Eternal

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Tarsem Singh, director que debutara en los largometrajes en el 2000 con ‘La celda’ y que fuera calificado como “visionario”… regresó en 2015 con la dupla Reynolds-Kingsley delante de las cámaras y con nuestros compatriotas los hermanos Pastor como encargados del guión. ¿Se convertirá ‘Eternal’ en “eterna”?…

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Crítica de Eternal.
Uno de los realizadores más prometedores de este nuevo milenio ha sido el indio Tarsem Singh. Y hablamos de “ha sido” en pasado porque así es, pues todo el potencial con el que prometía sorprendernos este director, se ha visto difuminado entre tantos otros que firman sus productos sin ningún tipo de sello personal.

Como expuse en la introducción de esta crítica de Eternal, en el 2000 Singh debutaba con ‘La celda’, delirio que mezclaba el thriller noventero con la ciencia-ficción más onírica, un título a reivindicar que, además de contar con la única interpretación decente de Jennifer López en una película (algo único en la filmografía de la cantante), sorprendió a todos por su portento visual. Su siguiente película, ‘The Fall. El sueño de Alexandria’, se hizo con el premio a la “Mejor Película” en el Festival de Sitges de 2007. Muchos son los que opinan que con este segundo film fue cuando la carrera del director tocó techo, hecho razonable si pasamos a analizar sus siguientes proyectos. Immortals (2011) fue un delirio mitológico demasiado forzado, una especie de mezcla de lo mejor de300 (Zack Snyder, 2006) y lo peor de Furia de Titanes (Louis Leterrier, 2010). Blancanieves (Mirror Mirror) (2012), su particular visión acerca de uno de los cuentos populares más famosos de la historia, fue un despropósito en toda regla, las cosas como son.
Para bien o para mal, con esas cuatro películas anteriores Singh logró plasmar su estilo propio, a camino entre lo barroco y el expresionismo.

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En ‘Eternal’, es de agradecer que podamos volver a disfrutar del sello de Tarsem. El problema es que este se diluye a medida de que avance el metraje. Un comienzo prometedor, en el que se nos presenta una historia de ciencia-ficción moderna con un mensaje tan clásico como el del ansia del ser humano por pervivir, el querer eterno, ligado a la inmortalidad. Los avances de la ciencia se convierten en principal leitmotiv de una historia en la que existe la posibilidad de traspasar una conciencia a un cuerpo creado en un laboratorio.

Ben Kingsley interpreta a Damian, un acaudalado arquitecto de la ciudad de Nueva York enfermo de cáncer a quien le ofrecen la posibilidad de ocupar un cuerpo más joven. El barroquismo del cine de Tarsem puede verse claramente en esta primera parte de la película, donde lo bello de los espacios se ve amenazado por lo oscuro que oculta el avance científico en cuestión. Damian se somete al procedimiento, pasando a ocupar un nuevo cuerpo, el de Ryan Reynolds, además de una nueva casa y una nueva vida que vivir. Hasta aquí todo bien…

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Y entonces es cuando ‘Eternal’ se convierte en una película de acción al uso más, sin personalidad, y en la que una historia con ínfulas de querer ser lacrimógena se convierte en principal sustento de la trama. Cabe decir que Singh ejecuta de forma más que aceptable las escenas de acción, pero no resulta convincente en tanto en cuanto al desarrollo de los diferentes giros de guion, cuya autoría pertenece a los hermanos barceloneses Àlex y David Pastor, directores y guionistas de Infectados (2009) y Los últimos días (2013), y que firman un libreto demasiado pasado por el filtro hollywoodiense y, hasta la fecha, el más flojo de su carrera. Los tópicos se sucederán uno tras otro, entre disparos, pretendidas sorpresas, persecuciones y palabrerío trascendental por boca de Albright (estupendo Matthew Goode), el villano de turno. Secundarios que aportan poco, aunque se conviertan en clave para entender la película, y la sensación de que en cierto momento del rodaje, Tarsem Singh decidió no rodar más y dejarlo todo en manos de algún ayudante con mucha idea de rodar pero con un estilo diametralmente opuesto al del realizador indio…

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En conclusión.
No estamos ante la típica película en la que el espectador se sentirá engañado tras su visionado, pero esto ya lo hemos visto mil veces y, si además viene firmada por el otrora prometedor director de ‘The Fall. El sueño de Alexandria’, el disgusto puede ser un poco más grande, para qué engañarnos. En definitiva, una buena idea muy desaprovechada.


Lo mejor:
La primera media hora.
Lo peor:
En lo que se convierte pasada la primera media hora.