Ready Player One
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¿Eres de los que naciste a principios de los 70 y disfrutaste con todo lo que la cultura popular nos fue ofreciendo en las décadas siguientes?… Si la respuesta es afirmativa, entonces, no tienes excusa para entrar en OASIS, seleccionar un avatar y empezar a jugar a… ‘Ready Player One’.

“La realidad es lo único que es real”.-Samantha.

Crítica de Ready Player One

‘Ready Player One’ significa el regreso del gran Steven Spielberg al cine de ciencia-ficción, un género que no tocaba desde que en el año 2005 estrenara ‘La guerra de los mundos’, y un género cinematográfico en el que se siente como “pez en el agua”.

Para este “comeback”, Spielberg ha sido muy inteligente, basándose en la obra de Ernest Cline, escritor especializado en la sci-fi y fan declarado de las películas del cineasta. Y para dejarlo todo atado entre ambos… el propio Cline se ha encargado de escribir el guión junto a Zak Penn. El resultado es una notable película de aventuras en la que Spielberg puede dar rienda suelta a toda su imaginación y espectáculo visual sin ningún tipo de ataduras ni límites.

La estructura del film es muy clara y muestra una división radical entre dos mundos: el de la realidad diaria de la zona de “Las dos torres” (Ohio) en el que vive el joven protagonista (Wade), y el fantástico y virtual de OASIS en el que pasa horas jugando transformado en Parzival, su avatar. Ambos mundos son absolutamente contrapuestos. La recreación de “Las dos torres” presenta un mundo empobrecido donde las caravanas se apilan en torres de desechos industriales, neumáticos y coches desguazados; todo esto en una imagen muy similar a las favelas brasileñas. En cambio, OASIS nos muestra un universo propio de las consolas de última generación en el que todo es posible: desde conducir el DeLorean de Michael J. Fox, pasando por conseguir miles de ítems a canjear en el mundo real o hasta ser perseguido por el mismísimo King Kong… En palabras de uno de los protagonistas: “Puedes hacer cualquier cosa, ir a cualquier parte”.

Ambos mundos se van intercalando en una narración totalmente lineal, pasando más tiempo en OASIS y siendo este el principal atractivo del film, y es que OASIS es toda una golosina para los que, como es mi caso, tenemos más de 40 años. Comento esto porque la cantidad de guiños a la cultura popular que empezó a finales de los 70 es total. Aquí la imaginación de Cline y Spielberg se desata y es posible encontrarse literalmente con cualquiera: Batman, Goro, el Gigante de Hierro, el ya mencionado King Kong y muchísimos más que no citaré… a algunos los veremos más o menos de refilón y otros tendrán una presencia más activa. A todo esto también hay que sumar frases destacadas de otros films y muchos ítems/lugares reconocibles…. Gran parte (o toda) la diversión de la película es ir descubriendo todo lo que OASIS oculta.

Teniendo en cuenta lo expuesto, es muy claro que ‘Ready Player One’ entra de lleno en la categoría de todas estas películas y series actuales realizadas “a trabajo hecho”, es decir, espectáculos que viven descaradamente de la labor de otros “atacando” el punto débil del público: el factor nostalgia. Esto es innegable y cabría preguntarse qué sería del film sin todo lo anterior… Esta es una de las mayores críticas que se pueden hacer a la cinta. La otra es que el videoconsolero aspecto de OASIS tiene fecha de caducidad, es decir, todo en este mundo luce como los mejores videojuegos actuales, pero todos sabemos lo rápido que evolucionan las tecnologías… y los “gráficos” de hoy mañana estarán obsoletos…

Por otro lado, la “trama” no puede ser más sencilla configurando la cinta como una aventura de videojuego en toda regla. Una aventura en la que los protagonistas deben resolver tres misiones diferentes a modo de carreras y puzzles. Todo para conseguir las tres llaves que den acceso al huevo de pascua final. Ahora bien, dejando al margen esta superficialidad, su auténtico mensaje es más profundo y mucho más duro, ya que en el script se viene a denunciar lo sometida que se encuentra la sociedad actual al respecto de la tecnología, especialmente de los dispositivos móviles (aquí sustituidos por OASIS). Basta con realizar un simple viaje en Metro para ver a casi todos los pasajeros pegados como zombies a las pantallas de sus móviles y demás… sin prestar atención a la verdadera realidad que les rodea. Triste, desolador y tan cierto que me hace volver a traer la frase que he usado en la introducción: “La realidad es lo único que es real”.

La película se completa con una aventurera BSO de Alan Silvestri que también incluye muchos guiños al pasado fácilmente reconocibles, por ejemplo: el “Faith” de George Michael o el “Saturday Night Fever” de los Bee Gees.

“¡Que empiece la búsqueda del huevo de Pascua!”… Regreso al futuro.

Al respecto de las actuaciones hay que decir que el trabajo de los protagonistas principales es doble. Por un lado representan en el mundo real a su personaje y, por otro lado, doblan la voz de sus correspondiente avatares. En ambos aspectos hacen un buen trabajo pero destacan más en el mundo virtual por la espectacularidad del entorno y las aventuras. Los que más brillan son la pareja protagonista: Tye Sheridan que lo hace bien retratando a Wade, un joven que todo su disfrute lo vuelca en su avatar, Parzival, que le sirve de vía de escape de su triste realidad. A su lado está Olivia Cooke que, con total merecimiento, por fin logra meterse en un film de gran resonancia comercial. Ella es Art3mis/Samantha y es la que más empatía nos trasmite en ambos mundos, tanto vocal como físicamente. Los amigos de ambos son interpretados por Lena Waithe que brilla más poniendo la voz a Aech que como Helen, el jovencito debutante Philip Zhao como Sho y Win Morisaki como Daito.

En el resto del casting nos encontramos con Mark Rylance dando vida (con un pelucón imposible) a James Halliday. Rylance se mueve bien en este registro del que ya es todo un especialista, esto es: interpretar a tipos serios e introvertidos. El villano principal es Ben Mendelsohn, que recrea con Sorrento al típico maloso falso y déspota, el jefe de la poderosa IOI que quiere hacerse con la herencia de Halliday. T.J. Miller pone voz a I-R0k, su esbirro y uno de los avatares más temidos. Por su parte, Hannah John-Kamen literalmente fotocopia el papel de dura esbirra interpretado por Sylvia Hoeks en Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017). Y, finalmente, la presencia de Simon Pegg queda reducida a muy pocos minutos como Ogden Morrow, el mejor amigo de Halliday.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Ready Player One, una aventura que será saboreada, principalmente, por todos aquellos que crecimos en las inolvidables décadas de los 80 y 90. Seremos este tipo de público los que cogeremos todos sus homenajes y nos emocionaremos al recordarlos. El resto de espectadores más jóvenes “sólo” verán ante sí una muy entretenida película.

Tráiler de Ready Player One