Poltergeist 3
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Existe un dicho, bastante alejado de la realidad, que dice: “Segundas partes nunca fueron buenas”, a lo que habría que añadir: “Pero las terceras, fueron mucho peores”. Y desde luego, ‘Poltergeist 3’ (titulada en España como ‘Fenómenos extraños III’) no es precisamente la excepción que confirma la regla. Miremos ya a la cara a los motivos de este fracaso…

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Crítica de Poltergeist 3

Esta tercera entrega de la franquicia iniciada en 1982 acumula todos los ingredientes y estándares genéricos de la mayoría de las terceras partes, siendo su finalidad sólo una: estirar el chicle hasta el máximo, aunque no haya nada nuevo que contar, para vivir de las rentas del pasado. No obstante, resulta curioso el status de culto que, con el paso de los años, ha adquirido la película entre los seguidores del fantástico. Pero no precisamente por su calidad, sino más bien por la leyenda negra que se oculta tras la accidentada producción como consecuencia de la muerte de su joven protagonista, Heather O’Rourke, que falleció antes de que los productores dieran la orden de filmar algunas escenas alternativas del final de la película una vez completada la fotografía principal de la misma, y que tuvieron que ser interpretadas por una doble de O´Rourke (hecho por el que a Carol Anne no se le ve el rostro en algunas secuencias del último tramo del metraje).

Este eterno halo de misterio y siniestralidad que ha rodeado a la cinta desde antes de concluir su rodaje, sumado a su radical alejamiento estético/visual con respecto a sus predecesoras, convierten ‘Poltergeist 3’ en una pieza, desde luego, peculiar. En cualquier caso no se dejen engañar: estamos ante una mala e innecesaria secuela que intenta alargar una historia ya inocua de forma poco convincente. Porque, como sucede en la inmensa mayoría de las terceras entregas de muchas películas pertenecientes al género fantástico, la finalidad de la cinta no es otra que intentar aprovechar el factor nostalgia y exprimir la gallina de los huevos de oro para llamar la atención de un espectador posiblemente ya hastiado de los Poltergeist, de Carol Anne y de los Freeling.

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Quizás por ello, y sin explicación alguna, el guionista decidió prescindir de los actores originales de las dos primeras películas con el pretexto de que la pequeña Carol Anne se marcha a vivir con sus tíos (¡…!), los cuales residen en un lujoso rascacielos de cristal ubicado en Chicago. Llegados a este punto, resulta imposible no burlarse del asunto para, entre mofas y risas, llegar a la conclusión de que los padres de la pequeña están tan cansados de ella y de los espíritus que asedian a la familia que no han tenido reparos en deshacerse de la pobre Carol Anne y echarla a patadas de su idílico hogar. Pero, ¿cómo es posible que después de lo que ha pasado la pobre niña, la manden a vivir con sus tíos cuando el mensaje de las dos primeras películas radicaba precisamente en el amor y en la eterna unidad familiar? ¿Por qué nadie toma en serio a Carol Anne y la tachan de desequilibrada, si los terribles acontecimientos de Cuesta Verde tuvieron que ser objeto de una evidente repercusión mediática? Cosas de las terceras partes, claro. Esas terceras entregas que no tienen reparos en violar las películas anteriores y en re-abrir finales ya totalmente cerrados y conclusos, motivo por el cual vuelve a aparecer un ya tedioso y, por momentos, risible reverendo Kane (esta vez interpretado por el actor Nathan Davis tras el fallecimiento de Julian Beck) para llevarse, de nuevo, a Carol Anne en una premisa argumental tan reiterativa como poco estimulante.

