Piratas del Caribe: En mareas misteriosas
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“Es cierto que la fuente te pone a prueba Gibbs, pero es mejor no saber qué instante será el último. Cada partícula del propio ser queda expuesta al misterio infinito de la existencia. ¿Y quién dice que no vaya a vivir para siempre? Yo no tengo ni voz ni voto Gibbs, mi vida es la de un pirata”.

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Crítica de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas

Después del final abierto que nos dejó la cinta anterior, ¿qué podíamos esperar?… Jerry Bruckheimer quiso aprovechar el tirón de las masas para introducir (con calzador) una cuarta entrega. Una secuela donde el protagonista absoluto fuese el Capitán Jack Sparrow. Pero, en esta ocasión, Gore Verbinski ya no sería el encargado de dirigir la película. Según él, la falta de control creativo sobre la saga, entre otros factores, le hicieron retirarse. En lugar de Verbinski se decantaron por Rob Marshall, responsable de las adaptaciones a la gran pantalla de los musicales ‘Chicago’ (2002) y ‘Nine’ (2009). Sin duda, una decisión ciertamente desconcertante.

En relación a lo anterior, resalta el bajón en la dirección llevada a cabo por Marshall comparada con Verbinski. Se nota bastante la diferencia entre ambos, aunque intentaran que no se viese tan evidente. Marshall no tuvo ni voz ni voto a la hora de elegir el elenco protagonista. Pero si es el responsable de sacar lo mejor de ellos, cosa que no consiguió, al menos con parte de los actores. No obstante, hay ciertos personajes como Jack Sparrow o Barbossa que ya son parte indiscutible de la película y no podrían desentonar.

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‘En mareas misteriosas’ es un film que parece hecho con prisas y sin un guión claramente definido. El film es salvado especialmente por Johnny Depp, haciendo lo de siempre con su personaje. También luce Ian McShane que, sin mucho esfuerzo, clava el rol de villano sin escrúpulos. Penélope Cruz parece estar en otra película. Cada vez que ella aparece en pantalla al espectador le invade una sensación extraña, como de que algo no encaja. Por más que lo intenten, y a pesar de que Depp y Cruz ya se conocían de haber rodado juntos ‘Blow’ (Ted Demme, 2001), su química en pantalla es escasa.

Por otro lado, el argumento carece de una estructura. Al revés de las mejores entregas de la saga, aquí que nuestros amigos consigan o no su propósito, o que Jack escape de los malos importa bien poco. Incluso el propio Jack es algo incongruente con su forma de actuar. No hay más que verlo haciéndose pasar por un juez para salvar de la horca a Gibbs, su fiel lugarteniente, para luego abandonarlo, aunque salva el hecho de que le entrega su brújula, aquella que apunta a lo que más desees.

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En lo relativo a la acción, de nuevo tenemos un pastiche de secuencias ya vistas con anterioridad. Algunas están pésimamente insertadas. Por ejemplo: aquella en donde Jack debe de escapar del almirantazgo británico, o el ridículo momento del barco péndulo sólo salvado por el tremendo aplomo de Geoffrey Rush, apareciendo para salvar al film del tedio con su Barbossa convertido en corsario gracias a sus servicios para la corona. No obstante, es de justicia resaltar lo bien resuelto que está el asedio de las sirenas a los marineros. Ahí destaca la sonata que entonan y cómo nos son mostradas. También brilla la forma en que Sparrow es transportado a la fuente de Ponce de León. No obstante, ese mismo momento acaba volviéndose ridículo cuando todos los personajes que han tenido un cierto protagonismo van apareciendo en la fuente como si salieran del humo del programa ‘Lluvia de estrellas’.

Por su parte, Hans Zimmer esta vez nos deja con un sabor un tanto agridulce. Esto se produce porque con el fin de suplir ciertas carencias de guión o de actuación han metido música hasta en momentos innecesarios o inapropiados. Todos hemos disfrutado de esta maravillosa BSO ¿y quién no? pero bien sabemos que el exceso puede llegar a pesar.

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Respecto al casting decir que contamos con nuevas incorporaciones. De entre todas, la más importante es Ian McShane que interpreta a Edward Teach, más conocido como Barbanegra. Él es el capitán de La Venganza de la Reina Ana y el pirata al que todos los bucaneros temen. Un malvado con poderes de vudú que utilizará para manejar a la tripulación a su antojo. Además es capaz de reducir navíos en botellas, los cuales colecciona en su camarote a modo de trofeo. McShane es, sin duda, el mejor de los fichajes de esta entrega. El actor lleva el peso como nuevo villano de la saga. Además es el primero en no mostrar ningún tipo de sentimientos, por mínimos que sean. Esto es algo que lo diferencia de Barbossa o Davy Jones.

En estas nuevas incorporaciones destaca el grupo de españoles: Penélope Cruz (Angélica), Óscar Jaenada (el Español) y la joven Astrid Bergès (Syrena). Penélope Cruz asume el papel de Angélica, hija del Capitán Teach, y dedicada en cuerpo y alma a salvar la vida de su padre con el agua que pretenden encontrar en la fuente de la juventud. Y no sólo eso, además es una ex-amante de Jack Sparrow, lo que da cierta vidilla a su personaje gracias a los constantes desplantes y bromas por parte de Jack hacia ella. Para ser justos debemos mencionar a Mónica Cruz, que fue la doble de su hermana durante gran parte del rodaje. Esto fue debido al embarazo de Penélope, algo que con el paso de las escenas podemos notar sin ninguna duda. Todo a pesar de haber rodado sus secuencias con sumo cuidado… evitando mostrarla o tapándola con ropajes holgados.

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Oscar Jaenada, por su parte, es un visto y no visto. Tan es así que si no hubiese aparecido nadie le hubiera echado de menos. No obstante, necesitaban que los ingleses no fuesen los malos de la película por una vez. Por ello, se encargaron de que los españoles asumieran esa culpa… asignándoles el papel de religiosos y supersticiosos despreciables. Un rol, en parte, que la cultura española se ha ganado con el paso de los años.

Astrid Bergès interpreta a Syrena, una sirena un tanto diferente al resto. Al contrario que sus compañeras, llega a rescatar a un marinero en lugar de asesinarlo. Se nota bastante que la actriz no contaba con el suficiente rodaje como para destacar en una superproducción como esta. A pesar de todo, y gracias a su rostro angelical, tampoco pasa desapercibida. Además es el foco central en cierta parte del metraje.

Por otro lado, contamos con la incorporación de Sam Claffin (Philip), un misionero que Angélica mantiene con vida por intentar salvar el alma de su padre. Philip acabará enamorándose de Syrena, algo que se torna evidente cuando ésta le rescata de morir. Ambos pasan a sustituir a la mítica pareja de William Turner y Elizabeth Swan, intentando generar la misma empatía que ya tenía más que ganada la anterior pareja. No obstante, y desde mi punto de vista, simplemente son una distracción más o menos pasable, desde luego más creíble que el personaje de Angélica o que el grupo de españoles.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, una cinta que intenta por todos los medios llegar a la altura de las anteriores. Pese a haber recaudado buenas cifras globalmente se quedó corta y los espectadores se negaron a pasar por el aro. No siempre mayores cantidades reflejan la calidad y es un hándicap que se cumple fielmente en esta entrega. A pesar de todo, siempre encontramos pequeños faros de luz que sacan a “Mareas Misteriosas” de la oscuridad. Acción para casi todos los públicos pero con una historia un tanto enrevesada. Una historia que va quedando plagada de insensateces que sólo los toques de humor y algunas escenas logran redimir.

Tráiler de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas