alexandre Aja, el mismo que se puso tras las cámaras en ‘Alta tensión’,Las colinas tienen ojosoPiraña‘. Aja entrega una única y exageradísima comedia negra con destellos de su marcada personalidad y de sus ambiciones cinematográficas.

‘Horns’ es un film claramente diferente, y con un muy conseguido trabajo de fotografía y localizaciones, atención a ese ficticio pueblo-cárcel de Gideon tan típico de los escritos de Stephen King (ver La tienda’, sin ir más lejos). La película empieza al estilo ‘Cuenta conmigo’, narrando la irreverente adolescencia de Ig y sus amigos, y de cómo se gestó el tremendo amor hacia Merrin en clara competencia con Lee. Luego pasa a una aventura fantástica al estilo de ‘Legend’, con Iggy como caballero de nuestro tiempo en busca de salvar el honor y descubrir la verdad acerca del asesinato de su amada, para, finalmente, hacer un macabro guiño a ‘Un paseo para recordar’ y al cine de adaptaciones tipo Nicholas Stark.

Se nota, y mucho que Joe Hill es fan de su padre, su estilo de imaginar mundos y la presentación de los personajes es claramente deudora de su progenitor. En manos de Aja el material de Hill, bascula entre momentos de genialidad y otros demasiado plegados al libro, estos incluyen una intriga que no se sostiene más allá de la primera media hora de metraje por saber quién fue el asesino… El despliegue visual durante momentos memorable, minimiza ese lastre.

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Daniel Radcliffe lleva a cabo un tour de force digno de ser considerado. Consigue hacernos olvidar que estamos viendo al niño de Harry Potter y se entrega a su personaje de Ig Perrish a tumba abierta. Sobra decir que, desde el momento en que le emergen los cuernos y comienza asimilar el poder que estos tienen en los demás, su actuación sube enteros de forma exponencial. Atención al juego que dan dichos “cuernos” -y a su extraña relación con los troncos de madera- puesto que todo aquel que se encuentra con Ig no puede contener la irremediable tentación de confesarse ante él, y no precisamente de sus buenas intenciones.

Juno Temple es Merrin. Su personaje pasa por una gran cantidad de estados de ánimos, además está presente en el metraje mediante los flashbacks vistos desde el punto de vista de diferentes personajes. Aja ha sabido dotar de un halo angelical a Temple y esta de llevar a cabo una interpretación que se ajusta perfectamente a la Merrin por la que un chico como Ig podría vender su alma.

Joe Anderson es otro de los personajes realmente interesantes del film, el hermano mayor de Iggy, un músico de gran éxito que ha seguido los pasos de su padre (James Remar), a priori, el hijo perfecto, pero ni mucho menos.

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Max Minghella como Lee es uno de los papeles que más me chirrían del reparto, es un personaje realmente desconcertante que según le va interesando a la historia actúa de una manera u otra. No ayuda la pose de Minghella, que se pasea como dormido por la pantalla. En una especie de papel invitado encontramos a Heather Graham como la camarera de la cafetería donde fue vista por última vez Merrin (sin entrar en destripes, ojo a su última escena en el film).

La veteranía del casting va para una recuperada Kathleen Quinlan como la madre de Ig. Brutal y demoledora su reveladora confesión a Ig cuando acude a ella aturdido por su nuevo don. También tenemos a el gran James Remar como el padre, un músico de éxito, rico y poderoso en la ciudad que hará todo lo que pueda por salvar a su hijo. Y por último, el no menos grande David Morse, todo un actorazo secundario que aquí da vida a Dale Williams, el inconsolable progenitor de Merrin (inenarrables sus momentos escopeta en mano).

Imposible pasar por alto, como ya apuntaba anteriormente en esta crítica de Horns, su magistral trabajo de fotografía, con un hipnotizante uso de los colores y el neón exagerado en todos sus momentos, pero que encaja perfectamente dentro de la historia que cuenta. Y ¡cómo no! su brutal banda sonora de canciones no originales, atención al uso del “Héroes” de David Bowie, y demás temas del resto de su soundtrack.

“Pídele a Dios que te perdone…”.
“¡Le pediré al Diablo que castigue al hijo de puta que la mató!” (Ig Perrish).

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En resumidas cuentas.
Única y exagerada, no se parece en nada a cómo quisieron venderla. Es un film diferente. Aja se desmarca con ella como uno de los cineastas más interesantes de los últimos años. Negrísimo y durante muchos momentos notable film, su gore (tan Aja) provocará una mueca de asombro por valentía y carcajada por inesperado.

Tráiler de Horns