22 balas
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El cine francés lleva unos cuantos años regalándonos producciones de nivel, sobre todo dentro del cine acción y de uno de sus géneros predilectos, el film noir o cine negro. Una de esas muestras es la cinta que hoy nos ocupa. Un film que, partiendo de unos hechos reales ocurridos en los años 70, da como resultado un opresivo drama criminal, con instantes que nos harán recordar a las mejores películas de la época dorada del film noir. Es hora de ajustar cuentas y de que hablen las armas. Todos los que tengas las manos manchadas de sangre acabarán pagando por sus pecados. Charlie Mattei está de vuelta y ni siquiera ‘22 balas’ podrán pararle.

Crítica de 22 balas

Richard Berry y Jean Reno, que ya formaron dupla delante de las cámaras en la comedia ‘Que te calles!’ (2002), vuelven a unirse, esta vez como director y protagonista respectivamente en ‘22 balas’, un notable drama criminal basado en la historia real de un retirado y mítico hampón marsellés que recibió veintidós impactos de bala en su cuerpo. 22 balas que no pudieron acabar con su vida, pero le dejaron unas importantes secuelas físicas. Dispuesto a dejar pasar tal acción, por una promesa hecha a su mujer e hijos de no volver a la mala senda, el mafioso tendrá que retomar el camino de las armas tras el brutal asesinato de un amigo suyo. Un crimen que le hará perder la razón definitivamente. Su leit-motiv vital, a partir de ese momento, será buscar a los responsables de su fallido acribillamiento y de la muerte de su amigo, y avisarles de que los matará uno a uno, sin decirles cuándo lo hará. De esta forma da comienzo una cacería desenfrenada, en donde el protagonista ajusticiará a los encapuchados que quisieron acabar con él e irá haciendo averiguaciones sobre quién es el hombre detrás de la orden de su fallido intento de asesinato.

En ‘22 balas’ presenciamos un notable trabajo por parte de Richard Berry por recuperar el legendario cine negro francés, y lo hace regalando al espectador un descarnado drama sobre un hombre que sólo quería alejarse del hampa, pero cuyo pasado siempre le hace volver la vista atrás… hacia el gangster que un día fue y que no podrá dejar de ser jamás. Porque como reza el tag-line de la cinta: “La sangre derramada no se seca jamás”. Partiendo de esta premisa argumental clásica del cine negro, Berry nos ofrece un thriller directo, sin apenas concesiones gratuitas al espectador, y que hace especial énfasis en profundizar en los motivos que llevan a cada uno de los personajes a tomar las decisiones que marcarán irremediablemente su vida y muerte.

La gran diferencia entre esta película y un film cualquiera de acción con vendetta es la tremebunda interpretación de Jean Reno, sumada a una cuidada puesta en escena, y un muy buen trabajado guión, en donde el director hace especial hincapié en que todos los personajes tenga un pasado y presente, una vida detrás que los humanice, a pesar de que muchos son unos auténticos bastardos.

Hay tres secuencias en las que Berry deja bien claro sus intenciones. Primero la del hecho que desencadena todo: el ataque fallido en el parking con el acribillamiento por parte de los encapuchados a Charlie Mattei. Esta secuencia es filmada de forma totalmente descarnada, haciendo un uso de una violencia realmente desgarradora, y que se ve incrementado por la melancólica música de Klaus Badelt. El segundo instante merecedor de ser resaltado es el asesinato de Karim, el amigo argelino de Mattei, que es brutalmente apalizado a patadas hasta la muerte, mientras permanece atado de pies y manos. Ese momento es el primero en donde el espectador ve, por completo, al grupo de asesinos con los rostros destapados y va conociendo el carácter de cada uno (personalidades que luego serán desgranadas inteligentemente por parte del director, dándoles a cada uno de los participantes en la matanza características humanas visibles y claramente identificables para el espectador). Y, por último, la durísima y antológica aparición de Mattei, pistola y granada en mano, en una fiesta en donde están presentes todos los facinerosos. Allí les avisará de su negro futuro con la siguiente sentencia: “Me llamo Charlie Mattei y os voy a matar a cara descubierta porque es una cuestión de respeto. Quiero que sepáis quién os mata y porque lo hago. ¿Sabes por qué lo hago?… Las cuentas no se saldan bajo un pasamontañas, eso es un mensaje sin firma. Os voy a matar a todos. Uno tras otro. Pero no ahora. Quiero que tengáis tiempo para pensar en lo que habéis hecho. Que penséis en ello día y noche. Que pidáis perdón a vuestras familias. Que les digáis porque morís. Mañana, dentro de una semana, en seis meses o un año, allí estaré. No estaréis a salvo mientras yo siga vivo”.

