Robocop 3
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Problemas financieros de la productora ‘Orion Pictures’, un planteamiento infantilizado, la baja del indispensable Peter Weller, un guión indigno para un icono del fantástico, y un Frank Miller que estalló en furia tras el espantoso resultado final, sólo fueron algunas de las circunstancias que convirtieron Robocop 3 no sólo en la peor película de la franquicia, sino también en una de las terceras partes más insípidas y fallidas del cine de género y en la secuela que sepultó para siempre a Robocop en pantalla grande.

Robocop 3

Crítica de Robocop 3

Por más que un servidor ha intentado brindarle reiteradas oportunidades a Robocop 3, la cruda realidad es que la película resulta cada vez más mala con cada visionado. Porque esta tercera entrega del magistral film que en su día dirigió Paul Verhoeven, el cual ya fue seguido por una estupenda secuela titulada ‘Robocop 2’ (Robocop 2, de Irvin Kershner. 1990), no sólo deshonra a uno de los personajes más impactantes e icónicos del cine fantástico, sino que también goza del honor de poder considerarse una de las peores terceras partes que se recuerden. Por lo menos de todas aquellas que llegaron a la pantalla grande.

Varios fueron los motivos que convirtieron ‘Robocop 3’ en un constante espanto. Una hecatombe de grandes proporciones que un mito como Robocop no se merecía y que propició su definitivo entierro cinematográfico.

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Para empezar, la productora ‘Orion Pictures’ comenzó a verse afectada por graves problemas financieros desde finales de los años 80 hasta principios de los 90. Sólo películas como ‘Robocop’ o ‘El silencio de los corderos’ (The Silence of the Lambs, de Jonathan Demme. 1991) impidieron la quiebra de la compañía, la cual intentó explotar el personaje de Robocop con una secuela en 1990 con la intención de sanear las arcas. Desafortunadamente la taquilla no terminó de acompañar a ‘Robocop 2’, aunque su tremendo éxito en el mercado del VHS ayudó a que la productora siguiera al pie del cañón. Pero aquello no era suficiente, por lo que ‘Orion’ necesitaba de un gran éxito de taquilla de forma inmediata. Fue entonces cuando en 1991 el film de Jonathan Demme dio un gran respiro a la empresa a tenor de los 273 millones de dólares de recaudación en la taquilla mundial. El gran hándicap fue que la deuda de ‘Orion’ ascendía hasta los 510 millones de dólares, por lo que aquel éxito apenas pudo solventar los graves problemas económicos de la productora/distribuidora. De este modo los productores optaron por seguir viviendo de las rentas del film de Verhoeven rodando una tercera entrega de ‘Robocop’ pese al resbalón que supuso en taquilla ‘Robocop 2’, con la esperanza de lograr un segundo éxito de taquilla consecutivo en el 91.

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Para ello contrataron de nuevo al historietista Frank Miller para que se hiciera cargo del guión, el cual aceptó la propuesta pese a los problemas que tuvo con ‘Orion’ durante el proceso de pre-producción de ‘Robocop 2’. Como recordarán, aquella segunda entrega fue damnificada por una agresiva reescritura del guión original que Miller elaboró, quedando el artista sumamente descontento con el resultado final, aunque parece ser que no lo suficiente a tenor de su involucración en la segunda de las secuelas. Por otra parte se contrató al realizador y también guionista Fred Dekker para que se hiciera cargo de la dirección de la película. Hasta ese momento Dekker contaba en su currículum con interesantes joyas del género fantástico, como fue el caso de ‘El terror llama a su puerta’ (Night of the Creeps, 1986) o ‘Una pandilla alucinante’ (The Monster Squad, 1987) como realizador; y ‘House, una casa alucinante’ (House, de Steve Miner. 1986) como guionista.

Pero todo se complicó cuando la productora comenzó a correr grave peligro de disolución por impagos. A partir de ese instante, ‘Robocop 3’ se convirtió en la única esperanza de una ‘Orion’ que necesitaba de manera urgente otro éxito de taquilla, y esto afectó sobremanera a la película, la cual pasó a ser una apresurada solución de emergencia para una productora más preocupada por subsanar su economía, que por cuidar los aspectos fundamentales que convirtieron a Robocop en el icono que es y al film original en un éxito.

