48 horas más
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Walter Hill, Nick Nolte y Eddie Murphy volvieron a unir fuerzas para la secuela de una de las mejores cintas de acción y comedia de los 80, ‘Límite 48 Horas’. En esta segunda entrega ya contaríamos con Murphy instalado de forma holgada en el estrellato, Nolte dando muestras constantes de su talento y Hill dejando bien claro que dentro del género era uno de los mejores. Vengan con nosotros en busca de uno de los más temidos y escurridizos traficantes de drogas de la historia, “El Témpano”. Además, sean testigos de una vendetta familiar. Todo esto es sólo una pequeña parte de que lo podrán encontrar en… ‘48 horas más’.

“Siempre quise tener un chófer negro” (Jack Cates)

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Crítica de 48 horas más

En ‘48 horas más’ podemos seguir disfrutando de las hazañas de uno de los polis más duros de la historia del cine, Jack Cates, interpretado por un genial Nick Nolte, y de su inseparable compañero de farras, Reggie Hammond, interpretado por un desternillante Eddie Murphy. Ambos dirigidos por un auténtico maestro del cine de acción, Walter Hill, un artesano del género que nos ha dejado incontables cintas de referencia dentro del actioner y el western (ya sea puro o  moderno) desde hace varias décadas.

TrasLímite 48 horas’, siete años tardaron en juntarse los responsables de uno de los mayores éxitos de 1982 y la gran impulsora de las pelis de colegas (buddy movies) para continuar las andanzas de Jack Cates (un durísimo agente de la ley de San Francisco) y Reggie Hammond (un buscavidas con una boca siempre en busca de jaleo). En ‘48 horas más’, Cates vuelve a tener que tirar de Reggie, cuando se ve entre la espada y la pared acuciado por el agente especial Wilson de asuntos internos (Kevin Tighe, ese actor con eterna cara de cabrón arrogante). Cates sólo tiene una pista para probar la existencia de El Témpano, un escurridizo traficante de drogas y armas al que Jack lleva siguiendo los pasos durante cuatro años, y al que siempre que logra acercarse un paso acaba volviendo dos hacia atrás. Al parecer, Reggie es el objetivo primordial que El Témpano quiere borrar del mapa, puesto que este conoce la identidad del hombre sin rostro.

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Si la original estaba plagada de acción excelentemente filmada, aquí Hill no iba a ser menos y nos regala una hora y media plena de acción gloriosa: persecuciones, descarrilamientos, un imponente accidente del autobús que lleva a Reggie a tierra libre (y que dependiendo de las fuentes acaba dando entre 17 y 20 vueltas de campana), explosivos tiroteos, peleas de bares y un desfile antológico de tipos duros. Todo visto desde la óptica privilegiada y descarnada de Walter Hill.

Atención a la primera escena de Cates en el film, esa que le lleva hasta el circuito de carreras donde tiene lugar un tiroteo made in Hill, seco y directo, al estilo de los duelos a muerte del viejo Oeste, el cual desencadena en una inmensa explosión y sigue a pie en una intensa persecución entre medio de una carrera motos. No se pierdan la actuación de Nolte en esos minutos y como luego arrasa como un ciclón la escena del crimen, quitando de en medio a los otros policías, en su búsqueda de pruebas. Tremendo.

Antes de eso, hemos sido testigo de otra secuencia memorable. La presentación del trío calavera, los motoristas malosos de la función. Una introducción sensacional y magistral de los villanos sólo al alcance de directores que aman el género como lo hace Hill. Y es que en esta cinta no tenemos a unos malosos cualesquiera, los villanos de la función son tres dementes motoristas montañeses que se creen los verdaderos americanos de pura raza y que actúan sin piedad ni compasión por nadie. Unos tipos que no dudan en apretar el gatillo y que encima disfrutan con ello. Uno de ellos adorna las espuelas de sus botas con balas (rol desempeñado por David Anthony Marshall) y el otro lleva en su mejilla una lágrima negra tatuada (Andrew Divoff, que interpreta a Cherry Ganz, el hermano de James Remar, el villano central de la cinta original). Y ambos, desde la primera y gloriosa secuencia que los presenta, dejan bien claro que van a ser unos tipos muy difíciles de matar.

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Dentro del plantel de secundarios nos encontramos con dos  habituales del cine de Hill, Ed O´ Ross y Brion James. El primero es Frank Cruise, un poli veterano del departamento de San Franciso que intenta salvar a Cates del proceso judicial al que está a punto de exponerse. O´ Ross es un veterano intérprete de carácter que hizo carrera como maloso durante los 80s y 90s. De Brion James (1945-1999), para el cinéfilo curtido en el género del actioner, no hace falta mucha presentación. Eterno villano con un rostro hecho para ello. Aquí repite como Ben Kehoe, el compañero de mesa de Cates y teniendo un rol más amplio que en la cinta precedente.

Sobre el dúo protagonista, poco se puede añadir. Ambos actores, tanto Nick Nolte como Eddie Murphy (aquí con más protagonismo que en la primera entrega), bordan sus papeles y se nota que disfrutan con ellos. Además, Hill da el gustazo al espectador de que recorran lugares comunes del film precedente como los baretos de mala muerte (no se pierdan la tremenda pelea que se monta en uno de ellos). Naturalmente siguen retándose dialécticamente para ver cual de los dos es más chulo… y no sólo eso, sino que Cates sigue conduciendo su viejo Cadillac descapotable… en realidad es otro, pero el mismo modelo, del mismo año y color. Eso sí, comprado con el dinero de Reggie.

Otro puntazo a favor de ‘48 horas más’ es su banda sonora. Como (casi) siempre en un largometraje de Hill, la música está muy presente. La banda sonora es obra de todo un experto, el ya fallecido James Horner. Además de la score principal del film de 1982, encontramos nuevas canciones y ¡cómo no! el tema franquicia de este díptico: el pegadizo y festivo “The Boys Are Back in Town” de los Bus Boys.

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En resumidas cuentas.
Lo dicho a lo largo de esta crítica de 48 horas más, esto es todo un clásico del cine de acción. Un film que ningún fan del género debe perderse jamás. Plagado de incontables set pieces de acción y con un ritmo frenético. Un perfecto balance entre la acción y la comedia. Una cinta de marcada personalidad Hilliana y una imprescindible dentro de la filmografía de los tres principales referentes de esta excepcional doble sesión de policíaco ochentero. Un film que no envejece y que no aburre por muchos visionados que le vayan cayendo encima. Todo lo mejor del cine de género de los 80s condensado en 90 memorables minutos que resultan indispensables para todo buen amante del cine de sudor, sangre y cerveza caliente.

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