Conspiración de silencio
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Lo único que necesita una película para perdurar en el tiempo es una buena historia y unas grandes interpretaciones. Eso es justo lo que os presentamos hoy. Usando como base el odio que despierta la guerra en el ser humano, John Sturges dirigió esta excelente producción con un veterano Spencer Tracy como protagonista. Un protagonista que en ‘Conspiración de silencio’ deberá enfrentarse a la cobardía de los habitantes de un pueblo.

“Ningún hombre es inútil mientras tenga un amigo” (Macreedy)

Conspiración de silencio

Crítica de Conspiración de silencio

Tras el ataque a Pearl Harbor de 1941 se despertó entre los norteamericanos un profundo rencor hacia la comunidad japonesa que vivía en suelo estadounidense. Un odio que llegó a protagonizar episodios violentos en las zonas rurales más aisladas. Los ciudadanos asiáticos que vivían en Estados Unidos no eran enemigos y algunos de ellos incluso habían luchado al lado de otros norteamericanos. Sin embargo, después de la guerra fueron estigmatizados por gran parte de la sociedad como si fueran traidores. En ocasiones no era racismo sino un mecanismo de escape para liberar la rabia que sentían los estadounidenses al haber perdido a sus seres queridos en la guerra. ‘Conspiración de silencio’ es una magnífica reflexión acerca del ser humano y las consecuencias que tiene el odio en sus semejantes. 

Para escribir el guión se contó con el escritor Millard Kaufman que había combatido en Guadalcanal durante la guerra. Posiblemente por ello podía aportar una visión personal en un tema como este. Basándose en un relato corto de Howard Breslin, Kaufman consigue escribir un guión tremendamente sólido que nos muestra esta historia de intriga y redención en clave de western. Porque aunque la historia se ambiente en los años posteriores a la guerra no deja de ser un western de corte clásico. Aquí tenemos al “jinete solitario” que llega a un pueblo perdido entre las montañas y debe enfrentarse a un cacique que tiene sometido al lugar. Quizás se le podría exigir a Kaufman un mayor desarrollo de los personajes, pero todo gira alrededor del alegato contra el racismo y la xenofobia.

El director escogido fue John Sturges, que firmó una de sus mejores películas junto a clásicos más posteriores comoLos siete magníficos(1960) o ‘La gran evasión’ (1963). Es importante tener en cuenta que el presupuesto de esta película no fue nada del otro mundo. Simplemente con un puñado de grandes actores, un trabajo de exteriores excelente y un uso inteligente de los interiores, Sturges consigue un trabajo sólido que mantiene la tensión y la intriga a lo largo de todo el metraje. No hay apenas acción, ni falta que le hace. Pero cuando hay que rodar una persecución de coches por el desierto o una pelea en el bar a Sturges no le tiembla el pulso. El realizador consigue sacar petróleo con pocos recursos.

Conspiración de silencio

Obviamente hay un monstruo de la interpretación que se lleva gran parte del mérito en esta película. Me refiero a Spencer Tracy. Cuando se pensó en él para dar vida a Macreedy estaba sumido en serios problemas con el alcohol. Por si fuera poco no se encontraba cómodo ni con los escenarios donde debía rodarse la película ni con el personaje. Spencer Tracy tenía 54 años en aquel momento y no se veía interpretando a un excombatiente. Un personaje que, aparentemente, debería ser más joven, así que decidió descolgarse de la producción. En aquel momento la MGM realizó un hábil movimiento, diciéndole a Tracy que no se preocupara porque Alan Ladd había aceptado hacer el papel en su lugar, lo cual era totalmente falso. La treta funcionó y, al día siguiente, Tracy comenzaba el rodaje.

Y cosas de la vida, tras tantas reticencias resulta que Spencer Tracy está soberbio en el papel. El actor aporta el aplomo necesario para retratar a un Macreedy viejo y manco que es más de lo que parece. Como rival tiene al malo de la función interpretado por Robert Ryan, un actor que, pese a no tener una extensa filmografía, siempre fue un valor seguro. Aquí interpreta a Reno, el típico sujeto que en un momento de locura comete una barbaridad y luego se niega a asumir las consecuencias, arrastrando tras de sí al resto del pueblo. Y como todo malvado cuenta con la ayuda de dos esbirros de aspecto taciturno. Ellos son Lee Marvin y Ernest Borgnine. Hay otros secundarios que completan ese grupo de lugareños sometidos a una ley de silencio invisible, siendo el más destacable el veterano Walter Brennan.

En el aspecto puramente narrativo es interesante ver cómo Sturges orquesta toda la trama a partir de una magnífica secuencia de entrada. En la misma vemos como un tren que atraviesa un paisaje desolado se detiene en una diminuta estación. Del tren baja un hombre vestido con un traje oscuro y una mano en el bolsillo. Ya desde ese primer momento somos conscientes de que algo raro pasa en ese pueblo aunque no sepamos qué es. Este es el pistoletazo de salida de una trama donde cada escena refleja la tensión y urgencia de lo que va a acontecer. Y cuando la situación estalla lo hace de un modo excitante pero sin caer en estridencias, con una pelea en un bar entre Spencer Tracy y Ernest Borgnine que apuesta por la sobriedad en lugar del efectismo habitual.

Conspiración de silencio

Conclusión.
Finalizo esta crítica de Conspiración de silencio, seguramente habrá quien opine que ha envejecido con el paso del tiempo. Y en el aspecto puramente visual puede que sea verdad, a fin de cuentas el público actual está acostumbrado a otras cosas. Pero las sensaciones que provoca esta película y el potente mensaje que subyace en ella no han perdido ni un ápice de fuerza. La primera vez que la vi ya tuve la certeza de que estaba ante una gran película. Un drama en clave de thriller que nos permite dar un salto en el tiempo y ver hasta qué punto el odio causado por la guerra puede generar conflictos. No encontraréis persecuciones trepidantes ni peleas con grandes coreografías, pero sí tensión y altas dosis de intriga manipuladas con auténtica maestría. ¿Qué más se puede pedir?

Tráiler de Conspiración de silencio