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Así pues, el violento e interesante guión que Miller había escrito para ‘Robocop 3’ volvió a ser modificado por completo por sugerencia del propio Dekker, que aconsejó a los productores convertir Robocop en un producto para toda la familia con el fin de ampliar el ratio de edad permitida de los espectadores para acceder a las salas. De este modo los niños y adolescentes podrían asistir también al cine a ver la película, que dejaría atrás su calificación de +18 para pasar a un PG-13 excesivamente light. Sería el propio Dekker el que se encargaría de reescribir el libreto, dando lugar a una verdadera devastación que quedaría reflejada tanto en el ridículo guión final como en el planteamiento de la película. El ‘universo Robocop’ tal y como lo conocíamos hasta ese momento había sido fulminado.

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No hace falta decir que Frank Miller se sintió tan ninguneado y coartado creativamente que, tras sus dos frustradas experiencias con Robocop, decidió apartarse del mundo del cine de manera casi permanente, llegando incluso a odiar a la industria de Hollywood.

A todo ello debemos sumar la ausencia de Peter Weller, que hastiado del personaje que le dio la fama decidió irse a rodar ‘El almuerzo desnudo’ (Naked Lunch, de David Cronenberg. 1991), siendo sustituido por un poco carismático Robert Burke que hizo lo que pudo con el material que le ofrecieron. Además el film se vio claramente afectado por un considerable descenso en su presupuesto, lo que convirtió el producto final en una propuesta técnicamente limitada y por momentos incluso chapucera, algo que podemos apreciar a lo largo de todo un metraje salpicado con efectos especiales y escenas de acción muy escasas y de poca categoría. Y es que por tal de abaratar costes, ‘Orion’ optó por filmar un producto de estética barata y ‘look’ televisivo antes que una tercera entrega a la altura de lo que merecía el personaje.

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Pero sin duda, e independientemente de todos estos problemas, si hay algo que debemos de reprochar a la cinta por encima de cualquier otra cosa es su infantilización, su ridículo guión y su banal planteamiento. La intención de convertir la película en una secuela netamente comercial para todos los públicos significó la eliminación de toda la narración cruda y agresiva tan característica de las películas anteriores y tan necesaria para plasmar en pantalla una Detroit cada vez más demente. Si bien aún se mantiene en el contexto del film una ligera carga socio-política, ésta se expone de forma poco menos que banal y simplista. Porque al fin y al cabo lo que interesaba no era seguir la estela triunfal de las dos primeras películas, sino amasar todo el dinero posible y utilizar la cinta como mero vehículo promocional para vender mejor el merchandising de Robocop. Serán bastantes planos los que muestren de forma descarada al espectador a la pequeña protagonista del relato, Nikko (Remy Ryan), sosteniendo entre sus manos un muñeco de Robocop en una clara intención de llamar la atención del público más joven.

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Lo triste del asunto es que el argumento resulta interesante, pero desgraciadamente quedó totalmente desdibujado y desperdiciado por un Dekker posiblemente tan atormentado como los dueños de la ‘Orion’. Cabe destacar el curioso batiburrillo que el propio Dekker imprime a su guión, en el cual se rescatan multitud de elementos que Frank Miller había escrito originalmente para su versión de ‘Robocop 2’ y que quedaron ausentes en aquella secuela, sumados a otros nuevos conceptos ideados por Dekker. De este modo, ‘Robocop 3’ recupera la subtrama principal que debíamos haber visto en la secuela de 1990 y que fue sustituida por la droga ‘Nuke’: los desahucios y violentos desalojos de familias enteras de sus hogares, así como la narración de la guerrilla entre algunos ciudadanos rebeldes y los sanguinarios rehabilitadores de la OCP. Desafortunadamente esto no se muestra en pantalla con la fuerza y la garra que debiera, quedando todo reducido a unos cuantos tiroteos y altercados de poca monta.

