22 balas
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El cine francés, lleva unos cuantos años regalándonos producciones de nivel, sobre todo, dentro del cine acción y de uno de sus géneros predilectos, el film noir o cine negro. Una de las últimas muestras es la cinta que hoy nos ocupa que partiendo de unos hechos reales ocurridos en los años 70, y llevados a la actualidad, dan como resultado un opresivo drama criminal, con instantes que nos harán recordar a las mejores películas de la época dorada del film noir. Es hora de ajustar cuentas y de que hablen las armas, todos los que tengas las manos manchadas de sangre acabarán pagando por sus pecados. Charlie Mattei está de vuelta y ni siquiera ’22 Balas’ podrán pararle.

22 Balas

Crítica de 22 balas. 
Richard Berry y Jean Reno, que ya formaron dupla delante de las cámaras en la comedia ‘Que te calles!’ vuelven a unirse, esta vez como director y protagonista respectivamente en ‘22 balas’, un notable drama criminal basado en la historia real de un retirado y mítico hampón marsellés que recibió veintidós impactos de bala en su cuerpo, que no pudieron acabar con su vida, pero le dejaron unas importantes secuelas físicas. Dispuesto a dejar pasar tal acción, por una promesa hecha a su mujer e hijos, de no volver a la mala senda, el mafioso, tendrá que retomar el camino de las armas tras el brutal asesinato de un amigo suyo, que le hará perder la razón definitivamente. Su leit-motiv vital a partir de tal acto será buscar a los responsables de su fallido acribillamiento, y de la muerte de su amigo, y avisarles de que los matará uno a uno, sin decirles cuando lo hará.
A partir de ese instante, da comienzo una cacería desenfrenada, en donde el protagonista ajusticiará a los encapuchados que quisieron acabar con él, e irá haciendo averiguaciones sobre quién es el hombre detrás de la orden de su fallido intento de asesinato.

En ‘22 balas’, presenciamos un notable trabajo por parte de Richard Berry (‘La caja negra’) por recuperar el legendario cine negro francés o polar, y lo hace regalando al espectador un descarnado drama sobre un hombre que solo quería alejarse del hampa, pero cuyo pasado siempre le hace volver la vista atrás hacia el gangster que un día fue, y que no podrá dejar de ser jamás. Porque como reza el tag-line de la cinta: “La sangre derramada no se seca jamás”. Partiendo de esta premisa argumental clásica del cine negro, Berry nos ofrece un thriller directo, sin apenas concesiones gratuitas al espectador, y que hace especial énfasis en profundizar en los motivos que llevan a cada uno de los personajes a tomar las decisiones que marcaran irremediablemente su vida y muerte.
La gran diferencia entre esta película, y un film cualquiera de acción con vendetta dentro, de por ejemplo la Serie B, que es donde a priori se podría situar este film, es de un lado la tremebunda interpretación de Jean Reno, sumado a una cuidada puesta en escena, y un muy bien trabajado guión, en donde el director hace especial hincapié en que todos los personajes tenga un pasado y presente, una vida detrás que los humanice, a pesar de que muchos son unos auténticos bastardos.

22 Balas

Hay tres secuencias, en las que Berry deja bien claro sus intenciones. Primero la del hecho que desencadena todo: el ataque fallido en el parking, con el acribillamiento por parte de los encapuchados a Charlie Mattei, filmado de forma totalmente descarnada, haciendo un uso de una violencia realmente desgarradora, y que se ve incrementado por la melancólica música de Klaus Badelt (atención a cuando tras ser tiroteado, Mattei intenta levantarse en vano, y va recordando su juventud, y comienzos como mafioso, mientras dichas imágenes se intercalan con el presente, y planos del hijo pequeño de Mattei esperando a su padre fuera del parking).
El segundo instante merecedor de ser resaltado es el asesinato de Karim, el amigo argelino de Mattei, que es brutalmente apalizado a patadas hasta la muerte, mientras permanece atado de pies y manos. Ese momento, es el primero en donde el espectador ve por completo al grupo de asesinos con los rostros destapados, y va conociendo el carácter de cada uno. Unas personalidades, que luego serán desgranadas inteligentemente por parte del director, dándoles a cada uno de los participantes en la matanza, características humanas visibles y claramente identificables para el espectador, para que cuando llegue la hora de rendirles cuentas a Charlie Mattei por los atroces actos cometidos, no sean meros cadáveres en el body-counter del film, sino personas que cometieron unas fechorías por las que deben pagar con su vida, dentro del código de la mafia donde están escritos los hechos.
Y, por último, la durísima y antológica aparición de Mattei, pistola y granada en mano, en una fiesta en donde están presentes todos los facinerosos. En donde les avisa de su negro futuro con la siguiente sentencia: Me llamo Charlie Mattei y os voy a matar a cara descubierta, porque es una cuestión de respeto. Quiero que sepáis quién os mata, y por qué lo hago. ¿Sabes por qué lo hago?… Las cuentas no se saldan bajo un pasamontañas, eso es un mensaje sin firma. Os voy a matar a todos. Uno tras otro. Pero no ahora. Quiero que tengáis tiempo para pensar en lo que habéis hecho. Que penséis en ello día y noche. Que pidáis perdón a vuestras familias. Que les digáis por qué morís. Mañana, dentro de una semana, en seis meses o un año, allí estaré. No estaréis a salvo mientras yo siga vivo.

22 Balas

Esta última secuencia es la que marca el punto de no retorno definitivo del film, a partir del cual las muertes se suceden unas tras otras, al mismo ritmo que las traiciones de diferentes personajes hacia el protagonista principal, que solo acaba teniendo a su mujer e hijos de su lado, y a una inspectora de la policía marsellesa, que comienza a sentir una empatía y respeto hacia la limpieza que Mattei está llevando a cabo en la ciudad.

Se puede decir que Berry sigue la línea de, por ejemplo, Venganza de Pierre Morel, que no por casualidad es una producción de Europa Corp también responsable de este film, cambiando la acción vertiginosa de aquella, por un ritmo más pausado, en donde los diálogos y las interpretaciones de los actores hacen avanzar la trama… y la acción, aunque constante, está al servicio de los hechos que desencadenan los propios personajes con sus actos. Se podría decir que es un tipo de acción que está para acompañar al guión, no para rellenar el metraje, o para ensalzar el conjunto de forma gratuita. La única secuencia, que si se puede considerar como gratuita, es aquella en la que Mattei huye en moto de una pandilla de malosos que lo acorralan en su escondite de la playa. Las demás, como digo, mezclan a la perfección la marcada aura dramática y melancólica de la venganza de Mattei, con un uso de la violencia visceral y nada estilizado, que aumenta la sensación de realidad de las muertes.

En cuanto a las interpretaciones, todos los actores lucen a gran altura, incluso los que tienen papeles secundarios. Pero de todos ellos, Jean Reno se lleva la palma. El actor de origen español da un autentico recital que viene a reconfirmar su inmenso talento cuando se sumerge en personajes tan grises como el que le toca interpretar aquí. Véase su transformación física, debido a las secuelas del fatídico acribillamiento, o sus escenas con su hijo pequeño o su madre y como no, atención a cuando acude a reunirse con la inspectora Goldman, para que esta de la noticia de su falsa detención y así poder rescatar a su hijo raptado por los facinerosos que lo quieren ver muerto.
El resto de intérpretes, conocidos sobre todo en Francia, lucen perfectos en sus roles. Kad Merad, habitual de comedias, aquí, tiene a su cargo el personaje de Tony Zacchia un rol tremendamente oscuro, un personaje altamente déspota, y que todo lo contrario que Mattei, sigue ligado a la mafia, y está cada vez más hundido en ella, tanto que la codicia le ha cegado. Otros papeles dignos de mención son los de Marina Foís como la decidida inspectora de policía Goldman. Y Jean-Pierre Darroussin como el abogado de Mattei y Zacchia.

Otro punto a favor de este largometraje, es la partitura de Klaus Badelt, que acompaña a la perfección las imágenes en todo momento. Y es que ’22 balas’ hace gala de unas cuantas virtudes, que dejan en poca cosa sus pequeños defectos, alguna escena de acción fuera de lugar, y un par de asesinatos, cometidos para inculpar a Mattei, y cuyo verdadero asesino nunca es revelado, serian sus pegas.

Concluyo esta crítica de 22 balas afirmando que estamos ante un film de género decididamente imprescindible. Una recuperación del mejor polar francés y una muestra de film noir de primera categoría, que se apoya en la excelsa labor tras las cámaras de Richard Berry, en su potente historia, basada en hechos reales, y en una portentosa actuación de Jean Reno.

22 Balas

El plano: El de la mano ensangrentada de Mattei intentando alzarse tras ser tiroteado en el parking.
La escena: La que cierra el film, en la playa. Con su inenarrable plano final incluido… Una mirada atrás congelada en la eternidad.
La secuencia: De las que faltan por resaltar, aquella en la que Mattei atraviesa un campo de espigas para intentar llegar a salvo para salvar la vida de su hijo que está a punto de ser asesinado.

Frases memorables:
Me dedico a una profesión extraña. Una vez que entras; se acabó, no puedes salir, es una maldición. Estás condenado a quedarte y a reventar. La sangre derramada, no se seca jamás.
Vivirás con miedo toda tu vida. Si bajas la guardia, estás jodido (El Antiguo).
De que sirve el honor si estás muerto. (Charlie).
Si alguien hace el capullo de aquí no sale nadie vivo…Me llamo Charlie Mattei y te voy a matar a cara descubierta, porque es una cuestión de respeto. Quiero que sepas quien te mata, y porque lo hago. ¿Sabes porque lo hago?… Las cuentas no se saldan bajo un pasamontañas, eso es un mensaje sin firma. Os voy a matar a todos. Uno tras otro. Pero no ahora. Quiero que tengáis tiempo para pensar en lo que habéis hecho. Que penséis en ello día y noche. Que pidáis perdón a vuestras familias. Que les digáis porque morís. Mañana, dentro de una semana, en seis meses o un año, allí estaré. No estaréis a salvo mientras yo siga vivo. (Charlie).
No acostumbro a disparar a hombres desarmados, pero ya ves, he cambiado de costumbres. (Charlie).
Tengo el cuerpo como un campo de batalla pero todavía sigo en pie. Veré crecer a mis hijos. Permaneceré junto a mi familia el mayor tiempo posible, voy a envejecer tranquilamente. Sin esconderme. Sin tener que vigilar más a quién tengo detrás de la espalda. (Charlie).

La historia real:
Ocurrió en los años 70s en Marsella, y los nombres verdaderos de los protagonistas han sido alterados en el film por estar este ambientado en el presente. Charlie Mattei, en realidad era Jacques Imbert, alias “El Inmortal”, apodo que se ganó, tras sobrevivir a un intento de asesinato en donde recibió 22 balazos, y que fue ordenado por su hermano de sangre, Tany Zampa, en la cinta; Tony Zacchia.