El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos
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Con ‘El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’ llegó a nuestras pantallas el esperado final de esta saga. Un final donde la acción, las batallas y el acero fueron los protagonistas absolutos.

“No compartiré ni una sola parte del tesoro, ni una sola moneda”.-Thorin.

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Crítica de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos.
Empecemos diciendo que aquellos que no se hayan sentido satisfechos con las dos anteriores entregas deberían evitar ver esta tercera. Porque en esta película podemos encontrar todos aquellos elementos que conformaron, para bien o para mal, esta segunda trilogía de Peter Jackson, y me refiero concretamente a sus virtudes y defectos como director y adaptador del universo de Tolkien. Seguimos teniendo una historia de aventuras, pero sigue sin aparecer esa épica tan propia de los films de ‘El señor de los anillos’. Y para postre podemos avanzar que lo que hay en esta película y en cantidad, son combates y batallas a diestro y siniestro. Comenzando con el espectacular asedio de Smaug a la Ciudad del Lago y terminando en una colosal guerra entre razas.

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En esta ocasión no comentaré nada acerca de las licencias respecto a la obra original, básicamente porque todas ellas son fruto de lo visto en las dos anteriores películas. Digamos que, a estas alturas, quien no haya digerido ciertas cosas mejor que se ahorre el epílogo de la historia. Una muestra significativa es la forzada relación sentimental entre la elfa Tauriel y el enano Kili, así como los habituales y molestos ejercicios circenses de Legolas. Elementos añadidos de modo gratuito que no sólo no aportaron nada interesante sino que “pervirtieron” en cierta medida lo que Tolkien escribió en su novela.

Y es curioso porque uno de los añadidos que ayudaban a justificar la duración de la historia, y me refiero al enfrentamiento con el Nigromante, fue despachado de un modo apresurado y poco innovador. Al final la trama se centra en el resentimiento y la codicia de un rey enano que, tras recuperar su ciudad y su tesoro, termina siendo presa de la misma codicia enfermiza que llevó a su abuelo a la tumba. La codicia, un elemento recurrente a lo largo de la película que no sólo toma cuerpo en la figura de Thorin sino también en el rey elfo Thranduil.

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De los actores poco podemos decir que no hayamos comentado con las dos anteriores películas, Martin Freeman y Richard Armitage siguieron siendo lo más destacables, quizás sumando el trabajo de Luke Evans como Bardo que no lo hizo nada mal. Luego nos encontramos cameos como el de Cate Blanchett, Christopher Lee o Hugo Weaving que fueron mero fanservice. En general no podemos decir que en esta película encontremos diálogos especialmente inspiradores o escenas que sirvan como lucimiento interpretativo, la mayor parte son combates y más combates donde los que más se lucen son los personajes generados por CGI.

¿Cuál es el problema? Que aunque en líneas generales todo es impresionante, se nota cierta dejadez en algunos elementos visuales, hay cierto abuso y el consecuente bajón en algunas secuencias. También podemos constatar (si vemos la película en 3D) de lo que yo llamo “efecto miniatura”, consistente en que ciertas panorámicas parecen recreaciones artificiales con sus figuritas, como si fueran decorados para un juego de rol. Peter Jackson nos demostró, durante la Trilogía del Anillo, que sabía tocar las emociones humanas, pero aquí, salvo algunos momentos emotivos, parece que se hubiera olvidado de ello y que todo fuera puesto al servicio de lo visual.

Y digo todo esto a pesar de que como antes he comentado se da una especial relevancia al concepto de la codicia y sus consecuencias. Como también es justo reconocer que el tono de esta tercera entrega fue más oscuro y sobrio que en las anteriores, sin rastro de ese humor y comicidad que tantas quejas despertó entre parte del público. En algunos aspectos podríamos decir incluso que es la mejor de las tres, la que se acerca más a lo que debería haber sido esta trilogía. Pero queda la incómoda sensación que tras el tremendo espectáculo de la Batalla de los Cinco Ejércitos falta alma, algo que nos haga pensar en esta trilogía como algo más que una historia de elfos y enanos.

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Conclusión.
No me cabe duda de que todos aquellos que hayan disfrutado con las dos primeras entregas deben ver el desenlace que nos propone Peter Jackson. Pero es justo reconocer y asumir que habrá gente entre ellos, por ejemplo un servidor, a la que le quedará un sabor un poco agridulce. Quizás porque esperaban algo más de este cierre de saga o quizás porque rendirse en exceso al apartado visual y olvidar las emociones siempre es mal negocio en una historia que pretende ser épica e inolvidable. La mayor conclusión que puedo extraer en esta crítica de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, es que tras haber finalizado este viaje, dentro de veinte años aún se hablará de la Trilogía del Anillo… pero de esta, ya veremos.