Poltergeist 2: El otro lado
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Si con motivo del inminente estreno del remake ‘Poltergeist’ (Poltergeist, Gil Kenan, 2015), la semana pasada nos metimos de lleno a analizar la película dirigida por Tobe Hooper y producida por Steven Spielberg, hoy hacemos lo propio con su secuela, ‘Poltergeist 2: El otro lado’, de Brian Gibson. Con un guion escrito a cuatro manos por los co-guionistas de la cinta original y protagonizada por el mismo elenco, la historia nos cuenta cómo la pequeña Carol Anne vuelve a vérselas cara a cara con el mal. Pero esta vez, el peligro que acecha a la familia Freeling es mucho mayor de lo que jamás hubieran imaginado. Bienvenidos a la crítica de Poltergeist 2: El otro lado.

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Crítica de Poltergeist 2: El otro lado

Si en la reseña de ‘Poltergeist’ (Poltergeist, Tobe Hooper, 1982) aseguraba que se trata de una película bastante peculiar, su secuela no lo es menos a tenor de los ingredientes que la conforman y del resultado final. Ante todo quiero dejar claro algo: no es, en absoluto, una mala secuela; o por lo menos, no tan chapucera como se dice. De hecho, por momentos estamos ante una cinta surtida por un buen número de escenas potentes, que incluso supera a su predecesora en determinados aspectos. Pero también es cierto que tras un tardío y analítico re-visionado, la película ha perdido bastante con el paso del tiempo. Porque ‘Poltergeist 2’, aun teniendo buenos mimbres, finalmente cae en el error de muchas de las secuelas del cine de terror de los años 80 y 90. Y este error no es otro que sus excesos, a lo que debemos sumar una premisa argumental cogida con pinzas y determinadas deficiencias en la edición y montaje de la película. Y es que claro, sin Tobe Hooper, Steven Spielberg y Frank Marshall detrás del asunto, ya no es lo mismo.

El conflicto nunca llegó a resolverse en la primera película, y además, había muchas más cosas que queríamos contar y no pudimos hacerlo”. Estas fueron las palabras de los guionistas Michael Grais y Mark Víctor para justificar esta secuela, aunque yo diría que el motivo real fue más bien otro: los casi 124 millones de dólares de recaudación del primer film tras emplear un ajustado presupuesto de 10.700.000 dólares. Todo un negocio que la compañía productora no podía dejar escapar, lo que dio lugar a una trilogía que, con cada secuela, iría a menos.

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Tras el éxito mundial ‘Poltergeist’, la ‘Metro-Goldwyn-Mayer’ entendió que debía de continuar la historia de la familia Freeling, así que encargó el guion de una segunda entrega a los guionistas de la original, Michael Grais y Mark Víctor, también productores de la película tras la negativa de un ya reputado Steven Spielberg de coger las riendas del proyecto. Algo que también sucedió con Tobe Hooper, que en esos momentos acababa de estrenar ‘Lifeforce. Fuerza vital’ (Lifeforce, 1985) y se encontraba inmerso en plena pre-producción de su remake ‘Invasores de Marte’ (Invaders from Mars, 1986). Tras este intento frustrado de volver a contar con Spielberg y Hooper, la dirección de la película recaería en manos de Brian Gibson, realizador procedente del mundo de la televisión y sin apenas experiencia como director de largometrajes. Motivo por el cual aceptó el reto pese al riesgo que ello conllevaba para la película. Así que para asegurar el éxito y la buena acogida por parte del público, uno de los objetivos del director fue mantener la esencia y la continuídad recuperando gran parte del elenco del film original, a excepción de la malograda Dominique Dunne, que fue asesinada a manos de su pareja pocos meses después del estreno de ‘Poltergeist’ (ver sección ‘La maldición de Poltergeist‘ al final del artículo correspondiente a la primera película). No obstante, el reparto se completaría con la incorporaron de dos importantes nombres: el de Julian Beck, interpretando al temible predicador Kane; y el de Will Sampson, al que todos recordaremos como el Jefe Bromden en ‘Alguien voló sobre el nido del cuco‘ (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Milons Forman, 1975), en la piel de Taylor, un chamán Indio que ayuda a la familia Freeling a derrotar el mal. Ambos actores tristemente fallecidos poco después de la filmación de la película.

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Por otra parte, repetiría Richard Edlund como el supervisor de los efectos especiales de la cinta, pero en esta ocasión a las órdenes de su compañía, ‘Boss Film Company’. Esta vez la ‘Industrial Light & Magic’ no tomó parte del asunto, aunque el equipo de efectos especiales y visuales, formado principalmente por Richard Edlund, John Bruno, Gary Waller y Bill Neil, llevó a cabo un espléndido trabajo, hecho por el cual la película volvió a ser nominada al premio Oscar a los ‘Mejores efectos, Efectos visuales’. Buena culpa de ello la tuvo el gran artista gráfico y escultor H.R. Giger (que como todos sabrán, fue el responsable del diseño final del Xenomorfo en ‘Alien’), que se encargó de diseñar los bocetos de los monstruos y criaturas que aparecerían en ‘Poltergeist 2’ a petición propia de Brian Gibson –ambos se habían conocido durante la pre-producción de la cancelada epopeya de ciencia ficción ‘The Tourist’ (1980)–, además de esbozar bajo su siempre exquisito punto de vista algunas secuencias completas del guion.

