Noche de paz, noche de muerte (Parte 2)
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Crítica de Noche de paz, noche de muerte (Parte 2)

Mientras contemplaba atónito esta secuela del film de 1984 ‘Noche de paz, noche de muerte’ (Silent Night, Deadly Night, Charles E. Sellier Jr.), de la que hablamos largo y tendido hace algunas semanas en estas mismas páginas, realmente podía hacerme una idea de la delirante conversación que debieron mantener los productores, el director y los guionistas antes de dar la luz verde a este bodrio:

Lawrence Appelbaum (productor) a Lee Harry (guionista y director): “Ey, Lee, hace tres años funcionó muy bien aquella versión Navideña de ‘Viernes 13’ que estrenaron los de TriStar. Hicieron mucho dinero gracias al revuelo que montaron un montón de ingenuos que se opusieron al estreno de la película en Navidad. ¡Los pobres bastardos hicieron sin saberlo más publicidad de la que jamás habrían hecho los de la propia productora! He comprado los derechos a precio de saldo, ¿y si hacemos una secuela y nos forramos? Tú eres el guionista y director

Lee Harry: “…vale, pero yo… yo jamás he escrito una película, y de dirigir ya ni te cuento… sólo soy un editor de telefilms y poco más. Así que, no sé si sería una buena idea…

Lawrence Appelbaum: “Estupendo, amigo, ¡sabía que podía contar contigo! No importa que no tengas ni puta idea de realización, te quiero a ti escribiéndola y también en la silla del director. Tú sólo debes de sentarte ahí y decirle a cada uno lo que tiene que hacer. ¡Siempre hay una primera vez para todo! Además, dicen que América es la tierra de las oportunidades, ¿no? Pues eso, venga, ponte a escribir y no me jodas, ¿eh?

Lee Harry: “Vale, vale, si insistes… Pero antes voy a ver alguna película de esas que dices de ‘Viernes 13’, que no sé de qué van. También intentaré ver la primera parte de esta película que queremos hacer. Supongo que será una comedia familiar Navideña, ¿verdad?

Lawrence Appelbaum: “Sí, sí, es una comedia muy divertida donde sale un Santa Claus que mata a todos aquellos que se han portado mal durante todo el año, pero no hace falta que veas nada de eso de ‘Viernes 13’, sólo son basura y además, salen muy caras porque utilizan mucho maquillaje y efectos. Esta saga será mucho mejor, ya que se centrará en el factor puramente psicológico del ser humano. Mira, yo te voy a dar 250,000 dólares para que filmes la película, y también te voy a regalar un VHS de la primera parte. Ahí tendrás todo lo necesario para rodar una secuela, ¡y no te compliques! Sólo pido velocidad, que tengo que estrenarla en Abril y estamos a primeros de Enero. Eso sí, no te gastes todo el dinero que con eso tenemos que pagar también a los actores

Lee Harry: “Pero me tienes que dar tiempo, ¡que no tengo ni idea de lo que me estás pidiendo y ni tan siquiera tenemos nada preparado! Necesito por lo menos dos meses para pensar en la película y escribir el guion, y otros cuarenta días para filmarlo. ¡Además yo soy de ciencias, no de letras!

Lawrence Appelbaum: “¡¡¡Por el amor de Dios, imposible!!! Te doy cinco días para que escribas el guion y otros diez días más para que filmes la película. Como no lo hagas así te hundo en la miseria y no verás ni un dólar de los beneficios que hagamos. Tienes de fecha límite hasta el 15 de Enero para concluir el rodaje. Y para que veas que soy un jefe comprensivo, aquí te mando a un par de colegas que seguro te podrán ayudar a escribir la puñetera película: Joseph H. Earle, mi productor asociado; y Dennis Patterson, uno de los técnicos y mezcladores de sonido de la película. Todos son como tú, no tienen ni idea de cine, pero no pasa nada. Venga, largaos a escribir. ¡¡¡Moved el culo!!!

Joseph H. Earle (co-guionista y productor asociado): “Lawrence, yo entiendo que la cosa está muy mal, y que hemos fundado una compañía productora de bajo rango para financiar esta película con un presupuesto irrisorio. Todos entendemos que la finalidad de ello es arriesgar lo mínimo posible para obtener mayores beneficios. Pero con 250,000 dólares no tenemos ni para cubrir los gastos de producción. Ni tan siquiera podemos escribir un guion que haga sombra al de la primera parte porque el guionista que has contratado es una mierda, y nosotros tampoco hemos escrito nunca una película

Lawrence Appelbaum: “¡Sois todos unos inútiles! Nos vemos mañana miércoles a las 06:00 a.m. en mi casa y yo mismo os ayudaré a los tres a escribir la maldita historia de la película. Si es que hay un dicho que dice: “Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo…

(Miércoles, 06:15 a.m.)

Lawrence Appelbaum: “¡Guion casi terminado! ¿Veis como no era tan difícil? Si sufrís algún tipo de síndrome a la hora de escribir el guion de cualquier secuela, o simplemente si no sabéis escribir, sólo tenéis que hacer un copy-paste de la película original, de ese modo os ahorrareis ideas, tiempo y dinero. Con estos 30 minutos de metraje que vamos a sacar de la primera película ya tenemos 30 minutos menos que escribir. Ahora sólo debemos de poner a Ricky, el también traumatizado hermano menor del protagonista original, en una habitación junto a un psiquiatra para que le cuente sus problemas durante los cincuenta y cinco minutos de película restantes. Y de ese modo… ¡también nos ahorramos algunas localizaciones! Además, será muy interesante porque Ricky le narrará al espectador, en una bonita voz en Off, todos los acontecimientos de la primera película más todo lo que filmemos nuevo, que no será mucho. ¡Será la primera vez en la historia del cine que el espectador podrá ver dos películas diferentes en tan solo 85 minutos! Con esta cinta nos haremos de oro, ¡seguro! Así que venga, Lee, ya tienes el guion, ahora… ¡¡¡a filmar!!!

