Su excelencia el embajador
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“No podemos ganar la guerra fría si no recordamos de qué estamos a favor y de qué estamos en contra. He aprendido de manera muy personal que uno no puede predicar los ideales de Norteamérica y confiar que le crean si actúa con impaciencia o si sacrifica por conveniencia sus principios. He aprendido que las únicas veces en que somos odiados es cuando dejamos de ser tal como habíamos empezando siendo doscientos años atrás. No culpo a mi pueblo, culpo a la indiferencia. Si la guerra fría terminara ahora mismo, el pueblo americano seguiría firme contra la pobreza, el hambre y las injusticias. Porque eso es lo justo y humano”. Marlon Brando es ‘Su excelencia el embajador’.

“Si apoyar a los dictadores sirve para conservar la libertad y un mundo libre, los apoyaremos” (Mac)

Crítica de Su excelencia el embajador

‘The Ugly American’ es el contundente título original de esta película estrenada en 1963. Hablamos del siguiente film que Marlon Brando protagonizó tras ‘Rebelión a bordo’ (Lewis Milestone, 1962). ‘Su excelencia el embajador’ fue una producción de Pennebaker Productions, la productora que Brando fundó en 1955 para incentivar el cine comprometido, dar un trabajo estable a su padre tras el fallecimiento de su madre y desgravar impuestos. Pennebaker tomaba su nombre del apellido de soltera de su madre.

George Englund fue el hombre detrás de las cámaras. Englund fue amigo y colaborador afín de Brando durante décadas. Además era uno de sus esos hombres bien relacionados que hizo la mayor parte de su carrera como productor. Su posición económica y social era de privilegio y la usó en su favor para hacer cine. Un tipo de cine con implicación y que contara algo más que historias que entretuvieran. Aquí debutó con bastante acierto dejándonos una dirección plena de brío y nada fácil.

En busca del máximo realismo, la filmación tuvo lugar en localizaciones reales y con miles de extras manejados con mano diestra. Englund también supo introducir una violencia descarnadamente real. Rematando su labor hábilmente se encarga de llenar de primeros planos los soliloquios de su estrella. Primeros planos que Brando se ocupa de redondear a base de talento puro y duro.

‘Su excelencia el embajador’ empieza ciertamente con una descomunal fuerza, insuperable diría yo. En ese comienzo destaca un motivadísimo Brando rayando a muy alto nivel como Harrison M. Carter, un embajador americano que viaja hasta al país ficticio de Sharkan (en realidad Tailandia) basándose en el conflicto que se vivía en aquel momento y que luego desencadenaría en la guerra del Vietnam tan solo dos años después, en 1964. Tal cual lo encontramos, Sharkan es un lugar en plena ebullición política y ciudadana. Carter es enviado allí para intentar mediar entre un líder revolucionario antiguo amigo suyo, el gobierno americano y el primer ministro local, al que tildan de marioneta puesta por los Estados Unidos. A grandes rasgos, ese es el planteamiento inicial.

El primer acto del film es un prodigio de concisión cinematográfica, situando rápidamente las cartas sobre la mesa. Cartas que quedan expuestas tanto en su presentación política (accesible para todos los públicos) como interpretativamente (véase la sesión de investidura a MacWhite con los senadores reacios a su nombramiento y presentando una batalla verbal afiladísima con un sensacional Brando disfrutando del momento). Posteriormente pasamos al fundido en negro que nos lleva de nuevo hasta Sharkan. Allí no tardamos en asistir a la violenta llegada de Harrison siendo recibido con un planning inepto por su gabinete.

A partir de la citada llegada el ritmo del film no se detiene. Ya en la embajada MacWhite pondrá bien firmes a los miembros de su gabinete de colaboradores. Unos tipos más centrados en la buena vida que en hacer algo políticamente correcto. Para que el espectador lo entienda mejor: “no hacer nada” es la mejor forma para estos “diplomáticos” de seguir conservando su trabajo… Otros momentos dignos de mención son los cara a cara entre Carter y Deong, el líder revolucionario y amigo personal suyo.

No es nada disimulado como el dedo acusador del film va dirigido a los políticos e intereses militares norteamericanos. Especial énfasis se hace en su obsesión por ganar la llamada guerra fría dejando de lado a los países en donde desembarcaban, los cuales convertían en ciudades sitiadas. Sitios con “marionetas” en el poder sin fuerza para llevar a cabo sus propias reformas constitucionales para desarrollarse. Su claro mensaje buscaba llamar la atención del público en general, y americano en particular, sobre lo que estaba pasando. Al mismo tiempo también señalaba a la clase trabajadora estadounidense.

Sin duda, Marlon Brando es la estrella de la función en el reparto, tal y como ya he dejado claro. No es casualidad que gran cantidad de sus apariciones sean primeros planos donde, literalmente, llena toda la pantalla utilizando su cuerpo y fuerza para presentar un combate ganador político e interpretativo… No obstante, tampoco faltan interpretaciones de carácter como las de Pat Hingle encarnando a Homer Atkins, un doctor de un hospital situado cerca de la carretera de la libertad. Su esposa en la ficción es Jocelyn Brando derrochando bondad en las pocas escenas que tiene como Emma Atkins.

Por otro lado, me voy a detener un poco en el japonés Eiji Okada en su interpretación del líder Deong. Lo cierto es que Okada está muy inspirado y consigue plantar cara a Brando, con quien comparte la mayor parte de sus escenas. El personaje de Deong es el del hombre activo que creía en su causa pero que, por el camino, se fue distorsionando. Hicieron de él un mito y un icono, para luego matar y atacar en su nombre. Por otro lado, Mac (Brando) acude ya con sus convicciones en entredicho por lo que le han contado y por lo que en primera instancia ve. Sin pararse a observar más allá, los árboles no le dejan ver el bosque… y cuando quiere darse cuenta los actos se precipitan.

“La carretera de la libertad significa aquí el progreso y en cuanto ese se manifieste, Sharkan del Norte no podrá adueñarse del país porque es difícil subvertir a un pueblo cuando está bien alimentado y se basta a sí mismo para defenderse. Deong, tenéis que iros convenciendo de esa verdad, sino Sharkan terminará siendo lo que es Cuba hoy día” (Harrison MacWhite)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Su excelencia el embajador, una cinta cuyo objetivo es remover conciencias y doy fe que lo consigue. Aún vista actualmente es de admirar su valiente propuesta. Ojo al inenarrable speech final de Mac cortado por una televisión que se apaga en una casa de clase media de Estados Unidos, sin duda un momento esclarecedor…

Tráiler de Su excelencia el embajador