Cabe decir que, al igual que sucedió con la cinta original, los efectos especiales de la secuela resultan impresionantes e impactantes, aunque se dice que el propio Giger no quedó del todo satisfecho con ellos debido a que el equipo de efectos visuales tuvo algunos problemas para adaptar a la película los complejos diseños biomecánicos que el artista suizo había enviado a la producción desde Zurich, por lo que estos tuvieron que ser retocados sin la supervisión del propio Gigier, algo que finalmente no pudo evitar por no encontrarse en ese momento en Los Ángeles. En cualquier caso, y para el que escribe estas líneas, los efectos especiales y los diseños de las criaturas de la película resultan a todas luces terroríficos y espectaculares, siendo este uno de los puntos fuertes de una secuela que, paradójicamente, resulta al mismo tiempo afectada por ese excesivo uso de una parafernalia que relega a un segundo plano lo verdaderamente importante del asunto: el guion y la tensión. Una tensión que brilla por su ausencia precisamente por el hecho de mostrar en pantalla cuánto más, mejor, cuando todos sabemos que “más” no es precisamente sinónimo de “mejor”. En lo referente al guion, como viene siendo habitual en innumerables segundas y terceras partes que no tienen nada especialmente interesante que contar, está totalmente al servicio de los efectos especiales en lugar de los efectos especiales al servicio del guion, lo que origina el primer gran problema de la película. Mientras que el segundo hándicap lo encontramos en su premisa argumental.

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La historia de ‘Poltergeist 2’ nos cuenta cómo la familia se traslada a vivir temporalmente a la casa de la abuela materna de Carol Anne tras los terribles sucesos que tuvieron lugar en Cuesta Verde. Todo parece ir bien hasta que la pequeña, que se despista en un centro comercial mientras acompañaba a su familia, se topa con un extraño personaje ataviado de negro. Se trata del predicador Kane, un malvado demonio que ha regresado del mundo de los muertos para terminar el trabajo que no pudo concluir en la primera película: capturar para siempre a una Carol Anne que, en esta ocasión, se nos presenta como una vidente (¡…!) que ha heredado dicho don de su abuela. Una capacidad psíquica que también posee la propia madre de Carol Anne. Finalmente, y en una innecesaria vuelta de tuerca que termina por derrumbar lo narrado en la primera película, se nos trata de explicar que los acontecimientos relatados en ‘Poltergeist’ no tuvieron relación alguna con el hecho de que la casa de los Freeling se encontrara sobre un cementerio, lo que impedía que los difuntos descansaran en paz (en una premisa tan terrorífica, como ciertamente creíble).

Ahora, el nuevo desencadenante de todo el mal que rodea a la familia tiene su origen en el año 1.800, cuando se descubre que en aquella época, los miembros de una extraña secta desaparecieron misteriosamente cerca de Cuesta Verde. Realmente el causante de todo lo ocurrido no es otro que Henry Kane, un demonio que en vida fue un médium y el líder espiritual de una secta religiosa cuyos miembros, según el propio Kane, debían de refugiarse del inminente fin del mundo. Para ello, condujo a sus seguidores a una caverna hasta que la fecha del apocalipsis tuviera lugar. Cuando pasó sin mayores consecuencias el día del fin del mundo que el oscuro reverendo predijo, éste no dejó salir de la cueva a sus súbditos, muriendo todos, incluido el propio Kane. Pues bien, resulta que dicha fosa con los cadáveres se encontraba debajo del cementerio que, a su vez, se situaba bajo la piscina de la familia Freeling (dichosas casualidades, pensarán ustedes). Así que los guionistas, en un intento por dar explicación a lo sucedido en el film de 1982 –algo que, por otra parte, no era necesario dado que la película se cerró magníficamente con dicho misterio sin resolver por decisión del propio Spielberg– argumentan que “cuando la madre de Carol Anne la trajo de nuevo a nuestra dimensión durante los acontecimientos sucedidos en Cuesta Verde, los seguidores de Kane se inquietaron porque habían conocido la luz de su ser. Motivo por el que la secuestraron y ahora quieren hacerlo de nuevo”. Una justificación que no sólo está cogida con pinzas, sino que supone un intento bastante incoherente y confuso de dar explicación a lo sucedido en la primera película.

