Tarde de perros
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Brooklyn (Verano de 1972): Tres jóvenes (dos de ellos ex-veteranos de Vietnam) entran en el First Brooklyn Saving Bank con la intención de perpetrar un robo de no más de diez minutos. Lo tienen todo estudiado hasta el más mínimo detalle. Pero su plan se dará de bruces contra una inaudita serie de fatalidades. Cuatro horas después todo el mundo se habrá enterado del atraco: la TV, la policía, el FBI y cientos de personas que se amontonaban afuera de la entidad bancaria. 12 horas después el robo entraba a formar parte de la historia de la ciudad y de los EE.UU. ‘Tarde de perros’ es el documento cinematográfico que representaron aquellas 12 horas.

Tarde de Perros

El sueño de una calurosa tarde de verano.
Para empezar, Stevie (Gary Springer) tiene un mal presentimiento y acaba huyendo echando humo del lugar dejando a Sonny (Al Pacino) a solas con Sal (John Cazale, un tipo callado de aspecto extraño al que no conoce desde hace mucho). Los dos van armados: Sonny con un rifle y Sal con una metralleta. Ambos se las apañan para, haciendo un uso mínimo de la fuerza, conseguir  tener bajo control al director de la sucursal, el Señor Mulvaney (Sully Boyar), al seguridad Howard (John Marriot) un anciano de color que padece de asma y a la jefa de las cajeras apodada por Sonny como Bocazas, y sus nueve subordinadas.

El plan es sencillo, hacerse con el mayor botín posible en el menor tiempo ejecutable, lo cual parece fácil, pero no lo es. Para empezar, esa misma mañana fueron vaciadas las cajas fuertes del banco, esto último, en contra de la rutina del mismo debido a la ingente cantidad de efectivo que había en ellas. Sonny entra en estado de shock y se vuelve totalmente eléctrico, corriendo de un lado a otro del banco como endemoniado. Y es en el momento en que quema unos papeles cuando el humo llama la atención de un transeúnte que se pone en contacto con la policía que no tarda en sitiar las afueras del banco, transformando lo que iba a ser un saqueo breve en todo un acontecimiento que llamará la atención del mundo entero.

Tarde de Perros

Crítica de Tarde de perros.
‘Tarde de perros’ es (y será si aún no la han visto) una experiencia inolvidable. Y Sonny Wortzik pasará a ser uno de sus personajes de cabecera. Así de claro empiezo esta crítica de Tarde de perros. Gigantesca recreación de Al Pacino, que nos regala 120 minutos de clase ejemplar. De hasta donde es capaz de mimetizarse un actor con el rol que esta llevando a cabo. El Pacino que todos conocen (o creen conocer) desaparece por completo para transfigurarse en un personaje in-memorial, surgido de la mente de un genio del oficio. Derrochando espontaneidad, exhibiendo una innumerable sucesión de estados emocionales con sólo sus ojos, sin aspavientos, sin salirse de la sutileza del rol que ha adoptado… Logrando  que ya desde los primeros quince minutos de metraje tanto la gente que se agolpa a las afueras del banco, como los propios rehenes que están bajo su vigilancia, sientan un fuerte lazo de afectividad hacia él. Y ya ni te cuento el espectador. Lo curioso de este lazo, es que no se crea hacia Al Pacino, el actor, no, se crea hacia Sonny Wortizk la creación ficticia. Logrando jaleos y vítores, consiguiendo que todo aquel que se cruce con él se ponga de su lado, a pesar de que lo que está haciendo es ilegal y acarreará unas funestas consecuencias, tan inevitables como descorazonadoras.

Conforme avanza el film el espectador ya ha dejado la lógica aparte, y poco le importa que Sonny tenga que pagar las consecuencias de sus actos (al fin y al cabo está llevando a cabo un robo a un banco a mano armada y tomando a la fuerza a once personas como rehenes), ya que el lazo hecho con el público es tan fuerte y las razones tan puras, que el audiencia sólo desea que este consiga su propósito. Pacino se lanza al vacío en la que es una de las interpretaciones más arriesgadas y descomunales de la historia del cine.

