Capitán América: La muerte de Jack Monroe
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Comentario de Capitán América: La muerte de Jack Monroe

Cuando conocí allá por finales de los años 80 a Jack Monroe, lo conocí como Bucky Barnes. No el Bucky original, pero si el Bucky de los años 50. Al principio como el Capi lo rechacé. Luego y pese a su inconsciente traición inicial supe perdonarle y guardarle un pequeño trozo de mi corazón. Al poco adoptó el disfraz del Nómada ayudando al Capi en lo que podía, pero estaba claro que más temprano que tarde tendría que ir en busca de su destino… Ahí fue dónde le perdí la pista… hasta ayer en… Capitán América: La muerte de Jack Monroe.

“Es triste darse cuenta ahora… pero, ¿Qué ha sido Jack Monroe más que la sombra de otros hombres?”.-Jack Monroe.

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Valoración.
No tengo por costumbre reseñar cómics de una sola grapa, pero con este número voy a hacer una excepción, porque en mi modo de ver estamos ante un cómic de gran importancia en la historia reciente del Capitán América. Este número fue en su momento un “interludio” a la saga de “El Soldado de Invierno”, y en su interior tiene lugar el final de un personaje que fue bastante importante en la vida de Steve Rogers allá por finales de los años 80. Un personaje que luego adquirió personalidad propia y llegó a contar con algunas series limitadas. Me refiero a Jack Monroe más conocido como “Nómada”.

Jack Monroe era un joven de los años 50 apasionado por las aventuras del Capitán América original que permanecía desaparecido (Steve Rogers). En esa época se juntó con uno de sus profesores universitarios que también estaba obsesionado con la figura de Rogers. El profesor logró replicar la fórmula del súpersoldado y ambos dieron vida al Capitán América y Bucky de los 50. Sin embargo, la fórmula del suero no fue replicada exactamente y terminaron por ir perdiendo la razón hasta que acabaron encerrados en las instalaciones del gobierno en estado de animación suspendida.

Con la ayuda de SHIELD, Monroe pareció recuperarse, sin embargo, Cráneo Rojo lo manipuló mentalmente para debilitar y envejecer a Steve Rogers para una última batalla con su otro yo: el Capitán América. Pasados estos acontecimientos, Steve Rogers cogió bajo su tutela a Monroe y terminó de formarlo. Steve le entregó su traje original de “El Nómada” (traje que usó el propio Rogers cuando dejó de confiar en la administración americana) y ahí empezaron sus aventuras en solitario o con otros superhéroes.

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Centrándome ya en este cómic publicado por Panini en España en mayo de 2006 cabe decir que lo que tenemos entre manos es el final de Jack Monroe, ni más ni menos (ahora bien, siempre caben “resucitamientos” de última hora muy habituales en el Universo Marvel). El cómic resulta franca e intencionadamente triste, desgarrador y trágico. En este sentido, Ed Brubaker consigue con su guión un trabajo excepcional logrando una empatización total con el personaje, y consiguiendo en todo momento que el lector sienta como propia su triste vida y destino. Tema distinto es que Jack Monroe mereciera otro final.

Brubaker también aprovecha la narración en primera persona de Monroe para ir repasando todos aquellos sucesos que fueron parte importante en la vida del personaje. Y, al mismo tiempo vamos asistiendo a su degradación física y mental provocada fundamentalmente por la “corrupción” del suero de supersoldado que un día le dio poderes.

Pero si en la parte escrita es dónde este cómic tiene su máximo esplendor, no puedo decir lo mismo de los dibujos de John Paul Leon. No me gustan, y salvo algunas viñetas aisladas, considero que no son los apropiados para dar vida visualmente a un cómic de superhéroes que requiere bajo mi punto de vista de otros estilo más dinámico y detallado.

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Conclusión.
Este es un número sencillamente imprescindible para todos los amantes de las aventuras del Capitán América. Aquí se pone punto y final a la vida de Jack Monroe, un tipo que fue muchos pero que en realidad no fue ninguno. Nunca te sentirás más cerca de él que con este desgarrador cómic. ¡Adiós señor Monroe! quizás hubieras merecido un destino mejor. Si, quizás si… ¡que te vaya bonito!