[•REC] 4
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Dos años han transcurrido desde el estreno de ‘[•Rec] 3: Génesis’ para que Jaume Balagueró, esta vez en solitario, retome una de las franquicias más exitosas del cine fantástico nacional en una última entrega que promete dar solución a todo lo expuesto en las primeras películas de la serie. En estas circunstancias llega ‘[•REC] 4′, la que promete ser la secuela más espectacular de la saga. ¿Lo habrá conseguido Balagueró?.

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Crítica de [•REC] 4

Corría el año 2007 cuando Jaume Balagueró y Paco Plaza, cineastas cuyos primeros pasos en el cine fantástico dieron lugar a producciones más que destacables como lo fueron ‘Los sin nombre’ (1999) y ‘El segundo nombre’ (2002) respectivamente, sorprendieron a lo largo y ancho del territorio cinematográfico patrio con un sobrecogedor film que, si bien retomaba conceptos y temáticas ya habituales del cine de terror, insufló una bocanada de aire fresco dentro del panorama fantástico español gracias a un –relativamente– innovador procedimiento de filmación: el mockumentary o “falso documental”. Técnica que en alguna ocasión ya fue utilizada en el Hollywood de los 90 –en concreto, con el film ‘El proyecto de la bruja de Blair’–, pero que fue recuperada para nuestros intereses cuando aún no se trataba de un enfoque tan explotado como lo es actualmente. Por supuesto, nos referimos a ‘[•Rec]‘ ([•Rec], Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), una película surgida como una idea prácticamente experimental pero que sorprendió a propios y extraños gracias a su asombroso realismo, a sus elevadas dosis de violencia explícita, a una narración y ritmo sorprendentemente ágiles, y a una perturbadora atmósfera todavía difícil de igualar en una pantalla de cine. El éxito del film fue tal que, con el paso del tiempo, se convirtió poco menos que en un fenómeno social –a la película no sólo le llegarían dos estupendas secuelas, sino que además se lanzaron al mercado varios libros y cómics ilustrados que profundizaban en los secretos de la trama–, traspasando incluso nuestras fronteras con un par de remakes Norteamericanos bastante prescindibles.

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En aquella ocasión, Manuela Velasco encarnaba a la periodista Ángela Vidal, una reportera de un programa nocturno de televisión que se adentra en el día a día de una central de bomberos para retratar la metodología de trabajo y los peligros a los que se deben enfrentar estos valientes profesionales. Pero todo se complica cuando reciben el aviso de un incidente surgido en un céntrico inmueble de Barcelona. Tras adentrarse en el edificio, el equipo de reporteros y los bomberos se percatarán de una verdad aterradora: algunos vecinos se han convertido de manera inexplicable en unos seres agresivos e incontrolables. Se trata aparentemente de una infección vírica que se propaga a través del contacto con la sangre y otros fluidos de los infectados. A partir de ese instante la misión del equipo de bomberos y de Ángela será sobrevivir e intentar escapar a toda costa de un edificio que ha sido cercado y puesto en cuarentena. Todo ello vivido en primera persona desde la perspectiva del cámara que acompaña a la reportera.

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La película, arropada por un guion plagado de incógnitas que el espectador debería de resolver libremente, recaudó en España casi 9 millones de euros por un presupuesto de no más de millón y medio de la misma moneda (la recaudación mundial fue de 32,493,000 dólares). Había nacido una nueva franquicia. De este modo llegarían ‘[•Rec] 2’ ([•Rec] 2, Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2009) y ‘[•Rec] 3: Génesis’ ([•Rec]3: Génesis, Paco Plaza, 2012). La primera de ellas, una estupenda –aunque sensiblemente inferior– continuación que mantenía el tono y las bases del primer film, pero en esta ocasión incidiendo aún más si cabe, y de un modo muy acertado, en el factor más actioner de la situación al incluir en la trama a un grupo de GEOS en detrimento de los bomberos de la primera película, integrando de este modo el terror en un entorno mucho más propicio para la acción. Pese a algunos altibajos de ritmo y varios personajes totalmente prescindibles, esta notable secuela supuso un paso importante para la saga al aclarar algunas incógnitas clave (el origen demoníaco del virus, o más información sobre la niña Medeiros, el paciente cero), aunque generaba otras aún más enrevesadas que, teóricamente, iban a resolverse en la siguiente secuela. No fue el caso, ya que ‘[•Rec] 3: Génesis’ narraba una serie de acontecimientos –una boda asediada por el virus del mal– que transcurrían de forma paralela a lo relatado en las dos primeras películas, rompiendo la línea continuista con aquellas otras. Esta tercera entrega volvería al método tradicional de filmación, dejando por primera vez de lado la perspectiva de ‘cámara en mano’ para trasladarnos a una efectiva y muy gamberra comedia negra plagada de referencias al mejor cine gore de los 80/90. Pero ante las peticiones de los fans y los evidentes cabos sueltos que quedaron sin atar, el realizador Jaume Balagueró anunció que la última película de la franquicia recuperaría el hilo argumental de las primeras entregas para aclarar las muchas cuestiones que aún quedaban en el aire. Ese proyecto tendría como título ‘[•Rec] 4: Apocalipsis’, y sería dirigido, esta vez, por el propio Balagueró en solitario.

