El destino de Júpiter
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Andy y Lana Wachowski regresan para adentrarnos en su particular universo y “ópera espacial”. Delante de las cámaras tenemos a Mila Kunis y Channing Tatum como protagonistas de una aventura que marcará para siempre… ‘El destino de Júpiter’.

“El tiempo es la mercancía más valiosa de todo el universo”.-Kalique Abrasax.

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Crítica de El destino de Júpiter

Con esta película Andy y Lana Wachowski regresaron visualmente por todo lo alto, y es que ‘El destino de Júpiter’ no es otra cosa que su deslumbrante y apabullante “ópera espacial”. Aquí todo lo visual es de primerísimo nivel, ofreciendo un espectáculo de efectos especiales, naves, alienígenas, vestuario (obra de Kym Barrett, colaborador habitual de Andy y Lana) y demás parafernalia digna de alabar. Ninguna pega se les puede poner en este sentido a las Wachowski, ya sólo el hecho de ver “surfear” a Channing Tatum por los cielos de Chicago, mientras se enfrenta a varias naves de los Abrasax y esquiva sus disparos, te vale el visionado del film.

Ahora bien, el problema viene cuando le pedimos algo más… porque, dejando al margen su grandioso diseño de producción, pues casi no hay nada más y ‘Jupiter Ascending’ cojea en el argumento/historia y, sobre todo, en el terreno actoral. Entremos en estos grandes problemas de esta súper-producción ya mismo en esta crítica de El destino de Júpiter.

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La historia ciertamente tiene su lado original, o al menos así se ha intentado creando toda una “nueva” mitología que incluye: nuevas razas alienígenas, planetas y hasta dinastías familiares. El problema surge cuando todo esto te lo van soltando a ritmo de ametralladora, sin casi darte tiempo a respirar, algo que no genera de milagro una confusión similar a la de Dune (David Lynch, 1984) porque ya estamos crecidos y más que menos acostumbrados a este tipo de historias.

Tratar de crear toda una mitología partiendo de cero a ritmo de vértigo no me parece acertar con el ritmo del film ni de la historia (y más cuando tienes tiempo suficiente para ello puesto que la película dura 127 minutos). Y es que las Wachowski ponen el turbo (en todos los sentidos) desde el minuto uno. Lo malo es que, al final, y ante tanto “apabullamiento y ornamento” (visual y de palabra), el film termina por saturar al público haciendo aparecer a ese gran enemigo conocido como “aburrimiento”…

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Lo que sí que destaca en este guión son los curiosísimos y rápidos guiños que las realizadoras regalan a los amantes de la temática OVNI. Algunos guiños son más fáciles de ver que otros pero ahí están, por ejemplo: los “visitantes de dormitorio”, las abducciones y un muy bien tirado y rápido guiño/homenaje a los círculos de las cosechas. Quizás esto sea lo mejor del libreto, el hecho de intentar enlazar toda esta historia con las referencias culturales al fenómeno OVNI, en lo que es un claro intento de acercar el film y su mitología a “nuestra realidad” en sus primeros minutos (luego esto ya se pierde en el maremágnum en que se convierte el film).

Por otro lado, los toques de humor que las Wachowski van insertando en la cinta no funcionan porque son “demasiado tontos”, basta con ver sino el retrato de la familia de Júpiter, alguna frase que ella le suelta al personaje de Tatum o algún que otro momento que más que divertido resulta ridículo (la burocracia espacial, por ejemplo). En consecuencia, los toques cómicos no tienen ningún efecto de desahogo ante tantísimo movimiento y tampoco funcionan como tales. Y algo que tampoco funciona es el reparto…

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“Técnicamente soy una alienígena”… La odisea espacial de Júpiter Jones.

El reparto es quizás lo peor de todo ‘Jupiter Ascending’. La pareja principal la componen Mila Kunis y Channing Tatum. Kunis es Júpiter Jones, una joven inmigrante sin patria ni bandera que verá su vida completamente cambiada de la noche a la mañana. Tatum da vida a Caine Wise, un extraterrestre que es (o fue) varias cosas: mercenario, pirata aéreo, cazarrecompensas y, sobre todo, un licánido, esto es, una especie de raza alienígena “cruzada” con perros…

Esta pareja era uno de los puntos fuertes del film cuando se anunció y así se deja ver en sus pósters promocionales. Sin embargo, Kunis y Tatum resultan (con diferencia) lo peor de esta odisea espacial (y esto es muy grave cuando son ellos quienes llevan el peso del film). Ella está muy floja y habla y gesticula casi como sin creerse nada de lo que está diciendo y haciendo; además deambula de aquí para allá con poco rigor. Él simplemente se limita a plantarse delante de las cámaras como un mueble “cachitas”. Así las cosas, no hay nada de química entre ellos y nada transmiten al espectador. No obstante, en descargo de Channing Tatum sí que cabe decir que en las escenas de acción cumple… de hecho, creo que el problema en la actuación de Tatum no es él… sino su personaje, vamos, que no es un tipo que invite mucho a la humanización, expresión y/o gesticulación (ya habéis visto su CV).

“No se trata de lo que hacéis… sino de lo que sois”.-Caine Wise.

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El resto del reparto sí que resulta eficaz y ahí nos encontramos a gente como Sean Bean (actor desaprovechado dónde los haya) que cumple muy honrosamente en su labor de interpretar a Stinger Apini, un antiguo amigo y jefe de Wise. Y a Nikki Amuka-Bird como la comandante de la nave principal de Kalique Abrasax.

También destacar a Eddie Redmayne, Douglas Booth y Tuppence Middleton que regalan unas buenas actuaciones en sus papeles de los codiciosos y traicioneros hermanos Abrasax (Balem, Titus y Kalique), una poderosa dinastía familiar empeñada en repartirse los planetas que dicen ser suyos por herencia. La pena es que estos hermanos van apareciendo y desapareciendo en el film de manera un tanto brusca (sobre todo, en el caso de Tuppence Middleton que resulta vista y no vista). Algo similar pasa con otros personajes como los interpretados por Doona Bae y David Ajala que empiezan muy fuerte y luego si te he visto no me acuerdo…

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En conclusión.
Pese a lo negativo que he comentado no creo que ‘El destino de Júpiter’ sea una película susceptible de suspender porque ya sólo su grandioso y espectacular despliegue visual merece el aprobado. Ahora bien, entiendo que el problema grave que han tenido aquí las hermanas Wachowski es que se han olvidado de que con sólo el espectáculo visual no basta. Hace falta mucho más para llegar más alto, hacen faltan aspectos que esta cinta no tiene o no consigue, por ejemplo: un ritmo coherente, una mejor dirección de actores, un guión/historia que no se atropelle obligando a los actores a soltar frases para que “entre todo” y, sobre todo, hace falta alma y conexión con el público. Los efectos, el vestuario, el diseño de producción y las cámaras súper lentas alcanzan cotas de gran calidad pero con eso no basta para lograr ascender a Júpiter.

Tráiler de El destino de Júpiter