Esa última secuencia es la que marca el punto de no retorno definitivo del film y a partir del cual las muertes se suceden una tras otra, al mismo ritmo que las traiciones de diferentes personajes hacia el protagonista principal, que sólo acaba teniendo a su mujer e hijos de su lado, y a una inspectora de la policía marsellesa que comienza a sentir una empatía y respeto hacia la limpieza que Mattei está llevando a cabo en la ciudad.

Se puede decir que Berry sigue la línea de, por ejemplo, ‘Venganza’ de Pierre Morel, que no por casualidad es una producción de Europa Corp, también responsable de este film, cambiando la acción vertiginosa de aquella por un ritmo más pausado y en donde los diálogos y las interpretaciones de los actores hacen avanzar la trama… y la acción, aunque constante, está al servicio de los hechos que desencadenan los propios personajes con sus actos. Se podría decir que es un tipo de acción que está para acompañar al guión, no para rellenar el metraje, o para ensalzar el conjunto de forma gratuita. La única secuencia que sí se puede considerar como gratuita es aquella en la que Mattei huye en moto de una pandilla de malosos que lo acorralan en su escondite de la playa. Las demás, como digo, mezclan a la perfección la marcada aura dramática y melancólica de la venganza de Mattei, con un uso de la violencia visceral y nada estilizado, que aumenta la sensación de realidad de las muertes.

En cuanto a las interpretaciones, todos los actores lucen a gran altura, incluso los que tienen papeles secundarios. Pero de todos ellos Jean Reno se lleva la palma. El actor de origen español da un auténtico recital que viene a reconfirmar su inmenso talento cuando se sumerge en personajes tan grises como el que le toca interpretar aquí. Véase su transformación física, debido a las secuelas del fatídico acribillamiento, o sus escenas con su hijo pequeño o su madre.

El resto de intérpretes, conocidos sobre todo en Francia, lucen perfectos en sus roles. Kad Merad, habitual de comedias, tiene a su cargo el personaje de Tony Zacchia, un rol tremendamente oscuro, un personaje altamente déspota y que es todo lo contrario a Mattei. Un hombre quee sigue ligado a la mafia y está cada vez más hundido en ella, tanto que la codicia le ha cegado. Otros papeles dignos de mención son los de Marina Foís como la decidida inspectora de policía Goldman, y Jean-Pierre Darroussin como el abogado de Mattei y Zacchia.

Otro punto a favor de este largometraje es la partitura de Klaus Badelt, que acompaña a la perfección las imágenes en todo momento. Y es que ’22 balas’ hace gala de unas cuantas virtudes que dejan en poca cosa sus pequeños defectos, alguna escena de acción fuera de lugar, y un par de asesinatos cometidos para inculpar a Mattei (y cuyo verdadero asesino nunca es revelado) serían sus pegas.

En resumidas cuentas.
Concluyo esta crítica de 22 balas afirmando que estamos ante un film de género decididamente imprescindible. Una recuperación del mejor polar francés y una muestra de film noir de primera categoría. Una película que se apoya en la buena labor tras las cámaras de Richard Berry, en su potente historia y en una portentosa actuación de Jean Reno.

Tráiler de 22 balas