Detroit
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Podemos decir que en el ámbito de las fuerzas y cuerpos de seguridad se produce un abuso de autoridad cuando los agentes de la ley traspasan sus límites establecidos legalmente y llevan a cabo detenciones ilegales, torturas, pisoteo de derechos e incluso crímenes… ¡Bienvenidos a… ‘Detroit’!

“Es el caos absoluto”.-Krauss.

Crítica de Detroit

El verano de 1967 fue especialmente conflictivo en los EEUU con una serie de revueltas provocadas por motivos y diferencias raciales. Este contexto de alteración social se nos va revelando ya nada más comenzar la película, a través de una serie de pinturas de Jacob Lawrence (1917-2000), pintor afroamericano reconocido por su obra “Serie de Migración”.

En este sentido, ‘Detroit’ se presenta a modo de denuncia de las revueltas y, especialmente, de lo ocurrido en el motel Algiers. En las revueltas se pueden apreciar no sólo los abusos de cierta parte de la autoridad blanca, sino también como algunos afroamericanos aprovechan la situación para los típicos actos de bandidaje… Ahora bien, en la parte del motel ya no hay medias tintas y el film toma claramente partido por los indefensos huéspedes que fueron ultrajados por la policía. Hay que advertir que estos hechos están reconstruidos en base a declaraciones de testigos, informes, documentos gráficos… Es algo de lo que se deja constancia en los créditos finales, pues los hechos ocurridos en el interior de esas cuatro paredes sólo constan en la memoria de las víctimas y los verdugos, algunos de los cuáles todavía sobreviven a día de hoy…

Expuesto todo lo anterior, Kathryn Bigelow nos entrega una película dividida claramente en tres partes y/o “capítulos” muy bien diferenciados. En el primer tramo del film se nos hace una introducción a la situación general de anarquía y se nos van presentando (casi como si estuviéramos en un típico film de catástrofes) a los cuatro principales protagonistas del drama: el militar Greene, el policía de patrulla Krauss, el vigilante de seguridad Dismukes y el cantante Larry. De aquí Bigelow nos lleva de la mano al motel Algiers, que es donde coincidirán los protagonistas (y varios más) y donde se desarrollará la trama y hechos principales de la cinta. Finalmente, la parte final es la más breve y en ella se debatirán las consecuencias judiciales de lo ocurrido en el motel.

Apuntar que todo lo anterior se desarrolla a lo largo de un metraje de 143 minutos que, en principio, asusta y echa para atrás… pero realmente puedo asegurar que una vez que la película empieza se hace realmente corta y las “bofetadas” que te va dando Bigelow te mantienen bien despierto, sobre todo en la parte del motel… en la que la tensión, el drama, la incomodidad en el espectador y el suspense alcanzarán cotas máximas, viendo como tres policías de gatillo fácil y mentalidad ultra mantienen contra la pared de manera sádica a un grupo de asustados e indefensos afroamericanos y a dos prostitutas blancas.

La ambientación del film resulta sensacional, tanto los interiores como los exteriores, también destacan los colores y el vestuario confeccionado por Francine Jamison-Tanchuck. Todo nos remite a finales de los 60, no hay más que ver los coches patrulla de los agentes o sus propios uniformes. Además, el rodaje se estableció siguiendo un estilo documental e incorporando imágenes y fotografías de la época. Todo ello gracias al diseño de producción de Jeremy Hindle, que ya trabajó con Bigelow en La noche más oscura (2012). Además, y curiosamente, el film no fue rodado en Detroit por motivos económicos… sino en Boston (de la ciudad del motor apenas se tomaron planos exteriores de algunas zonas).

“No hay ningún arma”… Asesinato en el Algiers motel.

En el apartado actoral nos encontramos con cuatro protagonistas principales (los que aparecen retratados en el póster USA), siendo dos de ellos los que se alzan por encima del resto, entremos en materia interpretativa…

Will Poulter, a sus 24 años, da un paso al frente entregando una gran y destacada actuación como el villano del film: el sádico y tramposo agente de patrulla Krauss, un tipo despreciable al que Poulter le pilla la medida, sabiendo medir de manera excelente todas sus acciones y gestos, y sin dedicar ni un aspabiento de cara a la galeria, un retrato perfecto del personaje.

El otro intérprete que se lleva la otra parte de la tarta es Algee Smith como Larry, el cantante principal del grupo “The Dramatics” en el film. La interpretación de Smith es más sufridora pero, llegado el momento, demuestra una rabia y un coraje que te hacen saltar del asiento al tiempo que lo hace su personaje. Este intérprete tiene un “algo” que agrada, sin duda.

Menos brillo es que el nos transmiten John Boyega y Anthony Mackie. No lo hacen nada mal como el agente de seguridad Dismukes y el veterano del Nam, Greene. Ahora bien, ambos quedan tapados por sus compañeros, especialmente Mackie que luce menos que Boyega.

Otros intépretes en los que conviene detenerse son Ben O’Toole y Jack Reynor como los agentes Flynn y Demmens, dos tarados (cada uno a su modo y manera) a los que Krauss tiene bajo su mando y dominación (atención a la lograda y despreciable “performance” de O`Toole). Para Hannah Murray y Kaitlyn Dever quedan sendos papeles de prostitutas del motel que pasarán también las de Caín al lado de Jacob Latimore en su rol de Fred, el joven compañero y amigo íntimo de Larry.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Detroit, un film con el que Kathryn Bigelow consigue implicar totalmente al público llevando a la pantalla una nueva historia de la realidad norteamericana. Una historia que da muchas bofetadas y que muchos querrían que no se hubiera desempolvado pero que merece ser contada y conocida. Ahora el tema queda en tus manos querido lector…

Tráiler de Detroit