Venganza
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Las películas de justicieros y vengadores siempre han sido un subgénero que atrae legiones de fans y detractores por igual. Y aunque a todos nos viene irremediablemente a la cabeza el personaje de Paul Kersey interpretado por Charles Bronson, el concepto tiene ya sus años. En la maravillosa ‘Centauros del desierto’ (John Ford, 1956) podíamos contemplar la búsqueda tortuosa de un hombre en pos de los asesinos de su familia. Y otro tanto ocurría con ‘El conde de Montecristo’, que nos mostraba a un pobre Edmundo tratando de vengarse de la traición de sus amigos. Generalmente este tipo de papeles están reservados a tipos duros y curtidos, veamos cómo Liam Neeson lidia con este toro en… ‘Venganza’.

“Si espera cobrar un rescate le aviso de que no tengo dinero. Pero lo que sí tengo es una serie de habilidades concretas. Habilidades que he adquirido en mi vida profesional. Habilidades que pueden ser una pesadilla para gente como usted. Si deja libre a mi hija ahora mismo todo quedará zanjado. Pero si no, le buscaré, le encontraré y le mataré”.-Bryan.

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Crítica de Venganza

Cuando se anunció esta película me asaltó una sensación de sorpresa y escepticismo. Por una banda me encontraba ante Pierre Morel, un director que (hasta ese momento) sólo tenía una película a sus espaldas, ‘Distrito 13’ (2004). Pero por la otra estaba Luc Besson, un tipo que acostumbra a escribir guiones francamente delirantes e irregulares. Confieso que lo que acabó de decantar la balanza fue la presencia de Liam Neeson, un actor que si por algo se caracteriza es por imprimir carácter y credibilidad a cada personaje que interpreta. Y aunque pueda parecer que en este tipo de películas no es necesario, creo que ‘Venganza’ se ve muy favorecida con la excelente actuación del actor irlandés. Neeson interpreta a Bryan Mills, un tipo presentado como un espía retirado que, tras un duro divorcio, contempla cómo su hija se aleja paulatinamente de su lado. La tensa relación que mantiene con su ex-mujer, Lenore, no ayuda a mejorar las cosas… y tampoco la deformación profesional que le hace ver peligros en cualquier rincón y sobreproteger a su única hija.

Como es de esperar, Liam Neeson dota de una gran credibilidad al personaje y, en todo momento, nos hace olvidar que simplemente está interpretando. Famke Jansen clava a la perfección el papel de arpía, pero la verdad es que sus apariciones son bastante breves. Para Maggie Grace va el papel de Shannon, la hija alocada. Debo decir que, en su caso, nos presentan a “una mujer adulta” tratando de encarnar a una adolescente, algo que se ve cada vez más en las películas… y que en mi parecer es un fallo porque actrices de 18 años las hay a patadas, y más aún teniendo en cuenta lo insustancial de su rol. Para acabar tenemos al incómodo padrastro interpretado por Xander Berkeley, un actor secundario con un montón de películas a sus espaldas y que, personalmente, me trae nostálgicos recuerdos de su paso por series míticas como  ‘M.A.S.H.’.

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El ritmo de la película resulta trepidante pero adecuado, con un pequeño número de flashbacks que son intercalados con un propósito muy concreto. Pese a que al principio se nos familiariza con los personajes y su compleja situación personal, pronto comienza el baile y contemplamos a un Liam Neeson pletórico de fuerzas en su búsqueda incansable de los culpables, repartiendo leña con métodos expeditivos y sin miramientos. El tratamiento de los personajes es totalmente radical, es decir, los buenos contra los malos. Y es que aquí no importan las atrocidades que pudiera cometer la CIA o cualquier otro cuerpo de seguridad del Estado, tampoco se trata analizar el mercado de la trata de blancas como si de un documental se tratara. No, aquí sólo tenemos a un padre que busca a su hija y que pasa por encima de quien sea para lograrlo.

Dado que se trata de una producción francesa, la acción tiene lugar íntegramente en París, que es la zona donde la hija es raptada. A lo largo de sus calles y avenidas somos espectadores de una ración de violencia y mano dura como hacía tiempo que no se veía. Como digo, no hay lugar para reflexiones o detalles chorras sin importancia, en ocasiones las películas están al servicio del espectáculo, algo que, evidentemente, algunos “cinéfilos” nunca entenderán.

Con un metraje que roza la hora y media se nos pasa el tiempo volando y lo único que sabe mal es que termine. Quizás haya quien pueda pensar que faltó presupuesto o que algunas escenas están despachadas con demasiada rapidez, y probablemente pueda estar en lo cierto. Ahora bien, lo que nos ofrece esta película (con sus recursos limitados y su buen hacer) supera a la mayoría de producciones millonarias que nos enchufan fostiadores metrosexuales de medio pelo que no están a la altura.

“Es sólo una herida. Pero si no me das lo que necesito, la última cosa que verás antes de dejar huérfanos a tus hijos es la bala que le meteré entre los ojos”.–Bryan.

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Conclusión.
Al ver esta película recordamos más que nunca que los viejos tiempos han pasado pero que las viejas ideas aún funcionan. Recordamos que el cine puro de acción y la diversión están siendo relegados lenta pero inexorablemente a un segundo plano, dejando paso a producciones políticamente correctas y descafeinadas hechas más con la cartera que con el corazón. Frente a ese panorama desolador encontramos humildes películas como esta que, sin ser pretenciosas, cumplen con creces las expectativas. Pese a los fallos que pueda tener, nos encontramos ante una película muy notable, con el único objetivo de aprovechar un tema tan manido como la trata de blancas para hacernos pasar un buen rato. Es una película honesta porque no engaña y sabes lo que vas a ver y lo que puedes esperar. Y eso amigos, es algo que otras películas mucho más cacareadas no pueden decir. Es evidente que no es una obra maestra, pero tampoco pretende serlo. Como punto final a esta crítica de Venganza, tengo que decir que no me queda más que recomendarla encarecidamente a todos aquellos que sean capaces de ver cine sin prejuicios y con el único ánimo de pasarlo bien. Sin duda no les defraudará.