Yo, Tonya
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Margot Robbie se lanza a su mayor apuesta hasta la fecha: interpretar a la controvertida figura de Tonya Harding, patinadora olímpica que fue acusada del asalto a Nancy Kerrigan, su competidora más directa. Detrás de las cámaras, el director Craig Gillespe maneja esta ácida comedia de aquel suceso y nos muestra la realidad de Tonya Harding en… ‘Yo, Tonya’.

“La sociedad crea ídolos para luego odiarlos”.-Tonya Harding.

Crítica de Yo, Tonya

Resulta muy arriesgado que una actriz como Margot Robbie se haya tirado a la piscina para interpretar uno de los roles más polémicos que pueden dar las historias deportivas reales y recientes: la de Tonya Harding, una mediática patinadora olímpica que, a pesar de las adversidades de su vida, jamás dejó atrás su pasión por el patinaje sobre hielo. Harding fue parte del equipo olímpico americano de patinaje que fue a las Olimpiadas de los Juegos de Invierno. Sin embargo, sus éxitos se vieron empañados por la controvertida y polémica trama de Nancy Kerrigan, su compañera y rival.

Nancy Kerrigan (Caitlin Carver en el film) era miembro del equipo de patinaje y pugnaba por ser la mejor con Tonya Harding. La trama de su asalto fue todo un disparate: al parecer, unos asaltantes pillaron a Kerrigan desprevenida y la lesionaron, obligando a los entrenadores a darle el puesto a Harding… pero aun así, Kerrigan consiguió sobreponerse y le dejaron una segunda plaza vacante en el equipo olímpico para los Juegos de Lillehammer 1994. Allí competiría contra el resto de patinadoras de otros países y contra la propia Tonya. Finalmente, Harding y su ex-esposo fueron condenados, aun a sabiendas que la historia no llegó a estar del todo clara… Y ahora Margot Robbie se lanza, junto con un Craig Gillespie que se separa del Hollywood actual, para meterse de lleno esta ácida comedia que lleva, a su propio estilo, esa parte de la vida Tonya Harding.

‘Yo, Tonya’ es una mirada muy mordaz, no sólo de la figura de Tonya Harding, sino también del modo de pensar de los jueces de las diversas competiciones que hay en los Estados Unidos. Jueces a los que Tonya no caía bien, a pesar de su gran talento, por su comportamiento tan agresivo y su desastroso pasado y familia. Todo eso no era una buena publicidad para el país en una gran competición como son los JJOO de Invierno. Craig Gillespie refuerza enormemente este tono crítico e irónico, sobre todo, con el uso de la técnica de “romper la cuarta pared” (los protagonistas principales hablando directamente al espectador) y con las falsas entrevistas realizadas a los personajes, que es donde se encuentran, junto con el apartado interpretativo, las mejores bazas de la película.

Margot Robbie (nominada al Oscar por este rol) demuestra un enorme desparpajo y fuerza en un papel difícil que podía haber caído en la histeria más absoluta… pero la actriz consigue una grandiosa interpretación y una tremenda caracterización como la Tonya real. Además, Robbie se encuentra apoyada enormemente por Sebastian Stan (Jeff, el marido) y Allison Janney (LaVona, la madre de Tonya), ambos metidísimos en sus respectivos personajes, y que acompañan y elevan todavía más el tono ácido de la cinta. Especialmente, desatacar a Allison Janney, que ganó el Globo de Oro gracias a este personaje tan basto y con el que convierte en oro puro todas las secuencias junto a Margot Robbie, especialmente, cierta escena donde claramente le expone los motivos por los que no debería haberse dedicado al patinaje.

Si acaso, es bien cierto que el tono impuesto por el propio Gillespie (y por el guion de Steven Rogers) termina convirtiéndose en un arma de doble filo, ya que el film acaba dando ciertas vueltas sin llegar al meollo de la situación (por ejemplo, las idas y venidas de su matrimonio con Jeff podían haberse resumido un poco), aunque, afortunadamente, a la película no se le puede achacar ningún bajón de ritmo. En este sentido la dirección es muy acertada.

También es tremendamente destacable el uso de la canción “Gloria” (Laura Branigan) en aquellos momentos de fama que tuvo Tonya Harding, especialmente porque, como insistimos, refuerza ese tono sarcástico del film sobre el mundillo del patinaje sobre hielo.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Yo, Tonya. Esta es una de las sorpresas del 2017, un film bastante sólido con un director que consigue dotarlo de una enorme carga irónica respecto al mundo del patinaje deportivo. Amén de dar a Tonya Harding un aire tragicómico gracias a la labor de Margot Robbie, que es capaz de hacernos empatizar con una figura tan polémica como esta. Sin olvidarnos tampoco de Allison Janney, en uno de los roles más tremendos y brutos del pasado año.

Tráiler de Yo, Tonya