Cien años de perdón
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Una banda de ladrones y un buen plan para desvalijar el “Banco Mediterráneo” de Valencia sin armar mucho ruido. ¿Qué puede salir mal teniendo además en cuenta que quién roba a un ladrón tiene… ‘Cien años de perdón’?

“Quiero salir de aquí con algo que merezca la pena”.-Gallego.

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Crítica de Cien años de perdón

Daniel Calparsoro nos presenta en ‘Cien años de perdón’ una nueva película de “policías y ladrones”. Un film con una trama que bien puede contener eso que Alfred Hitchcock definió como “macguffin”. Aquí toma forma a través del contenido de una de las cajas de seguridad. Además, el film también podemos encuadrarlo como un “western moderno”. Tal y como bien se dijo una vez: “Casi todas las películas son en esencia un western”.

La temática de “policías y ladrones” queda clara desde el principio con el equipo de ladrones. Una banda liderada por “El Uruguayo” que irrumpe en el “Banco Mediterráneo” con un plan muy claro. A partir de ahí hace acto de aparición el “macguffin” que, como expuse antes, está representado por el contenido de una de las cajas de seguridad. Este “macguffin” es lo que hará avanzar la trama, meterá en problemas a los cacos y enriquecerá el guión. Así es como surgirán temáticas actuales como la corrupción política. Finalmente, la película es un “western” con la clarísima analogía entre ladrones y policías con vaqueros e indios. Tomen como referencia esas monumentales puertas del “Banco Mediterráneo”. Unas puertas que bien pueden ser las del fuerte que los vaqueros (en este caso los ladrones) defienden ante el asalto de los indios (la policía).

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La dirección de Daniel Calparsoro es trepidante. Su estilo de filmación y atmósferas son muy cercanas al mejor cine comercial norteamericano. También se puede apreciar un toque del estilo del fallecido Tony Scott (buena labor aquí de la fotografía de Josu Inchaustegui). Desde el momento en que los ladrones irrumpen en el banco no paran de pasar cosas que llamarán nuestra atención. Pocos momentos habrá para la calma. Además, las conversaciones y/o demandas por teléfono de “El Uruguayo” con los diferentes representantes de la Ley nos harán recordar clásicos como Tarde de perros(Sidney Lumet, 1975). Eso sí, en este film más bien estaríamos ante una “Mañana de perros”… ¡No hay más ver cómo jarrea el agua en el exterior!

Es cierto que en el libreto escrito por Jorge Guerricaechevarría podemos encontrar situaciones incoherentes o alguna laguna (no diré cuáles para evitar “spoilers” innecesarios), pero no es nada grave. Es algo que se puede perdonar perfectamente siempre que se intente pasar un entretenido rato de acción dejando “el cuchillo entre los dientes” para los más críticos. Por otro lado, el conectar la temática clásica de “robos y atracos” con las corruptelas políticas más actuales es algo que merece ser destacado por ofrecer un intento de ir más allá. Un intento que realmente funciona y que dota al guión de un plus de intriga.

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“Vísteme despacio que estoy apurado”… Una mañana de perros.

En las interpretaciones, Rodrigo De la Serna y Luis Tosar pisan muy fuerte. Rodrigo De la Serna realiza una activa, enérgica, nerviosa y vibrante interpretación metido por completo en su personaje de “El Uruguayo”, el jefe del equipo de atracadores. Por su parte, Luis Tosar interpreta a “Gallego” y está francamente bien. “Gallego” es el experto en logística que representa el contrapunto calmado y analítico al temperamental carácter de “El Uruguayo”.

Como secundarios importantes tenemos a Jose Coronado metiéndose en la piel de uno de esos personajes duros que tan bien se le dan de un tiempo a esta parte. En esta ocasión da vida a “Mellizo”, un tipo del CNI que llega entre las sombras para hacerse cargo del asunto: “Desde ahora las cosas se van a hacer de otra manera”. Con mucha competencia resuelven sus roles Raúl Arévalo y Marián Álvarez. Ambos se ocupan de interpretar a una pareja de “asesores” de inteligencia y presidencia que se verán “salpicados” por el atraco. Finalmente, Patricia Vico interpreta con bastante carácter a la directora del “Banco Mediterráneo”, una auténtica “superviviente”.

Del resto de la banda de atracadores destaca Joaquín Furriel como Loco, el joven e ingenuo del grupo. También mención para Luciano Cáceres como Varela, siempre intentado mantener la calma. Para terminar, y cambiando de bando, de la policía hay que hacer mención a Luis Callejo. El actor segoviano da vida a Domingo, el primer negociador que se hace cargo del conflicto. Así está hasta que irrumpe «Mellizo» haciéndose el amo.

“Unas veces se gana y otras se pierde”.-Mellizo.

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En conclusión.
Terminando ya con esta crítica de Cien años de perdón, cabe concluir que la misma es un entrenamiento francamente bueno. Una cinta que cuenta con un buen casting de intérpretes aportando cada uno su propia personalidad a sus personajes. También destaca por su trama y puesta en escena. Todo esto sirve para que el film sea consumido y disfrutado por los que somos amantes del mejor cine comercial.

Tráiler de Cien años de perdón