El cuaderno de Sara
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Cuando todo son trabas para encontrar a un ser querido y traerlo de regreso al hogar es cuando uno debe arriesgarse y dejarlo todo atrás. Esto es lo que hace Belén Rueda en esta película en la que intentará encontrar a Marian Álvarez. Para ello, sólo contará con los apuntes y notas de Marian escritas en… ‘El cuaderno de Sara’.

“Necesito sentir que lo que hago sirve de algo”

Crítica de El cuaderno de Sara

Tras sus últimos trabajos para la televisión (‘El incidente’ y ‘Mar de plástico’), el director gallego Norberto López Amado retorna al cine con ‘El cuaderno de Sara’, un film de impecable factura que fue rodado, de manera cronológica, durante ocho semanas de intenso trabajo en localizaciones de la República de Uganda y de la isla de Tenerife.

Precisamente, la ambientación en las zonas comentadas es uno de los puntos más destacados de la cinta. Aquí podremos contemplar muy buenas (y variadas) tomas y planos de la selva, de la marabunta de las ciudades africanas, o de los pueblos perdidos. Esta filmación natural, huyendo de los platós y poniendo las cámaras sobre el terreno, ayuda mucho a meterte en la odisea de la protagonista. Lo mismo podemos decir de la buena fotografía de David Omedes. Nunca me cansaré de decir que da gusto encontrarte, a día de hoy, con apuestas como esta que se alejan de las falsas pantallas verdes y te sitúan en el balcón de la plena realidad.

El guión de Jorge Guerricaechevarría, al que conocemos bien por Cien años de perdón (Daniel Calparsoro, 2016) oEl bar (Alex de la Iglesia, 2017), toca muchos temas pero de manera un tanto superficial, a saber: el codiciado coltán, la labor de las ONGs y de los religiosos, los cascos azules, los caciques africanos,… Ahora bien, a la hora de la verdad, todo esto es una aventura, un viaje… sí, pero un viaje al corazón de la familia de la protagonista. Un sentimiento, la familia, por el que casi todos lo daríamos todo, de ahí la odisea física (e incluso mental) de Laura.

El punto en el que libreto de Guerricaechevarría gana enteros lo encontramos en el hecho de que no busca la complacencia del espectador, es decir, no se busca ofrecernos una aventura idílica… sino que nos empuja al realismo y ofrece situaciones desagradables y en las que no intenta, de ningún modo, que todo salga como en un cuento de hadas.

En lo que se refiere a la parte de acción de las aventuras de la película, decir que López Amado huye de cualquier exageración y ejecuta escenas realistas. No hay lugar en este film para heroicidades y sí para mostrar la realidad de unos caciques que gobiernan su pequeña parcela de terreno a sangre y fuego, pisoteando y marcando vidas que para ellos no valen nada… vidas que luego buscarán ajustar cuentas en un ciclo sin fin. De ahí la frase que alguna que otra vez se repite en el film: “Aquí no cambia nada”.

A destacar que en la cinta no sólo escucharemos hablar en español, sino que también algunos personajes (especialmente los lugareños) hablarán en inglés, francés o en sus dialectos correspondientes. Se busca así no sólo un mayor realismo, sino también hacer más dificultosa la odisea de Laura, que a las evidentes trabas físicas y geográficas sumará también la barrera del idioma.

Por su parte, la BSO de Julio de la Rosa aporta lo suyo a la calidad final del producto con unas composiciones variadas que buscan la tensión y la melancolía con el aporte de algún inevitable “toque africano”.

“Bienvenida a África, Laura”. Memorias de África.

Comentando las actuaciones está claro que hay que resaltar la gran labor de Belén Rueda que es el alma de la película en su rol de Laura, una mujer fuerte y valiente que deja atrás su acomodada situación para meterse en el avispero africano con el objetivo de encontrar a su hermana. A lo largo de la película veremos a una Belén decidida pero también la veremos sufrir y llegar al miedo/terror con todos los sucesos que vivirá en esta odisea física y emocional. A su lado, muy buen y sorprendente debut del joven Iván Mendes como Hamir. Iván acierta a retratar a un chico que se ha encerrado en sí mismo debido a su terrible experiencia vital y que no sólo hará de improvisado guía/acompañante para Laura sino que la ayudará cuando sea necesario… Belén e Iván no forman una “pareja de colegas”, porque no es el caso ni tendría sentido, forman una pareja unida por las circunstancias que tendrán que hacer frente a una búsqueda que se tornará infernal.

Con menor protagonismo, pero bien en sus respectivos papeles, cabe citar a Nick Devlin que realiza un retrato muy agradable de Sven, un buen tipo y exnovio de Sara que ayudará todo lo que pueda a Laura. También complaciente resulta la aparición de Enrico Lo Verso dando vida a esa clase de sacerdotes que son dignos de admirar y alabar entregando su vida a las desfavorecidas y violentadas gentes del continente africano. Suya es una de las mejores y más reflexivas frases del film: “Todos somos animales, sólo tenemos que rascar un poco. El problema es que en esta tierra no hemos dejado de rascar”. Por su parte, Manolo Cardona lleva a cabo una actuación más seca como Sergio, un “empresario” que perdió su dinero explotando minas africanas y que ahora vive alquilándose como guía para toda clase de clientes.

Finalmente quedan Marian Álvarez y Marta Belaustegui. De Marian no quiero comentar mucho ya que su personaje, de alguna manera, es el “mcguffin” del film… basta decir que cuando la vemos se entrega a su papel de Sara, y respecto a Marta simplemente decir que escucharemos su voz por teléfono y la veremos (brevemente) en conexión por ordenador.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de El cuaderno de Sara, un film de gran facturación y ambientación que, tocando diferentes temas, nos lleva directamente a la búsqueda interior de nuestra familia y de nuestro lugar en el mundo. Recomendada no sólo para fans de Belén Rueda (como puede ser mi caso), sino también para todos aquellos que quieran comprobar cómo nuestro cine sigue arriesgándose en sus temáticas y avanzando por buenos terrenos de calidad.

Tráiler de El cuaderno de Sara