Al lado de Al Pacino encontramos una retahíla de actores de enorme talento, en el que es uno de los mejores repartos del cine de los 70s. Excelente balance entre veteranos del teatro y jóvenes prometedores que bordan sus papeles. Desde Charles Durning (como el desesperado comisario de policía Moretti, encargado de negociar con Sonny), pasando por John Cazale (que a pesar de su corta carrera, logró que su nombre se inscribiera con letras dorada dentro del séptimo arte) como Sal, un maleante de muy pocas luces. James Broderick como el impasible agente Wilson del FBI que toma el mando de las negociaciones relegando a Moretti a un segundo plano, ayudado por Lance Henriksen como su mano derecha y que acaba teniendo una participación decisiva en la cinta. Henriksen debutó en la pantalla grande con este rol, conseguido gracias a su amistad con Pacino y, por supuesto, a su talento como actor. Otro que debutaba en el cine era Chris Sarandon (primer marido de la actriz Susan Sarandon), en un rol vital y conmovedor. Una actuación tremenda por parte de un actor novel que dice mucho del talento de Sidney Lumet en la elección y dirección de actores. Y por último, destacar a Judith Malina que da vida a la madre de Sonny. Su aparición en la escena del crimen es arrolladora. Atención a la escena entre ella y su hijo. Sencillamente inolvidable. Una sucesión de réplicas interpretativas que alcanza cotas inenarrables.

Hablaba en el párrafo anterior de Sidney Lumet. Lumet es para empezar un director vital dentro del séptimo arte, decisivo para entender la evolución del cine durante la década de los 60s y 70s, épocas en donde firmó obras maestras tales como 12 hombres sin piedad‘, ‘Piel de serpiente’, ‘Asesinato en el Orient Express’ o ‘Serpico’. Lo que Lumet hacía no eran sólo películas, eran mucho más: movían masas, activaban cerebros dormidos, azotaban conciencias, traspasaban la barrera del arte y llegaban mucho más lejos de lo que una obra visual hubiera soñado. Él y Alfred Hitchcock entendían el cine de otra manera y sus contribuciones al séptimo arte lo demuestran. Con Lumet estábamos ante el último director clásico del cine, quizás sólo Clint Eastwood podría seguir su senda. Ahora nos queda su legado. Una parte del cine como tal, se fue con él. Y no volverá jamás. Y es que sí ‘Tarde de perros’ logró calar tan hondo dentro de la cultura popular, fue ademas de por la interpretación de Pacino, por la magistral labor tras las cámaras de Lumet.

Una de las grandes virtudes de Sidney Lumet como director, ademas de la inhumana exigencia que exigencia a sus actores, era su perfeccionismo. Y en ‘Tarde de perros’ se juntó con otro perfeccionista, Pacino. Juntos logran que los pequeños detalles visuales vaya fraguando la obra maestra que es esta película. Tanto en el plano visual (atención a su fotografía y, sobre todo, a su soberbio montaje) como en las situaciones propias de un robo, pasando desde el síndrome de estocolmo de los rehenes, la sutileza y elegancia de Sonny para con ellos y que choca con su ininmutable animadversión hacia la policía. Hablando de la policía, Lumet no disimula en nada su ácido retrato de los que deben servir y proteger. Para muestra un botón: tras el verdadero robo que inspiró el film, todas las comisarias de policía crearon un nuevo puesto: el de Negociador, ya que por aquella época este no existía como tal, y eran agentes de la ley sin preparación especifica los que llevaban a cabo las negociaciones con secuestradores o ladrones amotinados.

Lumet aprovecha el enorme potencial del grandioso libreto de Frank Pierson para hablar del poder de la Televisión (que en los 70s empezaba a estar presente en casi toda la totalidad de los hogares americanos y en color) como aparato manipulador de masas. Ese instante en que el repartidor de pizzas grita “ser famoso”, lo resume a la perfección.

El ritmo de la cinta es ejemplar. Siempre hay algo de tremendo interés ante el espectador: la planificación del robo, el estado de shock en el que entra Sonny al ver la repercusión del mismo, las negociaciones con Moretti, las anónimas llamadas que recibe Sonny al banco en donde una voz al otro lado le dice que los mate a todos… o cuando el personaje principal viéndose acorralado decide hacer testamento, y cómo no, la perfectamente estructurada entrada de los personajes secundarios (Leon, Angie,el FBI, la madre de Sonny) que nos llevan en volandas hasta su tenso y tremendísimo clímax final culminado en un antológico primer plano sostenido.

‘Tarde de perros’ cambió para siempre el sub-género de las heist-movies (películas de robos). Caló hondo a nivel mundial. Removió conciencias y dio a conocer al mundo de forma definitiva a Al Pacino, uno de esos intérpretes que aparecen cada cincuenta años. Si hoy día aun no la han visto, se están perdiendo uno de los grandes clásicos de los 70s y una de las imprescindibles del Cine.