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Y efectivamente, el apocalipsis llegó pese a que Balagueró decidió a última hora eliminar ese rótulo del título definitivo, aunque el apocalipsis irrumpe con fuerza pero en forma de decepción. Y es que el film no sólo carece de todo aquello que ha convertido [•Rec] en una de las franquicias más exitosas y lucrativas del cine español de los últimos tiempos, sino que además hablamos de una secuela que no aporta absolutamente nada nuevo a lo ya narrado anteriormente. O lo que es lo mismo: el realizador y su co-guionista Manu Díez ni se molestan en seguir avanzando en la historia para esclarecernos de una vez por todas los secretos del extraño virus del mal, su procedencia y por qué llegó exactamente hasta nosotros. Ni tan siquiera se dignan en cerrar la película de forma racional –quizás con perspectivas a rodar una nueva secuela que, esta vez, sí haga honor al título de ‘Apocalipsis’, así como una pre-cuela que sea capaz de poner las piezas en su sitio– a tenor de un final tan increíble como inverosímil. Si a ello le sumamos varias incongruencias y contradicciones que residen en la trama y que no hacen sino plantearnos aún más dudas si cabe, llegamos a la conclusión de que se ha desaprovechado por completo una mitología sumamente interesante que fue construida de forma sólida tanto en [•Rec] como en [•Rec] 2, pero que no ha sido capaz de progresar y evolucionar desde la primera de las secuelas. Queda de este modo patente que esta nueva película se ha filmado sólo por encargo, dejando de lado la pasión y modestia que se transmitía en los trabajos anteriores para optar por el derrotero de lo “facilón” y de lo superficial pese a contener una premisa argumental a priori seductora y con cierto potencial.

Y es que puestos a ofrecer un producto más comercial de lo que eran las dos primeras entregas, el hecho de situar a la protagonista principal en un entorno diferente bien podría haber servido para habernos deleitado con un film que incidiera en la liberación del virus hacía el mundo exterior, lo que habría servido para mostrarnos un verdadero y espectacular apocalipsis en lugar de situar la acción en un barco donde, para colmo de males, la falta de iluminación y de espacio conllevan a otro grave error: resulta totalmente inapreciable lo que sucede en pantalla.

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Primeros planos gravemente cerrados, un montaje ultra-acelerado y unos movimientos de cámara verdaderamente violentos no sólo impiden contemplar con un mínimo de coherencia lo que está sucediendo ante nuestros ojos, sino que por momentos es recomendable apartarlos de la pantalla para evitar el tremendo caos que por momentos invade la película, algo que ni tan siquiera sucedía en los dos primeros films pese a su condición de ‘mockumentary’. Así pues, ‘[•Rec] 4’ no es más que un intento de seguir estirando el chicle de una saga que estaba funcionando perfectamente para derivar en una película intrascendente y fallida que ni tan siquiera funciona como un producto de terror relativamente efectivo, ya que apenas contiene chispas que realmente transmitan tensión, horror o situaciones de claustrofobia con un mínimo de constancia pese a la descarada intención de Balagueró de imitar –sin éxito– al ‘Alien’ de Ridley Scott. Tan sólo en muy determinados momentos –el instante en la sala de máquinas, algunas secuencias en la cocina o el breve clímax final en la cubierta– el barco se transforma en el verdadero y necesario protagonista de la trama al tornarse el film en un ejercicio puntualmente opresivo y asfixiante. Un camino que Balagueró no ha sabido conservar a lo largo de los 85 minutos de metraje al preocuparse más por mantener la estela de epopeyas menos interesantes como ‘Resident Evil’, que de seguir el sendero marcado por las primeras películas de la serie.

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En cualquier caso, y como he afirmado unas líneas más arriba en esta crítica de [•REC] 4, la cinta amaga funcionar puntualmente en determinadas secuencias que, desafortunadamente, se quedan a medio camino entre lo sorprendente y lo reiterativo. Tampoco podemos pasar por alto la buena labor actoral de Héctor Colomé como el Dr. Ricarte y de Manuela Velasco, de nuevo, como la reportera Ángela Vidal, la cual nos recuerda muy vagamente a una especie de ‘Ripley a la Española’. Un metraje ajustado que hace que el film se pase volando y no dé lugar para el aburrimiento. O unos maquillajes que vuelven a estar a la altura de las circunstancias –no sucede lo mismo con ciertos efectos digitales que nos sacan totalmente de la película–. Pero todo se diluye en la nada como consecuencia de un planteamiento completamente fallido, unos intérpretes –alguno de ellos francamente horrible, como es el caso de Paco Manzanedo como el agente Guzmán– que traspasan la línea de la sobreactuación, o una evolución argumental absolutamente vacía, convierten esta cuarta entrega de [•Rec] es un film del que sólo cabe destacar, para bien o para mal, un sólo plano: el surrealista momento final, el cual nos da esperanzas de que la historia pueda continuar y de un modo mucho más interesante que el de esta deficiente propuesta de Balagueró en solitario. Porque como decíamos al principio, el Apocalipsis, como rezaba el subtítulo de la película, finalmente ha llegado devastando un film que podría haber dado mucho más de sí pero que, finalmente, se ha quedado en nada. Una verdadera lástma.

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