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También se recupera a la niña huérfana Nikko, según Dekker una experta hacker-informática de ocho años de edad capaz de reprogramar con un ordenador portátil (¡¡!!) tanto a un temible ED-209 (en un vergonzoso y caricaturesco pero divertido cameo, todo hay que decirlo), como a los robots-ninja ‘Otomo’ (¡sin necesidad de conectarse a ellos!), dando lugar a una de las situaciones más delirantes, ridículas, espantosas e increíbles de toda la saga. Nikko se convertirá en la protegida de Robocop, una niña que encuentra en la figura del robótico policía el padre que le arrebataron, mientras que Murphy encuentra en la pequeña una prolongación de su familia y una persona a la que consigue coger afecto. En el guión original de ‘Robocop 2’, esta pequeña aparece sólo en dos secuencias sin más protagonismo, mientras que en el film se trata de un personaje metido con calzador con la finalidad de captar la simpatía, de nuevo, del público juvenil.

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Por otra parte, Miller ya nos dejó entrever al final de su cómic ‘Frank Miller´s Robocop’ que una corporación japonesa se haría con buena parte del poder de la OCP, algo que se recupera en el guión de esta tercera entrega. Además se nos mostrará la nueva arma que Robocop debió haber usado en ‘Robocop 2’, una efectiva ametralladora-lanzagranadas que se acopla a su brazo derecho. Todo ello queda embutido en el a priori interesante argumento de ‘Robocop 3’, el cual narra el dilema al que se ve sometido Murphy una vez que los agentes rehabilitadores asesinan a su compañera Lewis (de nuevo Nancy Allen en un final totalmente indigno para su personaje), algo que motiva a Robocop a ponerse del lado de los rebeldes e ir en contra de la OCP, ocasionando cierta confusión en un Murphy que no es capaz de asimilar dos directrices que se contradicen a tenor de los últimos acontecimientos: las de defender la ley y proteger al inocente.

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Pero a pesar de sus directrices, Robocop en este film sigue demostrando la suficiente capacidad como para tomar decisiones, y es que su parte humana predomina sobre el metal y los cables. Su alma aún existente en sus escasos gramos de carne inunda irremediablemente la parte mecánica.

Como pueden comprobar lo que la historia narra es realmente interesante, pero no del modo en el que Dekker la cuenta. Porque la película, además de verse impregnada por una atmósfera y ambientación propias de un subproducto descuidado, se encuentra maltratada por un guión risible inundado de un continuo humor absurdo (con unas líneas de diálogo y unos personajes terribles que provocan verdadero estupor al espectador). Esto sumado a una sucesión de incomprensibles situaciones plagadas de excesos (Robocop atrapando una bala con sus dedos, Robocop siendo intervenido del corazón en un almacén totalmente falto de medios y de profesionales, Robocop volando con un ‘jetpack’…), a unos efectos especiales precarios, a un desarrollo sumamente falto de ritmo y interés por su simplicidad, y a unos villanos cibernéticos de pega que más que provocar tensión originan risas, convierten la película en un triste y espantoso final para un personaje que no merecía acabar así.

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Lo único que podemos rescatar de la cinta es que, pese a todo, no aburre en ningún momento. Además resulta interesante el hecho de que ‘Robocop’ decida actuar deliberadamente contra la OCP con la ayuda de la doctora Marie Lazarus (Jill Hennessy). Pero especialmente destacable resulta la recuperación de la banda sonora original de Basil Poledouris, algo que por otra parte nos recuerda irremediablemente al film de Verhoeven. Qué tiempos aquellos.

‘Robocop 3’ se filmó en 1991 pero finalmente se estrenó en 1993 debido a la crisis de la productora, ‘Orion Pictures’, que no consiguió los medios económicos suficientes para distribuir la película en la fecha prevista. El film, que contó con un presupuesto de 23 millones de dólares, recaudó en USA sólo 10 millones de la misma moneda, lo que acabaría por dar el golpe de gracia a un personaje que no volvió a recuperase desde entonces.

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En resumidas cuentas

Resumiento esta crítica de Robocop 3, pese a tratarse de una tercera entrega que no aburre, se puede considerar sin muchos problemas como una de las peores secuelas jamás filmadas. La superficialidad se apodera sin compasión de todo un relato que podría haber dado mucho más de sí. Pero debido a un planteamiento infantilizado, a un guión irrisorio totalmente distorsionado por la crisis financiera de ‘Orion’, a un cúmulo de momentos realmente delirantes impropios de un personaje como Robocop, y a unos efectos especiales realmente infumables, la película se convierte en una simple chorrada que, pese a su existencia, sería mejor olvidar cuanto antes.