Ciudad de mentiras
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“Las calles están a punto de bañarse de sangre cada día, y lo único que lo impide es este uniforme. No dejaré que hundas a este departamento…”. Mentiras, asesinatos, conspiraciones y corrupción. Todo vale con tal de sepultar la verdad que no interesa que salga a la luz. Cuando los que deben “servir y proteger” sólo se sirven y protegen a ellos mismos ¡las calles arden! y acabamos en una ‘Ciudad de mentiras’.

“Un asesinato así solo se queda sin resolver… si la policía no quiere resolverlo” (Russell Poole)

Crítica de Ciudad de mentiras

Casi con un retraso de ¡tres años! con respecto a la fecha en la que debió haberse visto en cines nos llega, vía Sony Pictures, directa a VOD en alquiler y venta ‘City of Lies’ (‘Ciudad de mentiras’ para España), película antes conocida como ‘LAbyrinth’. Hablamos de un film policíaco sobre los asesinatos de Christopher Wallace alias The Notoriuos B.I.G. y del rapero Tupac Shakur. Ambos rivales musicales enfrentados por obra y gracia de Marion ‘Suge’ Knight y su sello musical Death Row.

Estamos ante un más que destacable film firmado por el guionista y director Brad Furman. ‘Ciudad de mentiras’ toma mucho de los clásicos del género. No solo a nivel de investigación criminal, sino también de las marañas policiales. Imposible pasar por alto el cine de Sidney Lumet y también ineludibles films conspiranóicos como ‘Todos los hombres del presidente’ (Alan J. Pakula, 1976). Incluso, en parte, vienen a la memoria pequeños clásicos recientes comoDueños de la calle (David Ayer, 2008) o la muy rescatable ‘Dark Blue’ (Ron Shelton, 2002).

La música contiene ¡cómo no! algunas canciones originales de Tupac y Notorious con dirección a cargo de Chris Hajian. Y la fotografía la firma Monika Lenczeweska, una joven prometedora que ya había hecho una muy buena labor en ‘Message from the King’ (Fabrice du Welz, 2016) para Netflix y que le valió para lograr este trabajo.

Está claro que beber de tantas obras, hace que ‘Ciudad de mentiras’ pueda ser ciertamente previsible sin ofrecer nada nuevo. Sin embargo, lo que nos da lo hace al estilo de los años 70 en su tono de clara desesperanza. Desesperanza con los estamentos y con la denuncia de las injusticas que marcaron el cine sobre corruptelas de los 90, fuera cual fuera el departamento señalado. Además de todo eso, se apoya en un caso que levantó ampollas y mil teorías. Me refiero a los asesinatos, casi consecutivos, de dos iconos del rap de la Costa Este y Oeste. Dos caras de la misma moneda que fueron apartados de la vida en circunstancias nunca esclarecidas y nada casuales.

La dirección de Furman es bastante interesante desde el punto de vista visual. El realizador combina dos épocas diferentes y va tocando tanto el caso de los asesinatos como otros colaterales al mismo. Además ubica la historia claramente posterior al escándalo de Rodney King y al nacimiento de la operación Rampart (resulta curioso que el film nos llegue no mucho tiempo después del muy parecido caso sobre George Floyd). Todo esto conviene tenerlo en cuenta antes de visionar la película puesto que la hace ganar puntos.

Sin duda, plasmar un libreto con tantos puntos de interés y ramificaciones hace que si uno no eleva la duración por encima de las dos horas, o hila muy fino en la sala de edición, quede material en el tintero. Más que menos eso sucede aquí. Nos lo cuentan todo en menos de dos horas y, lógicamente, hay hechos en los que no se ahonda. No obstante, se sueltan perlas realmente tremebundas en forma de diálogos que valen por todo el film. Entre ellas la de la introducción o la que suelta Poole sobre los intereses de la policía de LA en resolver el caso. Sin embargo, eso no quita para ponerle un “pero” a Furman como director. Furman no entra en explicarnos realmente a personajes que son importantes y que no tienen ni una sola línea de diálogo. Para colmo, cuando hablan la música ahoga sus frases.

En cuanto a la acción… no se dejen engañar por el tráiler. Aquí la mayor parte es pura investigación, ya sea en el presente o como la que nos lleva desde las Navidades de 1996 a 1998, la época en la que los casos de Poole estuvieron abiertos. Hay una breve persecución al comienzo haciendo aparición Lyga (Shea Wigham), un personaje clave para el devenir del relato. Posteriormente contamos con algunos momentos fugaces de tiros… pero todo en tono realista, nada por la pirotecnia barata. Además, se combinan imágenes “cinematográficas” con otras reales sobre los asesinatos de Tupac y Wallace. Esto le da una veracidad a lo narrado aún mayor. El culmen se alcanza en una secuencia clave donde la verdadera madre de Christopher Wallace aparece interpretándose a sí misma.

En las interpretaciones, sin ser un reparto de nombres gloriosos, contamos con algunos conocidos y otros que parecían olvidados. Además de una recreación de personas reales que estuvieron involucrados en la investigación que narra la película. Johnny Depp aparece prácticamente desde el primer minuto y es el eje de todo. Interpreta a Russell Poole, un tipo al que pasaron por encima los años y acabó tan metido en el caso que arruinó su vida y su salud. Muy buena su labor y su química con Forest Whitaker (Jackson). Eso sí, el cómo se gesta su amistad es algo forzado. Jackson acude una vez a su casa y Poole lo echa. Luego vuelve y ya quieren ser amigos… Whitaker se va entonando cuanto más y más conoce su personaje a Poole y las grietas de su vida. Sin duda, otra buena labor la suya.

En el apartado de secundarios se supone que aparece Michael Paré pero debe ser muy fugaz porque yo no lo recuerdo. Los que sí tienen sus buenos minutos son Xander Berkeley como el jefe de la AWD, la agencia donde trabaja Jackson. Peter Greene da vida al Comisario Fasulo, sentando bebiendo y de risas. Por último, roles importantes para Toby Huss como el compañero de Poole (el detective Miller), Dayton Callie como el Teniente O´Shea y un casi imperturbable Obba Babatundé como el jefe de policía. Este último solo tiene una secuencia de diálogo en toda la película pero muy relevante.

“No sabes de lo que es capaz la policía de Los Ángeles” (Russell Poole)

En resumidas cuentas.
Concluyo esta crítica de Ciudad de mentiras, un film que intenta y logra arrojar algo de luz entre las numerosas sombras que acechaban los asesinatos de Tupac y Biggie Smalls, y que ponía en clara tela de juicio a la policía de LA. Una cinta que merece ser vista y que pudo llegar más alto si hubiese pulido algunos detalles. Interesante y con buenas interpretaciones por parte de Johnny Depp y Forest Whitaker.

Tráiler de Ciudad de mentiras