El libro de Eli
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Denzel Washington, uno de los actores con más talento de la actualidad, vuelve a deleitarnos con otra de sus actuaciones marca de la casa, en un personaje muy cercano en espíritu a los ya interpretados en ‘Fallen’ y ‘El fuego de la venganza’. Su némesis es nada más y nada menos que Gary Oldman. Los Hermanos Hughes dirigen a cuatro manos… ‘El libro de Eli’.

“No es sólo un Libro, es un arma” (Carnegie).

El Libro de Eli

La trama: El forastero.
Estamos en algún lugar en mitad de los EE.UU., cerca de San Francisco, a unos 30 años vista de 2010. Tras una guerra y una explosión (no se especifica de qué índole) apodada EL FLASH, la raza humana está casi extinguida. Los que no murieron calcinados por el flash, quedaron ciegos o discapacitados. La Tierra ha vuelto a un estado de semi-salvajismo donde impera la ley del más fuerte y la supervivencia del día a día es casi una utopía.

Eli (Denzel Washington) es un cincuentón que vaga por la tierra aparentemente sin rumbo. Sobre sus hombros carga una mochila, con un ipod, una escopeta, toallitas de Kentucky Fried Chicken, un tremendo machete y un arco artesanal que le sirve para cazar y/o defenderse del ataque de otros caminantes como él, o lo que puede ser peor, de los caníbales devoradores de hombres. Pero estos instrumentos, algunos de defensa, otros de vital supervivencia, no son lo más valioso que carga Eli en su mochila… su bien más preciado es un libro, un ejemplar de piel que siempre lee cuando llega la noche y del que no está dispuesto a separarse bajo ningún concepto. La única meta de Eli es vagar por la tierra con dirección al Oeste, en donde según cree le espera algo y/o alguien que le hará ver cual es el verdadero destino de su libro y el suyo propio.

En mitad del camino, llega hasta un pueblo que vive bajo el dominio de Carnegie (Gary Oldman) y su mano derecha Redridge (Ray Stevenson) que de la nada intentan levantar los cimientos de un nuevo mundo. Eso sí, a su manera. Carnegie es el cacique del pueblo, domina los suministros de agua, tiene a su cargo el único bar del pueblo y bajo su poder a dos mujeres a las que ha tomado como rehenes: Claudia (Jennifer Beals) y su hija Solara (Mila Kunis), algo así como un ángel, y posiblemente la única mujer “no marcada” de la tierra. Por esas cosas de la vida, Eli acaba comprando agua en el bar propiedad de Carnegie y, sin comerlo (y sobre todo) sin beberlo, se ve inmerso en una brutal pelea contra los esbirros de este, que acaban muy mal parados. Antes de acabar con la vida de uno de ellos de forma poco sútil hace acto de presencia Solara, que suplica a Eli no acabe con la vida del esbirro. Acto seguido, Carnegie, alertado por el jaleo, ordena a los pocos hombres que le quedan vivos que no maten a Eli, sino que lo lleven ante él…

El Libro de Eli

Crítica de El libro de Eli

Empezamos por aclarar un punto tremendamente importante de ‘El libro de Eli’ tiene fondo y muy marcado. Estamos ante un largometraje que lanza un mensaje claro y propone desde casi su comienzo un reto al espectador. El reto de creer en lo que el film te cuenta, en su pozo… o entras a su juego o mal vamos. Porque entre tollinas, amputaciones, salvajadas varias, mujeres ciegas usadas como cebo, Gary Oldman con la cara y los gestos de Mickey Rourke, y los Hermanos Hughes jugando a ser el culmen de lo cool con esa apertura del film tan hipnótica como luego obviada durante el resto del metraje… entre todo eso y más, hay una oda al misticismo.

