Más veloz que la muerte
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John Travolta continúa trabajando para productoras especializadas en el VOD. En esta ocasión, reincide en el biopic pasando de ser John Gotti para convertirse en Don Aronow, un hombre que era… ‘Más veloz que la muerte’.

“Dígale a su jefe que se acabó. Ya no le debo una mierda a nadie. Lo he pagado todo y bien pagado. Dígale eso” (Ben Aronoff)

Crítica de Más veloz que la muerte

Nueva película protagonizada por John Travolta que nos llegó directa a televisión estrenada en agosto de 2019 por Antena3TV. Aquel que siga con un poco de interés la carrera de Travolta ya sabe que la misma está en decadencia. El mítico Tony Manero lleva tiempo en la senda de Nicolas Cage, Bruce Willis o Steven Seagal. Grandes nombres que antaño arrasaban en taquilla y que ahora intentan sobrevivir en el VOD y lo que es peor: ¡en los estrenos directos a televisión! Así las cosas, no podemos esperar que estas películas sean grandes obras, más bien al contrario…

En el caso concreto de ‘Más veloz que la muerte’ (Speed Kills) estamos, sin duda, ante uno de los peores “directos a video” de Travolta. Decir que la película es mala quizás sea quedarse muy corto. Nada funciona en la misma y presenta aspectos ciertamente chapuceros como detallaremos en las siguientes líneas.

Para empezar es conveniente saber que este film pretende ser un biopic de Don Aronow (en la cinta llamado Ben Aronoff supongo que por algún detalle legal). Hablamos de un constructor hijo de inmigrantes rusos que abandonó el ladrillo para convertirse en una leyenda en el mundo de las lanchas. Muy célebre fue su modelo de lancha apodada “Cigarette”. Sin embargo, la oscuridad también se apoderó de Aronoff en forma de turbios negocios y trampas que le llevaron a ser asesinado el 3 de febrero de 1987. Este es el personaje que encarna Travolta en ‘Más veloz que la muerte’.

Lo primero que llama la atención del film es su caótico guión. Un libreto que constantemente omite información dando por sentado que el público conoce al protagonista y su mundo. Así las cosas, la historia es un total despropósito con personajes que entran y salen sin que importe mucho lo que dicen o hacen. El único nexo de unión de toda la trama es Ben Aronoff que pasa de escenario en escenario según le toque. Siguiendo con la trama poco se puede decir porque es un “cajón de sastre”. Lo único que se saca en claro es que la mafia rusa presionaba y atosigaba a Aronoff pero ni uno sólo de los “negocios” queda meridianamente explicado. Por no saber, no sabemos ni de dónde saca el dinero Aronoff para comprarse al principio un chalet y una lancha. Sobre todo cuando se parte presentándolo como un emprendedor arruinado.

Por otro lado, la dirección del novato Jodi Scurfield es un desastre en línea con el script. Y lo peor es que pudiendo destacar en las escenas de las lanchas no lo hace… sino todo lo contrario. Estas secuencias se limitan a filmar la lancha de Travolta ¡compitiendo contra nadie! Y lo peor es cuando encima les aplican una muy cutre cámara súperlenta. Pero la mayor chapuza viene al insertar supuestas carreras con la imagen superpuesta de Aronoff/Travolta levantando trofeos. Por no hablar del inenarrable momento de la carrera que tiene lugar en plena mar embravecida. Ahí seremos testigos del peor CGI posible y de las peores pantallas de retroproyección con Travolta y su copiloto simulando pelear contra los elementos marinos… Esto en lo que respecta a las carreras que debían haber ofrecido algo disfrutable y diferente.

La ambientación es otro aspecto muy deficiente. La acción transcurre desde principios de los años 60 a finales de los años 80 pero da igual. Y digo que “da igual” porque si nos dicen que el film se desarrolla en la actualidad lo creeríamos perfectamente. Quitando algún coche que otro o los teléfonos no hay nada en la cinta que te haga sentir en esas décadas. Y ya no digo nada de Aronoff/Travolta que tiene el mismo aspecto en 1962 que en 1987. Finalmente, el montaje pasa de Miami a Mónaco o las Islas Caimán como el que pasa de esta a la otra acera. Eso sí, toda la película se rodó básicamente en Puerto Rico.

“Yo sólo pienso en ganar”. Persecución mortal.

En el reparto el protagonista principal y casi absoluto es John Travolta como Ben Aronoff. Lo cierto es que Travolta le pone bastantes ganas para el tipo de producto que es este. De hecho, si terminé de ver la película fue por su presencia en la misma. Ahora bien, en algunos momentos causa risa verlo con un moreno de rayos-uva, gafas de sol casi permanentes y el pelo (o la peluca) totalmente embetunado. Por no hablar del claro sobrepeso que presenta alejado de lo que fue la figura real del personaje interpretado. Al lado del personaje de Travolta tenemos al abogado Shelly Katz interpretado por un entusiasta Michael Weston que justo es decir que sale a flote.

Del resto del reparto tan sólo se puede decir que están para acompañar siendo presentados casi todos por el propio Travolta con voz en off. Entran y salen por la película sin mucho sentido. El caso de Jordi Mollà es uno de los más sangrantes condenado a no sumar ni 5 minutos juntando todas sus intervenciones en plan esbirro. Por no hablar de Jennifer Esposito o de Matthew Modine. La primera limitada a 2 o 3 minutos encarnando a Katherine (la esposa de Ben) y el segundo en una fraudulenta performance de George Bush (padre) que nadie que esté bien de vista puede creerse.

Innegable resulta decir que Amaury Nolasco resulta de los más creíbles en lo poco que sale como agente del FBI. También innegable es afirmar que James Remar sólo está para poner malas caras mientras chilla continuamente a Aronoff en su rol del mafioso Lansky. Otro que resulta malparado es Kellan Lutz intentando poner caras de villano y luciendo músculos como el sobrino de Lansky. Por otro lado, en el tramo final aparece Katheryn Winnick que se esfuerza lo justo dando vida a Emily, la conquista de oro de Aronoff. Decir que su romance con este último es poco creíble es ser muy generoso. Para la sosería queda el “baile” en el que ambos participan la primera vez que se conocen. Y ya finalmente no se pierdan la aparición de un aplastado y achaparrado Tom Sizemore en los minutos finales.

“Son sólo negocios” (Ben Aronoff)

En conclusión.
Acabo esta crítica de Más veloz que la muerte, una de las películas más flojas que he visto en tiempo. De lo poco positivo que se puede extraer de ella es que su director, Jodi Scurfield, tiene a partir de aquí un amplio margen de mejora… siempre que vuelva a dirigir otra película, claro.

Tráiler de Más veloz que la muerte