Annie
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En 1977, se estrenaba en Broadway el musical ‘Annie’, la conmovedora historia de una niña huérfana que es adoptada por un multimillonario con malas pulgas. Pocos años después, el director John Huston dirigió esta adaptación a la gran pantalla. Se trata de la adaptación más memorable hasta la fecha.

«Annie, tú eres especial» (Oliver Warbucks)

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Crítica de Annie

Hollywood tiene una larga tradición en lo que a musicales se refiere. Buena muestra de ello es esta adaptación de la exitosa obra teatral ‘Annie’, estrenada en 1977. La historia del huérfano que suspira por encontrar un hogar no es nueva. Basta con recordar el también musical ‘Oliver’, basado en la novela de Charles Dickens y llevado al cine en 1986 por la directora Carol Reed. ‘Annie’ guarda algunas similitudes con ese pequeño huérfano acogido por delincuentes, pero la tierna relación que se establece entre la pequeña huérfana y el multimillonario gruñón busca un tono más amable.

El objetivo de la película parece muy claro: mostrar la redención que puede significar el amor cuando el dinero es lo único que valoras. No obstante, creo que estamos ante una película que cumple sus objetivos de un modo parcial. Comento esto porque, a pesar de resultar entrañable en general, también adolece de ciertos problemas conceptuales.

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Empecemos diciendo que el trabajo de la jovencísima Aileen Quinn, apenas tenía once años al rodarse la película, es excelente a pesar de cierta rigidez gestual. Salvando las distancias, existen claras referencias a esa estrella precoz que fue Shirley Temple, pero claramente hablamos de un perfil que se aleja de otros niños prodigio hollywodienses. Digamos que la tremenda confianza que transpira el personaje de Annie contrasta con el hecho de que sea una huérfana que suspira por encontrar un hogar. Y es un problema porque desdibuja, en cierta medida, su difícil existencia. Al final terminamos pensando que es ella la que está rescatando al adulto millonario y no al revés. Para mitigar ese efecto se cuenta con el personaje de la señora Hannigan, interpretada con gran solvencia por Carol Burnett. La actriz consigue definir la complicada línea que nos lleva a odiar o querer a un personaje.

Obviamente, la vida de Annie transcurre entre otras niñas que también suspiran por encontrar a unos padres. Esto se aprovecha para ofrecernos temas ya memorables como: “Tomorrow” o “It’s a hard knock life”. Estas canciones, si bien tienen el cálido toque de los musicales, intentan retratar el día a día de unas niñas que no tienen a quien las quiera. No olvidemos que la acción transcurre en la década de los 30, durante la Gran Depresión. Es justo ahí donde mejor encaja el personaje de la señora Hannigan, una mujer codiciosa que sólo quiere a las niñas para mejorar su estatus social. Y para lograrlo hará lo imposible, aunque eso suponga pasar por encima de sus sueños.

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El papel de Oliver Warbucks recae en Albert Finney, un actor de gran ductilidad. Creo que, a pesar de no ser la mejor opción de casting, consigue sacar los matices necesarios para que el personaje funcione. Llegado este punto, otro problema que se plantea es que el opulento mundo donde se mueve Warbucks opaca, en buena medida, la búsqueda de Annie en pos de un hogar. No olvidemos que estamos hablando de una superproducción que no reparó en gastos. Esto, unido al hecho de que un millonario ostentoso no debería ser bien visto en una sociedad que se muere de hambre, convierten la trama en una farsa de excesos y buenas intenciones. Al final tan sólo el niño que llevamos dentro nos permitirá pasar de puntillas sin ver el truco.

No olvidemos que, a fin de cuentas, estamos hablando de un musical. Precisamente, son sus números musicales y canciones los que se llevan el protagonismo. Algunas de esas canciones son nuevas por exigencias del guión, pero en general podemos asegurar que se respeta en gran medida el estilo tan propio de los musicales de Broadway. Es curioso porque John Huston no parecía la mejor opción para dirigir un musical. De hecho, fue el único de su carrera. Pero los grandes realizadores saben torear en cualquier plaza y él lo hizo. Huston logra una historia tierna y entrañable donde un adulto y una niña consiguen encontrar la felicidad con algo tan sencillo como el amor.

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Conclusión.
Concluyo esta crítica de Annie, un film que vi siendo un niño y me gustó mucho. Con el paso de los años he conseguido disfrutarla nuevamente, aunque seguramente la nostalgia y los buenos recuerdos tengan algo que ver con ello. Pero me fascina la energía que desprende, la magia y la suntuosidad de su puesta en escena. Y también los números musicales que nos ofrece. A pesar de sus errores de planteamiento, y de algunos conceptos que no terminan de funcionar, creo que es un musical que merece la pena disfrutar.

Tráiler de Annie

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