Un hombre sin pasado que un buen día ve como una voz interior le dice: cogerás tus bienes y recorrerás la tierra con destino al Oeste, allí tu destino te será revelado. Eso es ‘El libro de Eli’. Lo que viene luego son las consecuencias lógicas que devienen cuando un hombre tranquilo que esconde una máquina de matar imparable entra en acción. Y, entre medias, la desatada actuación de Gary Oldman (lástima que vaya perdiendo fuelle conforme avanzan los minutos, hasta acabar siendo retratado en cuerpo y alma en su tramo final). Atención a los duelos verbales con Eli, y al abanico de gestos que Oldman le copió a Mickey Rourke (del que además toma prestada la cara y hasta el peinado). El resto de los actores no llama la atención, ni siquiera la belleza de Mila Kunis, en el típico personaje que si o si tiene que estar presente en estas cintas (esas en las que el protagonista principal es un anti-héroe) y que tiene a su cargo unos imposibles minutos finales que rompen con la imagen dada en el resto del metraje y que pecan de forzados.

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De este modo, ‘El Libro de Eli’ queda a merced del empuje que Denzel Washington le da a su personaje, y Denzel cumple sin llegar al nivel de sus recitales memorables en ‘Huracan Carter’ (Norman Jewison),Training Day(Antoine Fuqua) oEl fuego de la venganza(Tony Scott) por citar algunas del 2000-2001, y del estilo visual que los Hughes (que antes habían firmado ‘Desde el Infierno’, que no era gran cosa, todo hay que decirlo) imprimen al relato. Un relato que bascula entre lo cool (su apertura, su tono, las formas chulescas del héroe) y lo rudimentario (las escenas de acción están filmadas a la vieja usanza, mostrando en todo momento lo que acontece en pantalla).

Así, entre un guión que se ve lastrado por su empeño en no desvelar la sorpresa de cuál es el contenido del libro y las habilidades de su protagonista, se van mezclando set pieces de acción de una agradecida violencia (ver a un hombre de más de cincuenta años sin experiencia previa en las artes marciales como Washington repartir de esa forma es de antología). Escenas en las que no se escatima en sangre y se deja ver sin bruscos movimientos de cámara quién golpea, dónde golpea y las consecuencias de sus golpes. Entre medias, la presentación de unos personajes que están de pasada en el film: los moradores caníbales, unos seres humanos (en su mayoría hombres) que usan como cebo a mujeres ciegas y bien agradecidas para tender trampas a otros seres humanos (preferiblemente hombres, si son mujeres ya se imaginarán que antes de matarlas, las violan, sino pues dicho queda). Estos buitres que han perdido toda la humanidad se distinguen de los humanos por un tembleque que los delata y por sus asquerosas pintas de carroñeros. Lástima que no tuvieran más presencia en la cinta.

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Otro punto interesante es el hecho de que la moneda de cambio que se usa para comprar otros bienes es el intercambio (para comprar agua, por ejemplo, Eli en un determinado momento la cambia por unos guantes y una especie de pañuelo palestino, esto es una constante, ya que en este nuevo mundo no existe el dinero). Como en toda cinta apocalíptica que se precie el agua, la gasolina y los víveres de consumo escasean, y en su mayoría están controlados por el tirano y auto-proclamado señor del pueblo, Carnegie, un personaje que aparece ante nuestros ojos de forma memorable (su presentación cuando le son entregados unos libros por los motoristas, cuando lava el pelo de Claudia o verle observar a Eli combatir con sus esbirros) con un Gary Oldman cambiando nuevamente de registro por enésima vez y demostrando su tremenda versatilidad como actor y su don para componer villanos inolvidables. Su mano derecha es Ray Stevenson, el último Castigador cinematográfico y al que le basta su imponente físico para componer por si sólo el tipo duro que debe ser Redrigde. A destacar también los cameos del músico Tom Waits que nos deleita con un extraño personaje secundario, el ingeniero, propietario de la tienda del pueblo. Y el gran Michael Gambon (el magnífico villano de Open Range‘, por citar algunas de sus míticas demostraciones de talento).

El Libro de Eli

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de El libro de Eli, una producción importante (80 millones de $) que opta por jugar en las ligas de la serie B. Y es ahí donde reside su espíritu. No estamos ante un film que aspirase a mucho más que a entretener y de paso meter con calzador un mensaje demasiado moralista. Contiene pequeños instantes de gran cine, pero también demasiados agujeros de guión. No hace falta dar todo mascado al espectador, pero tampoco obviar detalles porque sí… o falta metraje o el guión nunca pasó de ser una idea interesante de no más de 50 páginas. Artes marciales, apocalípsis y credo no casan fácilmente…

Tráiler de El libro de Eli