Quicksilver
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Bicicletas, mensajeros y brokers. Así podríamos resumir esta película ochentera protagonizada por un jovencísimo Kevin Bacon. Un drama sobre el valor y la amistad que traslada la acción a las calles de San Francisco a golpe de pedal, esto es… ‘Quicksilver’.

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Crítica de Quicksilver

La verdad es que estamos ante una película muy especial en cuanto a la temática que aborda. Por un lado tenemos la típica historia de brokers y finanzas que en los años ochenta se puso tan de moda, ya no sólo con títulos como Wall Street’ (Oliver Stone, 1987) sino también en comedias hilarantes del estilo de Entre pillos anda el juego’ (John Landis, 1983). Y luego está el trasfondo dramático que trata de ahondar en las desventuras de un puñado de personajes socialmente desubicados a los que une una misma pasión, en este caso las bicicletas.

Quizás en la temática tenemos el primer problema, porque esta película escrita y dirigida por Tom Donnelly no consigue encontrar su sitio. El guión es francamente interesante porque se adivina lo que pretendía lograr, pero a medida que avanza la historia vamos teniendo la inequívoca sensación de que lo relevante deja paso a lo visual en un claro intento de vender el producto. Es algo que se hace realmente molesto, porque cada vez que se presenta alguna situación con chicha cortan para dar paso a una persecución o alguna escena gratuita, como el concurso callejero de cabriolas sobre ruedas, siempre a ritmo de música. Digamos que, por momentos, en lugar de ver una película parece que estemos viendo un videoclip de la MTV.

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Los actores no tienen la culpa, de hecho es justo reconocer que están bastante bien en sus papeles a pesar de que no les dejan ir a más. Especialmente Kevin Bacon, recién llegado a la fama tras el estreno de  ‘Footloose’ (Herbert Ross, 1984) y que aquí no puede trabajar su personaje, sus angustias y anhelos, como sin duda hubiera querido. Hay una escena en concreto, cuando tras perderlo todo decide decírselo a sus padres, que es todo un ejemplo de lo que Bacon podría haber dado de sí con otro planteamiento. También está un joven Laurence Fishburne dando vida a un mensajero que se dedica a transportar droga para el camello local, igualmente desaprovechado tras haber demostrado tablas con El color púrpura’ (Steven Spielberg, 1985).

Además, encontramos todos los clichés típicos de las producciones ochenteras, por ejemplo el amigo fiel que te presta 15.000 dólares como si fuera calderilla o el colega de profesión, en este caso un tal Héctor, cuyo sueño es colgar la bicicleta para abrir su propio puesto ambulante de perritos calientes. Claro, sin olvidar a la chica desvalida que cae en malas manos y debe ser salvada por el protagonista, interpretada por Jami Gertz que más tarde rodaría ‘Cruce de caminos’ (Walter Hill, 1986) con Ralph Macchio. Como digo todo es muy típico y tópico, aunque funcionaría si en lugar de desvirtuarlo se trabajara mejor.

Pero el problema es que no conseguimos ver la conexión entre Jack y sus padres, que desaparecen durante casi todo el metraje, ni entendemos por qué insiste en renunciar a su profesión de broker para jugarse el pellejo circulando en bici por las calles a cambio de dos duros. Sí, al principio busca libertad y olvidar los errores del pasado, pero… ¿para siempre? Y esto en realidad no es otra cosa que la evidencia de que lo que en principio iba a ser un melodrama terminó siendo un producto videoclipero, eso sí, con unas persecuciones en bici y unos numeritos muy majos de los que crean afición.

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Conclusión.
Recuerdo que cuando vi esta película de pequeño lo pasé en grande viendo las carreras en bicicleta, a pesar de entender que era una locura jugarse el cuello circulando de ese modo por entre los coches. Desgraciadamente eso es lo que al final te queda, y quizás también el buen trabajo de unos jóvenes actores que, gracias a películas como esta, tuvieron ocasión de demostrar su valía. Pero en general puedo decir en esta crítica de Quicksilver que estamos ante una producción muy justita que por no dar más importancia a ciertos elementos falla demasiado como para poder recomendarla.