Están vivos
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“Se han apoderados de los corazones y las mentes de nuestros dirigentes. Los ricos y los poderosos les pertenecen. Nos han cegado con la mentira. Nos tienen controlados. Son nuestros dueños. Nos poseen. ¡Despertad! Están a vuestro alrededor y en vuestro interior”. John Carpenter presenta… ‘Están vivos’.

“¡Ponte estas gafas!”.-John Nada.

Crítica de Están vivos

Hoy recordamos un film de John Carpenter que ha pasado a la historia con independencia de su calidad global. Lo verdaderamente trascendente de ‘Están vivos’ es su poderoso e inmortal mensaje. Un mensaje que invita al público a abrir los ojos y a cuestionarse la sociedad de consumo en la que vivimos. También las élites y el dinero quedan retratados.

El individuo se convierte aquí en un borrego dormido, manipulado y controlado. Un tipo que sólo vive para ganar dinero, consumir, procrearse y obedecer. Todo esto a través de una serie mensajes subliminales establecidos por una élite desconocida. De esta forma, este grupo se va apoderando de todo y marcando el camino a seguir por la masa aborregada.

La situación descrita en los párrafos anteriores sirve para cualquier época y casi para cualquier tipo de sociedad. Ahora bien, es la sociedad capitalista y de consumo la que encaja totalmente en el perfil descrito. Una sociedad descontrolada que ha hecho del dinero a su verdadero Dios y de la indiferencia hacia el prójimo su legado.

El poderoso mensaje comentado tiene su origen en ‘Las ocho en punto de la mañana’. Este fue un breve relato escrito en los años 60 por Ray Nelson y posteriormente convertido al cómic. En el relato, un sujeto llamado George Nada despertaba de una sesión de hipnosis pudiendo ver la realidad tal cual. Una realidad dominada por los Fascinadores, unos seres reptilianos que gobernaban la sociedad.

De adaptar el cuento/cómic de Nelson se ocupó el propio John Carpenter bajo pseudónimo. El director y guionista mantiene la esencia crítica y la lleva más allá. Además, introduce el ya mítico elemento de las gafas de sol en sustitución de la hipnosis. Estas gafas son una perfecta alegoría de que estamos ciegos y no vemos la realidad que nos rodea. Amén de que son el elemento que más juego da en el film y el desencadenante de una inolvidable zurra en un callejón.

La ambientación que nos presenta Carpenter es la de una sociedad en crisis. Una sociedad claramente dividida entre ricos y pobres, ya no hay clase media. Los primeros salen por la TV repletos de vanidad en anuncios y entrevistas, y los segundos se hacinan en chabolas dormidos contemplando la caja tonta. Esta situación queda reflejada en los primeros minutos del film en los que John Nada llega a la ciudad. Carpenter aprovecha para hacer un recorrido por oficinas de empleo, obras, chabolas e Iglesias empobrecidas.

Contando con un protagonista como Roddy Piper también hay mucha acción. Casi toda ella se concentra en el segundo acto cuando Nada descubre la gran farsa. Es una acción muy deudora de su época con Piper en plan Rambo acribillando a cientos de “calaveras parlantes”. Además, Carpenter introduce con todo descaro la anteriormente citada zurra en el callejón. Esta es una interminable e increíble pelea puesta como homenaje a la condición de wrestler de Piper. En la misma podemos ver de todo: puñetazos, patadas, codazos, llaves de pressing catch, mordiscos… Ni que decir tiene que esta pelea ha pasado a la historia tanto o más que el propio mensaje del film o su iconografía.

“Ellos viven nosotros dormimos”. La invasión de los ultracuerpos.

El apartado interpretativo es lo más flojo de la propuesta. El protagonista principal fue Roddy Piper, el inolvidable Gaitero de la WWE fallecido en 2015. Tras un par de papeles intrascendentes esta cinta fue su gran oportunidad dando vida a John Nada. Su apellido ya lo dice todo, es un “don nadie” cualquiera, un hombre insignificante en busca de empleo. Tan es así que su nombre y apellido nunca se pronuncia en la película. Sólo aparece como tal en los créditos.

Lo cierto es que Piper se muestra bastante inexpresivo. “El gaitero” solo da la talla con su porte físico y en las escenas de acción. El ejemplo perfecto de su inalterabilidad es la escena en la que se pone las gafas por primera vez. Lo que debía ser un total asombro ante la increíble situación descubierta queda en dos o tres gestos y ya. Así las cosas, Piper quedó relegado a la serie B y cintas de videoclub.

Al lado de Piper los otros dos papeles importantes van para Keith David y Meg Foster. Keith David realiza la mejor interpretación en su rol de Frank, un obrero que trabará amistad con John. Lo curioso de su personaje es que empieza cargando contra el sistema y cuando John se empieza a revelar él trata de quitarse de en medio para proteger lo poco que tiene. Por su parte, Meg Foster lleva a cabo una interpretación totalmente fría y anti empática. No transmite nada como Holly, una periodista que será “contactada” por John.

Finalmente, tan sólo cabría citar dos intervenciones más o menos relevantes. La primera es la de Peter Jason como organizador clandestino de la rebelión. La segunda es la de Raymond St. Jacques como un predicador ciego cuyo sermón he utilizado en la intro. ¡Ah! si están atentos pueden ver dos fugaces apariciones de Al Leong y Tommy Morrison. El primero pegando tiros y el segundo como un joven rubio y alto de las chabolas.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Están vivos, otro film de John Carpenter que no causa indiferencia. No considero que esta sea su mejor ni más completa película. Sin embargo, su inmortal mensaje y poderosa iconografía siguen tan vigentes hoy como hace 30 años. Y mucho me temo que tardarán mucho en caducar. Háganse un favor, ¡pónganse las gafas y échenle un vistazo! Seguro que tras verla su visión del mundo que nos rodea será otra…