La ley de Murphy
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Charles Bronson tenía ya más de sesenta años cuando J. Lee Thompson decidió contar con él para rodar ‘La ley de Murphy’. A pesar de estar enfilando el ocaso de su carrera, este rocoso actor curtido en mil batallas aún fue capaz de darlo todo en este thriller de venganzas.

“La única ley que conozco es la ley de Jack Murphy… Es sencillísima: no se debe joder a Jack Murphy”.

Crítica de La ley de Murphy

Si hay un elemento recurrente en las películas de Charles Bronson es que, en mayor o menor medida, todas tratan de abordar temas propios de su tiempo. Por ejemplo, en el caso de la sagaDeath Wish (Michael Winner, 1974) era la ausencia de justicia en una sociedad violenta, mientras que en Kinjite (J. Lee Thompson, 1989) se tocaba el tema de la trata de mujeres y las mafias orientales.

Centrándonos en ‘La ley de Murphy’ asistimos a un thriller más personal. Un film que aborda los problemas y miserias de un policía al que todo le va mal, y donde las mujeres jugarán un papel crucial. Por un lado está su ex-mujer, una bailarina con la que él sigue obsesionado y que se convertirá en causante de su desgracia. Por el otro, una misteriosa asesina que busca destruirle a toda costa. El círculo se cierra con la aparición de una joven ratera de nombre Arabella interpretada con solvencia por la actriz Kathleen Wilhoite.

En el fondo la peli podría englobarse dentro de las buddy movies, ya que la relación que se establece entre Bronson y Wilhoite es uno de los ejes de la trama. Aunque al principio se ven obligados a colaborar juntos, será la necesidad de probar la inocencia de Murphy la que los lleve a pasar del odio al respeto e incluso al cariño mutuo. Ojo, es importante dejar claro que no hay una trama sentimental detrás de todo esto, lo cual es todo un acierto porque además de no aportar nada sería muy poco creíble ver a Bronson enamorándose de una chica tan joven. Este singular choque de trenes aporta algunos de los momentos simpáticos de la cinta, si bien puede convertirse en un lastre para buena parte de los espectadores.

En todo caso el problema de esta película es otro. No hemos de olvidar que es una producción de bajo presupuesto pero es que encima está mal aprovechado, se nota cierta dejadez y una enorme falta de recursos escénicos. Francamente, de un tipo como J. Lee Thompson, director de clásicos como ‘Los cañones de Navarone’ (1961) o ‘El cabo del terror’ (1962), uno espera bastante más incluso con un presupuesto ajustado. Hay otro punto negativo, y es que para la mayoría de nosotros Charles Bronson equivale a acción, pero en esta cinta no es el elemento predominante.

En cuanto a la villana, tenemos a una espléndida Carrie Snodgress, a la que recordamos por su trabajo en El jinete pálido (Clint Eastwood, 1985). Aquí interpreta a una psicópata que se convierte en uno de los enemigos más implacables a los que se ha enfrentado Bronson. Cabe decir que la película manda un claro mensaje a favor de la cadena perpetua, sobre todo si nos fijamos en frases como la que la asesina suelta a una de sus víctimas antes de matarla: “No deberíais haberme soltado”… Como película ochentera no esperamos otra cosa, de hecho todo va acompañado de frases lapidarias más o menos graciosas y escenas políticamente incorrectas.

Como he apuntado antes, el apartado pirotécnico y visual es flojito, con escenas oscurecidas para tapar defectos y con enfrentamientos muy simplones que poco tienen que ver con películas de desparrame tan memorables como Ejecutor (John Irvin, 1986). Es Charles Bronson y su estampa de tipo duro como el acero lo que aporta peso específico a esta película. Es una lástima, si no fuera por los defectos ya citados y por un guión que pretende contarnos demasiadas cosas en noventa minutos, estaríamos hablando de una producción notable.

Conclusión.
Termino esta crítica de La ley de Murphy, no estamos ante una de las mejores películas de Charles Bronson, para que eso fuera posible sería necesario un guión más compensado, un mejor trabajo escénico y una trama que despertara un poco más de interés. Pero tampoco es de las peores, el trabajo de Bronson es sólido y delante tiene a una villana genialmente interpretada que le pondrá las cosas muy difíciles. También tiene sus toques de humor y sus dosis de acción, sin duda es una película especialmente recomendable para cualquier fan de Bronson. Pero quien desee ver una película suya realmente buena tiene mejores opciones en su filmografía.