Lee Harry: “…esto… claro, claro… sin problema… Pero… ¿no es un poco raro eso de contar de nuevo toda la película original y, encima, usando las mismas imágenes? Estaba pensando que… ¿y si en los últimos cinco minutos hacemos que Ricky mate a su psiquiatra, para que acto seguido se escape de la institución mental y se disfrace de Santa Claus a modo de homenaje al asesino original? Así también disimulamos un poco

Lawrence Appelbaum: “¡¡¡Me parece una idea grandiosa, Lee!!! Si es que sabía que eras un genio…

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Pues bien, poco más hay que contar en esta crítica de Noche de paz, noche de muerte (Parte 2), porque posiblemente estemos, no sólo ante una de las peores secuelas jamás filmadas en la historia del cine slasher, sino también ante una de las peores películas que podamos echarnos a la cara. Por lo tanto, si alguno de ustedes pensaba que esta segunda entrega del correcto film de Charles E. Sellier Jr. iba a caer en el arte de la reiteración para narrar prácticamente lo mismo que la primera película, y mostrarnos a otro Santa Claus asesino empalando jóvenes al grito de “Serás castigado” en un divertido festival gore (por cierto, una práctica bastante habitual –y lícita– en las secuelas de cualquier producción de terror de Serie B), se equivoca… ¡porque lo que sucede en esta chapuza es muchísimo peor! Ni más ni menos que media hora de metraje directamente extraído de la película de 1984 ensamblado en el montaje final de esta primera secuela. Es por esto mismo que su gran problema no reside en que se trate de la segunda parte de un subproducto que, a su vez, surgió a rebufo del éxito de una serie de películas que para esas fechas ya contaban con varios pares de secuelas. Su problema reside en la desfachatez y la cara dura con la que el productor, Lawrence Appelbaum, se atrevió a burlarse de los espectadores que quedaron encantados con la primera película, metiéndoles por toda la jeta un acto completo de secuencias extraídas directamente de aquella.

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Todo un descarado despropósito, inmoral, desvergonzado y poco honroso. Una de las estafas cinematográficas más descabelladas que recuerdo haber contemplado jamás en una pantalla. Todo un ejemplo de “la ley del mínimo esfuerzo”, posiblemente producto de la vagancia, de la ineptitud, de la inutilidad y de la incompetencia de todos y cada uno de los miembros del equipo técnico y de producción. Una muestra inequívoca de que cualquiera, hasta el tipo más torpe sobre la faz de la Tierra, podía filmar en los 80 una película y estrenarla en cines, aunque no exista ningún tipo de guion y tenga que recurrir a secuencias completas de otra película para obtener una duración mínima estándar y poder exhibir el film en salas comerciales. Toda una lindeza.

Esta vez la historia nos traslada a una institución mental donde reside Ricky, el hermano menor de Billy, que recibirá ayuda psiquiátrica con la finalidad de superar el trauma al que también fue sometido de niño. Lo cachondo del asunto es que Ricky (interpretado por un espantoso Eric Freeman… y por favor, no dejen de observar sus ridículas muecas y gestos) recuerda absolutamente todo, incluso la muerte de sus padres… ¡cuando resulta que en aquel entonces era tan sólo un bebé de pocos meses! A partir de ese momento toda la película se torna en un enorme Flashback de 84 minutos de duración en el que Ricky le narra al psiquiatra (y al espectador, en una voz en Off) todos los acontecimientos que tuvieron lugar en la primera película, acompañando el relato con media hora de metraje directamente extraído de la cinta de 1984. De este modo, no será hasta el minuto 35 de película cuando comience la verdadera secuela… aunque no hay mucho más que contar: el protagonista nos narrará sus fechorías y sus crímenes cometidos hacía todos aquellos que él considera malas personas, convirtiéndose por momentos en una especie de espantoso y absurdo pseudo-justiciero de la ciudad. Ojo a la secuencia del asesinato en el cine, donde la película comienza a vislumbrar cierto aire de comedia burda, aunque me temo que de un modo más accidental que intencionado. O aquel instante en el que empala a un pobre señor con un paraguas, más propio de un Sketch de cualquier dúo cómico de poca monta, que de un supuesto thriller slasher. Así que no esperen gran cosa; el factor tensión y el gore brillan por su ausencia en las muy contadas secuencias de asesinatos, ya que se encuentran rodeadas por un halo de cutrez y bufonería que pierde por completo cualquier atisbo de credibilidad (una credibilidad que sí estaba presente en la primera película) e interés. Lástima que lo que podría haber sido una secuela digna de un también digno sucedáneo de los primeros slashers de los años 80, se haya convertido en un producto tan vergonzoso como indigno de cualquier tipo de interés.

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¿Y todo esto a qué viene? Ricky realmente pretende vengarse de la Madre Superiora del orfanato en el que se crio, algo que consigue llevar a cabo tras acabar con su insufrible psiquiatra. En esos últimos minutos, Ricky recoge el testigo de su hermano, se disfraza de Santa y va en busca de la ya anciana monja, para terminar decapitándola posiblemente en el momento más esperado por los fans de la película original. ¿Lo demás? Bueno… mejor juzguen ustedes mismos, aunque les daré un buen consejo: no pierdan su tiempo con esta película.

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