Los demonios de la noche
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Desde que tengo uso de razón, el león ha sido siempre mi animal favorito. Y, cómo no podía ser de otra forma, tenía que ocuparme de la reseña de este film. Un film que ya tiene ¡25 años! a sus espaldas y en el que Michael Douglas y Val Kilmer se convierten en la presa de… ‘Los demonios de la noche’.

“Eran los dueños de la noche, pero también atacaban de día, a solas o juntos, sin miedo ni motivo… yo creía que eran el mal. La gente los llamó: El Fantasma y la Oscuridad” (Samuel)

Crítica de Los demonios de la noche

Ante todo hay que empezar destacando que esta película está basada en unos tremebundos hechos reales. Unos hechos que nos remiten al siglo XIX en la localidad de Tsavo (Kenia). En esa zona, la construcción de un ferrocarril por parte de los británicos se vio alterada por la entrada en escena de dos fieros leones. Contra toda lógica, esta pareja de animales se comportaban como auténticos asesinos sedientos de sangre y carne humanas. Entre ambos llegaron a diezmar a los trabajadores del ferrocarril causando cerca de 135 bajas. Completamente aterrados, los lugareños terminaron por dar un aire demoníaco a los leones bautizándolos como “El Fantasma” y “La Oscuridad”.

El coronel John Henry Patterson logró acabar con la pareja de leones y relató toda la historia en su libro ‘Los devoradores de hombres de Tsavo’, una obra de carácter autobiográfica publicada en 1907. Por otro lado, en el Museo Field de Historia Natural de Chicago hay una exposición que reproduce a los dos leones juntos. Hablamos de unos ejemplares de león diferenciados del clásico al carecer de melena. Finalmente, el personaje interpretado por Michael Douglas (Remington) es una licencia del guionista William Goldman, ya que nunca existió en la realidad.

En la dirección tenemos a Stephen Hopkins, todo un gran artesano de finales de los 80 y durante los 90. Antes de perderse en la pequeña pantalla, Hopkins nos dejó grandes y muy reivindicables joyas comoDepredador 2 (1990) o ‘Los jueces de la noche’ (1993). En esta ocasión, y fiel a su costumbre, nos regala una cinta salpicada de buena acción y con cierta sangre y salvajismo en lo que se refiere a los ataques de los leones. Tan es así que la cinta aprovecha al máximo su calificación PG-13. Sin duda, estamos ante otro trabajo notable de Hopkins detrás de las cámaras. Aunque el propio director terminara renegando de ella. Todo por las diferentes intromisiones provocadas por Michael Douglas en su doble acreditación como actor y productor.

El citar los ataques de los leones me lleva a comentar que ambas fieras están filmadas desde muy diferentes y variados planos. Especialmente destacan aquellos que se centran en sus ojos observando con inteligencia y fiereza a sus víctimas. También hay que destacar aquella secuencia en la que llegaremos a ver a través de los ojos de uno de ellos. Por descontado, decir que todas las escenas en las que acechan y atacan salvajemente a los trabajadores y cazadores son lo mejor del film. En este sentido, atención a cuando uno de los leones cae en el vagón trampa o a la escena del hospital en la que demuestran ser más inteligentes que Patterson y Remington.

Siguiendo con los leones hay que resaltar dos aspectos: sus temibles rugidos y su representación en pantalla. Respecto a los rugidos decir que el técnico Bruce Stambler fue premiado con un Oscar de la Academia en la gala de 1997 por su trabajo de edición de sonido. Por otra banda, la representación y acciones de los leones en la película se consiguió con una hábil combinación de animales reales y animatrónicos diseñados por el equipo de Stan Winston. De hecho, y según algunas fuentes, tan sólo se empleó un león animatrónico, siendo la cinta filmada casi por entero con leones reales.

Ocupándose de la banda sonora encontramos a todo un maestro como Jerry Goldsmith. En esta ocasión, su música tiene claros tonos africanos con tambores y coros que se dejan sentir ya en los mismos créditos iniciales. Luego aporta unas composiciones claramente aventureras y con pasajes trepidantes y hasta temibles. En cierta manera me recordó a la banda sonora que compuso Alan Silvestri para la anteriormente citada ‘Depredador 2’.

“Los leones no hacen esto… lo hacen por placer”. Leones humanos.

El papel principal lo desempeña Val Kilmer como el coronel Patterson, un brillante ingeniero y un elegante y disciplinado militar. Kilmer desempeña de manera notable este papel y logra que veamos como propias las dificultades por las que pasa en Tsavo. Posteriormente, y cuando se presenta Michael Douglas, sabe pasar a un “segundo plano”. En el apartado romántico decir que comparte algunos minutos con Emily Mortimer encarnando a Helena, la esposa de Patterson. Para los amantes de las estadísticas resaltar que este fue el debut de Emily en una película para cines.

El ya citado Michael Douglas es el otro gran protagonista de la función. Aquí encarna a Remington, un cazador que arrastra una bien ganada fama de legendario. Douglas nos ofrece una performance que es todo lo contraria a la de Kilmer. Su personaje de Remington es un hombre poco aseado y “anárquico”, pero con gran carisma, experiencia y capacidad de mando y organización. Tan es así que en cuanto Douglas aparece se hace el amo de la película “desplazando” a todos los demás. Curiosamente, y pese a la gran importancia de su rol, lo cierto es que el actor no irrumpe en escena hasta pasados unos 45 minutos de metraje… y desaparece, emboscado una noche, sin decir “adiós”.

El equipo de secundarios no está nada mal. Para empezar tenemos a John Kani como Samuel, el guía local que servirá de ayuda a Patterson en Tsavo. Quizás su interpretación resulta demasiado tranquila para todos los acontecimientos que se viven en pantalla. Destacar que también hace de narrador y que casi no se separa de su bastón. Por su parte, Bernard Hill le mete mucho carácter a su papel de Hawthorne, el médico de la zona. Otro que también destaca es un entusiasta Brian McCardie como Angus, un amanerado “sacerdote” no exento de valentía y entusiasmo. Finalmente, para Tom Wilkinson va el rol más desagradable de todos. Interpreta al despótico Beaumont, el gerifalte que le encarga la obra a Patterson y que sólo tiene en mente machacar a todos para conseguir el título de “Sir”.

“Tienes razón, el Diablo ha venido a Tsavo… ¡Yo soy el Diablo!” (Remington)

En conclusión.
Termino esta crítica de Los demonios de la noche, un pequeño clásico “moderno” del cine de aventuras. Una película muy en la línea de aquellas historias que podíamos disfrutar los niños de mi generación en las grapas de ‘Joyas Literarias Juveniles’. Si, como es mi caso, eres fan de los leones, entonces, esta es una película que no te puedes perder.

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Tráiler de Los demonios de la noche