Eragon
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El cine épico de espada y brujería siempre ha estado de moda. Por ello se adaptó a la gran pantalla esta novela de Christopher Paolini. Realmente mis expectativas eran muy bajas y la escasa originalidad del film no subió las apuestas. ‘Eragon’ toma situaciones y elementos prácticamente calcados a los de otras cintas de su mismo género y eso no es nada bueno. Sigamos leyendo…

Crítica de Eragon

Debo reconocer que el cine épico de espada y brujería me aburre y no me atrae, de hecho me costó bastante trabajo ver la trilogía ‘El señor de los anillos’. Sin embargo, por ciertas razones en su momento tuve que ir al cine a ver esta película de aventuras y brujos con dragón incluido. La verdad es que me esperaba algo mucho peor de lo que vi, de hecho la película se me hizo incluso corta (lo que significa que me entretuvo bastante), pero como he expuesto anteriormente, conforme avanzaban los minutos estaba viendo pedazos y situaciones idénticas de otras películas del mismo estilo. Antes de entrar al cine ya me estaba imaginando lo que iba a ver: “Un muchacho sencillo y humilde que, tras una serie de sucesos, se convierte en un héroe, en parte gracias a un dragón (en éste caso dragona), que se convierte en su compañero de fatigas y ambos logran su objetivo”. Eso me esperaba y no me equivoqué.

El film no ofrece nada nuevo, y es una mezcla de películas como El señor de los anillos’ (Peter Jackson, 2001) y Dragonheart’ (Rob Cohen, 1996). Eso sí, Eragon’ no tiene ni la espectacularidad, ni la garra, ni la historia de la trilogía de Peter Jackon. Además, su protagonista, Edward Speelers, no le llega ni a la suela de los zapatos a Elijah Wood. Le falta carisma y entidad, algo que Elijah tiene de sobra. Uno no se termina de creer que Eragon pase de ser un simple granjero a un heróico mago de la noche a la mañana y, para colmo, la batalla final se desarrolla de una forma muy previsible y sosa (pero con muy buenos efectos digitales).

Por otro lado, la relación Dragón-Humano es más que rutinaria y previsible (especialmente una situación referente al dragón hacia el final del film). En muchos momentos está inspirada en la ya citada ‘Dragonheart’, pero sin tener la gracia ni la simpatía de la película de Rob Cohen, por no hablar de la voz del dragón, que no pega ni con cola.

No obstante todo lo anterior, lo que más me molestó fue el impresionante cambio que da Eragon: sin apenas enseñanza consigue dominar los hechizos más difíciles en poco tiempo. Además, hay un personaje que aún me estoy preguntando qué es lo que pinta en la película, porque realmente está metido en la historia con calzador…

Por su parte, John Malkovich aparece con cuentagotas (ya que no es el villano a batir en esta primera película, porque todo parecía indicar que sería una trilogía), eso sí, cuando aparece está magistral, aunque ya va siendo hora de que cambie un poco de registro y se pase al bando de los buenos alguna que otra vez. Por la parte femenina destaca Sienna Guillory como Arya. Ahora bien, el mejor del casting es Jeremy Irons, que volvió a trabajar con dragones tras haberlo hecho en la mediocre Dragones y Mazmorras’ (Courtney Solomon, 2000). Lo cierto es que su personaje tiene ese encanto del típico ex-héroe amargado y viejo, pero lleno de sabiduría para luego traspasarla a su joven alumno (algo que, por cierto, también se ve venir de lejos lo que va a suceder).

En resumidas cuentas
Llegó a las conclusiones generales de esta crítica de Eragon. Esta es una película que ya hemos visto cien veces anteriormente y que repito no es para nada aburrida… pero si somos muy exigentes le sacaremos defectos cada cinco minutos. Los efectos digitales están muy logrados, hay algo de humor y los malos están bien caracterizados pero… el resto de la cinta no merece mucho la pena, a no ser que seáis muy fanáticos de este tipo de películas, porque entonces a lo mejor os encanta.