Snake Eyes (Ojos de serpiente)
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“En los dados, cuando al tirar te sale un uno en cada dado, se le llama ojos de serpiente. Es la tirada perdedora, la más baja de la partida”. Rick Santoro era el rey del mundo en Atlantic City, un detective corrupto que disfrutaba de la gran vida. Todo hasta que un día decidió hacer lo correcto en el momento más inoportuno. Cogió los dados y decidió ir a por la partida, pero la suerte no estaba de su parte y solo recibió ‘Snaje Eyes (Ojos de serpiente)’.

“¡Ya llega el dolor, llega el dolor!” (Zietz)

Crítica de Snake Eyes (Ojos de serpiente)

‘Snake Eyes’ surgió gracias al éxito de crítica y público que supuso Misión Imposible (1996) para el director Brian De Palma y el guionista principal de aquella, David Koepp. La unión de ambos ya había resultado ganadora en 1993 con la épica cinta de gánsteres ‘Atrapado por su pasado’. Ambos se pusieron aquí manos a la obra para escribir su trilogía conjunta, que acabaría firmando Koepp en solitario como guionista con una aportación de De Palma en la historia.

Con ‘Snake Eyes’ De Palma culmina, junto a David Koepp, lo que llamaremos su “trilogía de la traición” (las dos películas anteriormente citadas y esta), en donde al poder de la corrupción humana, la mentira y el engaño hacen acto de presencia. Al mismo tiempo, gracias a la recaudación mundial, el film se puede considerar el último éxito (bastante raspado) de taquilla de su director y la colaboración que marcó (hasta la fecha) el final de su relación laboral con Koepp.

Una vez terminado el libreto, la Paramount adquirió sus derechos por la tremebunda cantidad de once millones de dólares, lo que de entrada llevó al film a ser presupuestado en más de 75 millones de $. La mayor parte del presupuesto se fue al bolsillo de Nicolas Cage (Rick Santoro), quién cobraría cerca de 25 millones por esta película, y es que por esos años Cage se encontraba en la cima de su carrera y no pisaba un set de rodaje por menos de veinte kilos.

El film se rodó entre agosto y octubre de 1997 en Montreal (Canadá). Su estreno en cines fue el 7 de agosto de 1998, logrando un nº2 en la primera semana de su lanzamiento, tan sólo por detrás de Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg). El recorrido comercial en salas de ‘Snake Eyes’ fue de 103 millones de dólares en todo el mundo.

La crítica, en el momento de su estreno, de nuevo cargó duramente contra De Palma por considerar ‘Ojos de serpiente’ un mero ejercicio de estilo, lo que vulgarmente llamaban “onanismo cinematográfico”, término que muchas veces se ha usado para menospreciar la filmografía de su director, por sus claras preferencias hacia el aspecto visual y técnico de sus películas antes que al guión.

En ese aspecto, la mayor parte de la atención se la llevó el plano-secuencia que presenta a todos los personajes (algunos de ellos fuera de plano) y que luego será retomado (hasta en tres ocasiones) desde diferentes puntos de vista. Dicho plano secuencia no fue tal, tiene truco. Para conseguirlo tuvieron que rodarlo hasta seis veces y contiene tres cortes imposibles de identificar. Todo esto según afirmó el propio De Palma en el ensayo sobre su obra de Samuel Blumenfeld y Laurent Vachaud, ‘Brian De Palma por Brian De Palma’.

El trabajo de dirección de De Palma en este film, al igual que el de Cage como actor, está puesto al servicio de la historia. Es decir, aunque podría existir una manera más clásica de filmar (y protagonizar) esta película, la manera en la que De Palma resuelve el misterio, y presenta los alicientes que motivarán el engaño, es lo que hacen que el film termine siendo visualmente apabullante, para lo bueno (sus fans, los amantes del cine negro tradicional) y para lo malo (sus detractores y los críticos).

La cinta, como todas las de su cineasta, sí uno analiza fríamente tiene un aire entre Alfred Hitchcok y Orson Welles, de éste último toma claramente la imprescindible ‘Ciudadano Kane’ (1941) y, sobre todo, ‘Sed de mal’ (1958). Visualmente, De Palma visita todos los lugares comunes del cine negro para deconstruirlos a los ojos del protagonista, un tipo que aspira a presidir una ciudad (Atlantic City) incapaz de mantenerse en pie, una pústula de corrupción, al igual que nuestro “héroe”… para la historia quedan sus minutos finales, desfigurado, andando casi sin poder mantenerse en pie y en busca de la verdad definitiva. Una verdad que, al mismo tiempo, amenaza con destruir su mundo levantado sobre un castillo de naipes.

Precisamente al “héroe” de la función lo interpreta un inmenso Nicolas Cage, perfecto para el rol que le toca, ojo a su vestuario y a sus ya archiconocidos arranques de sobreactuación, aquí puestos al servicio de la historia. A su lado encontramos a Gary Sinise, que también parece haber nacido para dar vida al Comandante Dunne, un tipo de aspecto impecable, y que creía tener la aprobación y admiración de Santoro en todo lo que hacía, hasta que se dio cuenta que no todo vale con tal de llegar alto.

Mucha importancia también para Carla Gugino, actriz por aquel entonces bastante desconocida para el gran público y que tiene a su cargo un papel bastante complicado, ya que debe cargar en sus hombros con el peso de ser el “mcguffin”. De Palma lo sabe y le da una caracterización brillante, vestida de blanco y con una peluca rubia, para que el espectador repare en ella al mismo tiempo que Santoro y Dunne, además de ser un personaje fácil de situar una vez que se intente “camuflar” entre el público.

El resto de papeles de relevancia del film van para John Heard (Powell), Luis Guzman (Cyrus), Stan Shaw (Tyler) y Kevin Dunn (Logan). Destacar, sobre todo, a Stan Shaw en su rol de Tyler, el campeón y máximo favorito del evento, ya que un gesto suyo durante el combate hará despertar en Santoro todas las sospechas, además de hacerle perder mucho dinero de las apuestas.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Snake Eyes (Ojos de serpiente), quizá el último gran ejercicio De Palma en lo más alto de Hollywood antes de Misión a Marte (2000). Después de estas ya no volvería a trabajar para un gran estudio, buscando financiación extrajera o independiente para sus siguientes películas. Se nota en ella que De Palma todavía tenía mucho que decir, al mismo tiempo que seguía disfrutando al revisar su obra. ‘Snake Eyes’ quedó para la posteridad como un placer culpable de su director que no engaña a nadie que conozca mínimamente su carrera.

Tráiler de Snake Eyes (Ojos de serpiente)