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Y tercer problema, su evidente deficiencia en lo referido a la edición en la sala de montaje. Recordemos que el corte original tiene una duración aproximada de 130 minutos, que finalmente fueron reducidos a los 90 minutos de la versión comercial que todos conocemos. Este montaje un tanto atropellado se aprecia especialmente durante el segundo y tercer acto, con la aparición y desaparición repentina de ciertos personajes importantes de la trama. Personajes, concretamente los de Tangina y Taylor, que entran y salen sin demasiada coherencia de la película, llevándonos a la sensación de que su participación se queda inconclusa. Esto me lleva a la conclusión de que dichos personajes fueron más desarrollados en el montaje original, pero quizás por dotar al film con un mayor brío y ritmo, muchas de sus escenas quedaron fuera del montaje definitivo, privando de una mayor coherencia la aparición de ambos.

En cualquier caso, todos estos elementos que bajan el nivel de una secuela que podría haber dado mucho más de sí, no son del todo definitivos. Porque realmente, y teniendo en cuenta que este tipo de inconvenientes suelen ser estándares habituales con los que tienen que lidiar la mayoría de las secuelas del género, ‘Poltergeist 2’ está rodeada de otros elementos, algunos de ellos realmente magníficos, que logran equilibrar el resultado final del conjunto. Siempre sin alcanzar las cotas que logró el tándem Hooper/Spielberg en la primera película, pero sin duda, dando como resultado una segunda entrega, como mínimo, más que decente y espectacular. Y es que también estamos ante un film plagado de aciertos, como es el caso de su notorio distanciamiento con la cinta original en lo referido a su ambientación y atmósfera, especialmente al asimilar multitud de elementos provenientes de la cultura chamán indígena. El aire místico/espiritual que aporta a la trama el personaje interpretado por Will Sampson resulta más que interesante. Incluso hipnotizador diría yo. Porque ‘Poltergeist 2’, pese a sus defectos, no deja de ser una secuela de buen empaque y potencial, algo que se percibe nada más comenzar la película con esas maravillosas localizaciones y planos aéreos que sirven para presentar al espectador tanto una fantasmagórica y abandonada Cuesta Verde, como al propio personaje de Taylor mientras se encuentra practicando un ritual en la cima de la mítica ‘Spider Rock’. Un impresionante monolito ubicado en el Cañón de Arizona, y cuya leyenda cuenta que en esta roca vivió la mujer araña, la cual es adorada como una deidad por los indios Navajos. No podemos pasar por alto que la película fue en parte rodada sobre auténticas ruinas y cementerios indios, haciendo todo ello que el film adquiera un tono genuinamente peculiar y cierto carácter propio que es de valorar.

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Lo mismo podemos decir del personaje de Julian Beck, el espeluznante reverendo Henry Kane, posiblemente en la mejor interpretación de la película. Beck, que en el momento de rodar sus escenas padecía cáncer (siendo éste el motivo de su extrema delgadez, lo que benefició al papel) convierte a su demonio Kane en uno de los elementos más perturbadores e icónicos de la franquicia. O un sensacional Craig T. Nelson que se luce dramáticamente en uno de los mejores (y más repulsivos) momentos del film: aquel en el que engulle una oruga que se encontraba en una botella de tequila, para posteriormente, ser poseído por el propio Kane, dando como resultado todo un recital interpretativo para terminar vomitando una versión dantesca y monstruosa del predicador. Una criatura diseñada por el propio Giger que irá creciendo rápidamente mediante el delicioso uso del stop-motion. En este aspecto, podemos asegurar que ‘Poltergeist 2’ se beneficia en parte de la ausencia de Spielberg en el sentido de que Brian Gibson tiene menos reparos en centrarse en lo dantesco y aterrador a través de secuencias bastante fuertes (motivo por el cual esta es la única película de la serie no recomendada para menores de 18 años). Esto da lugar a que la cinta resulte durante bastantes instantes más espeluznante que su predecesora, lo que convierte a ambos films en productos que se saben complementar a la perfección.

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Todo ello arropado por una estupenda y, a la vez, aterradora partitura musical de Jerry Goldsmith, dan como resultado una buena película de terror que hubiera funcionado mucho mejor como cinta independiente más que como secuela. En cualquier caso, nos encontramos ante una continuación más que decente y rescatable a pesar de todos los problemas de guion y montaje que terminan afectandole de un modo u otro. Eso sí, la resolución final no tiene desperdicio: una secuencia empalagosa y llevada totalmente al extremo, con la familia al completo volando en un luminoso “más allá” para terminar derrotando al demonio gracias a la fuerza del amor y a la unidad familiar. Porque esto del amor puede con todo. O eso dicen…

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Poltergeist 2: El otro lado se filmó con un presupuesto de 19 millones de dólares para terminar recaudando sólo en EEUU 41 millones de la misma moneda. Un éxito que daría lugar a una tercera y muy decepcionante entrega. Aunque esto, ya es otra historia…