El dinero siempre es el dinero, hecho por el que tras los muy justificados 41 millones de dólares que recaudó sólo en USA Poltergeist 2: El otro lado (Brian Gibson, 1986), la MGM puso en marcha esta tercera entrega para dejarla en manos del realizador Gary Sherman, un cineasta experto en efectos ópticos que siete años atrás había dirigido con acierto un pequeño clásico del cine fantástico titulado ‘Muertos y enterrados’ (1981). Sherman no sólo dirigiría la película con un presupuesto estimado de 10 millones de dólares, sino que también se encargaría del guión y de la producción ejecutiva. Eso sí, siempre ciñéndose a una estricta pauta que le exigieron los mandamases de la productora: llevar a Carol Anne a un ambiente totalmente distinto al de las dos primeras películas. Y es aquí donde el film flojea en exceso, porque es bien cierto que se agradece el intento de imprimir un aire nuevo a la serie alejándola por completo de la ambientación y localizaciones de las dos primeras películas, pero, por otra parte, se pierde por completo esa inquietud y deliciosa atmósfera provocada por el hecho de encontrarnos en un espacio mucho más limitado, como sucedía anteriormente. Esto no sería del todo un problema si el realizador hubiera sabido aprovechar este nuevo entorno urbano, el cual podría haber dado mucho más juego del que se nos muestra en el film. Desafortunadamente, Sherman no sabe sacar provecho de un edificio repleto de elementos interesantes y muy sugerentes para un film de terror como pueden ser: los ascensores, las escaleras, los largos pasillos, sótanos, espejos…, tirando finalmente por el derrotero de lo facilón y de lo efectista a través de momentos que, si bien están correctamente filmados, caen en la más absoluta y triste redundancia, por no llamarlo plagio.

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Y es que algunas de las secuencias supuestamente “estrella” y más terroríficas de la película (un garaje helado en donde los vehículos cobran vida propia, un frigorífico de carne en el que los animales resucitan, un ascensor con problemas de funcionamiento…) se encuentran directamente sacadas de otras películas del género de terror, quedando patente que la originalidad de ‘Poltergeist 3’ brilla por su ausencia y que la cinta se filmó sin alma ni interés, más allá del económico. Es una lástima porque, a pesar de que la idea de llevar a Carol Anne y a los fantasmas a otro ambiente distinto, repito que no es mala… pero un guión plagado de incoherencias y una forzada premisa argumental que no convence absolutamente a nadie, indican que estamos ante una secuela oportunista del montón (con una puesta en escena que, por momentos, recuerda a la de un caro telefilme, todo sea dicho) más que ante una buena entrega de Poltergeist.

A lo anterior debemos añadir un reparto para nada acertado en un espantoso error de casting, con unos Nancy Allen y Tom Skerritt totalmente perdidos y muy desafortunados en sus interpretaciones. Por no hablar de unos diálogos pueriles y de una serie de reacciones impropias dentro de un contexto como el que se vive en la película (amén de un incomprensible y absurdo amago de revolcón que el uno le propone al otro, como si tal cosa, antes de la resolución final y de haber rescatado a su sobrina). Tampoco ayuda un Nathan Davis cuyo reverendo Kane carece de todo aquello que lo convirtió en el elemento más perturbador de la segunda entrega, entre otros motivos, por culpa de un realizador que satura al espectador con continuas e intrascendentes apariciones del personaje a través de espejos y reflejos durante todo el metraje, restando cualquier atisbo de tensión o sorpresa. O el regreso de Zelda Rubinstein como Tangina, un personaje ya nada interesante cuyos diálogos bochornosos inciden, por enésima vez, en el amor y en la unidad de la familia para derrotar al mal. Todo ello, sumado a una sosa partitura musical de Joe Renzetti excesivamente rudimentaria, termina por derrumbar una película de la que sólo podemos rescatar unos cuantos FX bastante interesantes, algunos efectos ópticos muy prácticos con los que Sherman saca partido de los espejos del edificio, y unas decentes actuaciones de una joven Laran Flynn Boyle y de la malograda Heather O´Rourke (que ya se encontraba enferma durante el rodaje de la película, motivo por el que su rostro se ve visiblemente afectado a consecuencia de la fuerte medicación).

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Poltergeist 3, una tercera entrega de usar y tirar, afectada por los cánones de las secuelas de consumo rápido y donde la mediocridad, el aburrimiento y la reiteración conceptual arruinan un producto totalmente innecesario y olvidable. La película recaudó en USA poco más de 14 millones de dólares, lo que supuso un sonoro fracaso artístico y de taquilla que daría lugar al enterramiento definitivo de la saga. No obstante, un último apunte y curioso apunte: a principios de los años 90 se llegó a contemplar la posibilidad de filmar una posible ‘Poltergeist 4’, que no iba a ser otra cosa que una que precuela que narraría los orígenes del predicador Henry Kane y la secta religiosa que este fundó, y cuyo protagonismo recaería sobre los antepasados de la familia Freeling en una película totalmente vinculante con los dos primeros films de la franquicia.

Tráiler de Poltergeist 3