Tarde de Perros

La gran recompensa (Repercusión).
(El siguiente apartado incluye por supuesto destripes en la trama e información vital para entender lo que ‘Tarde de perros’ significó en su momento y en los años venideros. Se aconseja al lector, que si no ha visto la cinta, se abstenga de leerlo y salte directamente al apartado final).

En ‘Tarde de perros’ se cuenta la verídica historia de un joven confundido sexualmente que decide cometer un gran atraco para pagar a su amante extra-matrimonial (Leon, otro hombre) una operación de cambio de sexo por su cumpleaños. Fue el primer film en tratar en un tono completamente serio, veraz y altamente conmovedor un tema social que por aquellos años estaba tomando altas cotas de notoriedad. Eran los 70s, los tiempos de la liberación sexual, del haz el amor y no la guerra, de Harvey Milk, del estallido de San Francisco como punto de encuentro homosexual por excelencia. Eso fue a mediados de la década, antes un hecho real removió la conciencia de toda una nación, Estados Unidos, aquel país que se vanagloriaba de ser el más grande de todo el mundo.

Como está indicando al comienzo de este articulo, la película está basada en hechos reales acontecidos el día 22 de agosto de 1972 en la calle Park Slope de Brooklyn (Nueva York). Sin nombres reales, pero con toda la esencia de lo que aquel día sucedió. Estos fueron cambiados, puesto que algunos aun vivían en 1975 año del estreno del largometraje o estaban en una delicada situación, ya fuera en la cárcel o llevando a cabo el inicio de otras vidas. Casi se puede decir estamos ante un film que invento un sub-género, el de la tragicomedia. ‘Tarde de perros’ se convirtió rápidamente y por derecho propio en un clásico por excelencia del séptimo arte.

La gestación del proyecto fue inmediata. Nada más publicitarse los hechos, el potencial de la historia llamó la atención de Marty Bregman, agente de Al Pacino en sus comienzos, y luego productor de todas sus grandes obras durante los 70s, 80s y principio de los 90s. Bregman compró los derechos del artículo de la revista LIFE que relataba los hechos con entrevistas a todos los protagonistas, y contrató a Frank Pierson para que redactara el libreto del film. Pierson después de muchos quebraderos de cabeza decidió que la mejor forma de contar aquella memorable historia era desde el punto de vista del atracador. Indagar en sus motivaciones, en lo que le llevó a entrar en aquel banco. Durante un tiempo Pierson intentó por todos los medios entrevistarse con el protagonista real del atraco John Wojtowicz (Sonny en la película) pero le fue imposible. Este se negaba a ver al guionista debido a la falta de acuerdo sobre el dinero que iba a recibir por los derechos de su historia. Pierson se vio entre la espada y la pared (había cobrado un adelanto que ya había gastado, y tenía ante si una historia que no sabía como contar) como narrar la historia de alguien que no conocía, de un hombre que escondía sus motivaciones a las personas que estaban a su alrededor.

Repasando sus anotaciones junto a videos reales del día de hechos y entrevistas a la esposa de Wojtowicz, su amante homosexual, su madre, la policía y los rehenes… Pierson llegó a una conclusión, todos habían conocido a un hombre distinto. Sólo había una pauta que se repetía en todos ellos, y es que John Wojtowicz buscaba ante todo hacer feliz a los demás. Desde esa premisa, la de un mago que se creía con el poder de regalar felicidad al mundo entero, Pierson redactó el libreto del film. El mismo Pierson, juntó a los productores Bregman, su socio Marty Elfman y Al Pacino, viajaron hasta Londres, para reunirse con Sidney Lumet. Con el guión bajo el brazo, y un viaje transoceánico a las espaldas, recibieron un SI, el de Lumet y un NO el de Pacino. Pacino tras dos ataques de ansiedad bajo las órdenes de Francis Ford Coppola (‘El Padrino’ I & II) y la anterior experiencia de ‘Serpico’ con Lumet, sólo quería hacer Teatro. No se sentía comprometido con el cine, no lo suficiente como para volver a pasar por aquello otra vez. Sólo la insistencia de Bregman logró que Pacino, releyera el script, y en su segunda lectura, viera la luz.

Rodada en 1974 en exteriores reales de Brooklyn, la cinta se estrenó en 1975, su éxito fue instantáneo, recaudando 50 millones de $ sólo en el box-office USA y llamando la atención de los críticos a nivel mundial.

