A pesar de que Quentin Tarantino ha plasmado a la perfección su estilo y personalidad en Death Proof, como película ha llegado a defraudar más de lo previsto. Violencia dura pero escasa, personajes carismáticos pero desquiciantes, frases inundadas de palabrerías y diálogos absurdos e interminables. Película extraña y confusa para gran parte del público, ya que no resulta sencillo entender la esencia del film y lo que el director quiso transmitir con él. Recomendable sólo y exclusivamente para fans muy acérrimos de Tarantino, Kurt Russell y el cine casposo de Serie B.
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