En la ceremonia de los Oscars de 1976, logro seis nominaciones:
Mejor Película, Mejor actor principal (Al Pacino), Mejor Director (Sidney Lumet), Mejor Actor Secundario (Chirs Sarandon), Mejor Guion Original (Frank Pierson) y Mejor Edición (Dede Allen). De los cuales acabo llevándose a casa  el de mejor guión original. Aquel año la gran triunfadora fue ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’.

Al Pacino fue la primera gran estrella de Hollywood, y el primer actor de reconocido talento en interpretar a un personaje abiertamente homosexual en la gran pantalla con todo lo que aquello conllevaba. A continuación recopilamos unas declaraciones de Al Pacino sobre el film, su papel y la preparación del personaje: (El primer día de rodaje Pacino llegó al set con bigote y gafas de sol. Al ver los copiones del día, insistió a Lumet en hacer desaparecer el bigote y dejar las gafas en casa).

“Ahí no hay nadie. Veía a alguien en busca de un personaje pero allí no había una persona. Al se ha ido… se ha ido… y me marché. Trabajé toda la noche en como arreglar aquello, me tomé una botella de vino, me pasé la noche en vela… Él llegaba al banco con las gafas puestas. Pero No. Él no debería de llevar gafas. Debería de olvidarlas en casa el día del asalto. Porque quiere que lo capturen. La forma en como enfoqué el personaje, un hombre homosexual confundido, fue tratando de volverlo humano y complicado al mismo tiempo”.

“Hay tres razones que me hacen aceptar un guión: el director, el texto y el personaje. Frank Pierson había estructurado un guión maravilloso. Yo estuve apunto de no hacer esta película, no me veía en el cine, yo me veía como un actor de teatro. Entonces salí del film y Dustin Hoffman estuvo a punto de firmar para hacerla. Pero al final volví y la hice”.

Sidney Lumet es un genio de la puesta en escena. Es un director de películas, hay directores de películas y directores de teatro. Él es un director de películas. No te dice ni una palabra; te hace mover de cierta forma, y sólo con eso la escena cobra vida”.

“Mientras hacía esta película presentía que iba a ser un film explosivo. Cuando mi amigo Charlie Laughton la vio me dijo: “Al ¿sabes qué se siente? Es como sacarle la anilla a una granada de mano y esperar que explote”. Recuerdo que Lumet en cierto momento me dijo: “Se nos ha escapado de las manos. Tiene vida propia”.

Tarde de Perros

En resumidas cuentas. 
Un clásico atemporal de la historia del cine, y al mismo tiempo una de las mayores demostraciones del hombre que se pone al servicio de los demás, personificado en Sonny Wortzik. Un joven que se creyó un mago capaz de impartir felicidad a todo aquel que estuviera en contacto con él, y que pensó que sus buenas intenciones podrían con la cruda realidad. El conflicto humano en pantalla. Una tragicomedia que se eleva a los cielos del género. Imprescindible y demoledora. Risas y lagrimas. Amor y coraje. La  fatalidad condensada en un día cualquier de verano. Una masterpiece por derecho propio.

El plano: El primer plano sostenido del rostro de Sonny/Pacino en el aeropuerto. Para mostrar en escuelas de arte dramático.
La escena: Incontables: Sonny desenfundando el fusil. Su reacción tras la marcha del tercer hombre del robo. Todas aquellas en las que Sonny sale del banco para hablar con la policía, en especial el mítico grito de ¡Attica, Attica, Attica! Sonny hablando en directo vía telefónica en la TV. La conversación con Sal sobre a qué lugar le gustaría ir. El momento PIZZA. La llegada de la madre de Sonny a las afueras del banco y la hilarante conversación que entre ellos se produce… Y más que no citaré para no entrar en destripes.
La secuencia: Las conversaciones telefónicas con Leon y Angie, que Pacino rodó del tirón, más de diez minutos sin cortes en donde Al Pacino demuestra que es uno de los mejores actores de la historia del cine. Tras ella Pacino tuvo que ir al hospital por un ataque de stress. El resultado: uno de los instantes más intensos de la carrera del actor.

Frases memorables:
“Soy católico. No quiero herir a nadie” (Sonny).
“Él no ha hecho algo así. Puede que su cuerpo estuviera allí, pero no su mente” (Angie).
“No te estás muriendo. Estás matando a los que te rodean” (Leon).