Misery
Comparte con tus amigos










Enviar

En 1987 Stephen King publicó una novela que rápidamente llamaría la atención de la industria del cine. Versaba sobre un escritor que después de sufrir un brutal accidente de tráfico despertaba en la casa de una de sus mayores fans… descubriendo con el tiempo que ésta es una auténtica demente que no sólo esta obsesionada con uno de sus personajes de ficción, sino que también se declara enamorada de él. Pero ¿cómo huir, si estás invalido? Si antes escribía para vivir, ahora deberá hacerlo si quiere seguir con vida. Bienvenidos a la crítica de Misery.

Misery

La trama: Hola, me llamo Annie Wilkes, y soy tu mayor admiradora.
El señor Shelton es toda una celebridad literaria. Su saga de libros ‘Misery’ causa furor entre el publico femenino. Gracias a ellos ha conseguido una privilegiada posición social y económica, y puede permitirse el coche que todo hombre quisiera tener: un rutilante y espectacular Ford Mustang negro de 1965 (aunque el modelo que vemos en el film tiene como fecha de fabricación 1966).

Shelton tiene como costumbre, a la hora de escribir sus novelas, viajar hasta un perdido pueblo en mitad de la nada, alojarse en un hotel campestre llamado Silver Creek y en soledad hacer volar la imaginación. Y es allí donde se encuentra antes del accidente descrito dos párrafos más arriba, en medio de la novela que lo haga sentir escritor de nuevo, ya que desaconsejando a su editora, Marcia Sindell (Lauren Bacall), en la anterior entrega de ‘Misery’, que está a punto de salir a la venta, Shelton mató a su célebre personaje, cansado de que la fama de ‘Misery’ eclipsara su talento y creatividad.

Toda vez que termina su nueva novela (sobre unos chavales callejeros malhablados y aún sin título) lleva a cabo un ritual que sigue desde hace años tras terminar un libro: se enciende un cigarrillo, descorcha una botella de Champan y se toma una copa. Acto seguido guarda el manuscrito original en su vieja cartera y pone rumbo a Nueva York donde le espera su editora. Pero antes de salir Shelton debería de haber echado un vistazo al canal del tiempo… porque conducir en medio de una tormenta de nieve no es muy recomendable. El resultado: Shelton fuera de la carretera, su Mustang para la chatarra, las dos piernas rotas y un hombro dislocado.

Pero por suerte para él es rescatado por la antigua enfermera del Hospital del Condado, Annie Wilkes. “Salvación” piensa Shelton al despertar. Grave error, a pesar de considerarse a si misma su mayor admiradora y tener a Shelton en un altar, debido a su adoración por el personaje literario de Misery, Wilkes está totalmente desequilibrada mentalmente, padece incontrolables ataques de ira y algo dice en sus ojos que dentro de sí hay un potencial instinto asesino. El novelista no tarda en percibir que algo huele a podrido en Dinamarca y en esa casa más…

Misery

Crítica de Misery

Stephen King siempre ha sido un filón para el séptimo arte. Incontables son las novelas del escritor de Maine que han sido llevadas a la gran pantalla o en formato de mini-series para la televisión por cable. Otra cosa es que en medio de su traslación del papel a la pantalla hayan acabado siendo grandes films, o por lo menos correctas adaptaciones. ‘Misery’ debe de estar en el grupo de los grandes films junto a El resplandor de Kubrick (que por cierto nunca agradó a King), ‘Cadena perpetua’, ‘La milla verde’ y ‘La niebla’, todas de Frank Darabont. Y ‘Misery’ debe estar en ese grupo por muchas razones. No sólo por su fidelidad a la novela (dentro de los parámetros en que puede ser fidedigna, ya que no es lo mismo el medio escrito que la gran pantalla, en donde debes de contar una historia en dos horas de tiempo), sino porque como película cumple sobradamente con su cometido: hacer pasar al espectador ciento veinte minutos de angustia e incertidumbre.

‘Misery’ destaca por muchas cosas: una dirección soberbia de Rob Reiner (cuando este era Rob Reiner y hacía films como ‘La princesa prometida’ y ‘Algunos hombres buenos’). Un libreto por parte de William Godlman (también novelista, autor de entre otras ‘Marathon Man’ o esa maravilla que es y siempre será ‘La Princesa Prometida’) que mantiene hábilmente la tensión y el suspense, además de regalar escenas y diálogos memorables al espectador. Sumado a un notable trabajo de fotografía del luego director Barry Sonnenfeld (firmante del díptico ‘Men In Black’ y que en sus años mozos fue cámara de películas porno). Y ¡cómo no! por el apoteósico duelo de actores/personalidades entre James Caan (John Shelton) y Kathy Bates (Annie Wilkes). Ambos actores dan lo mejor de si mismos y aunque sólo uno de los dos se llevó al señor Oscar a casa (Kathy Bates) la verdad es que ambos rindieron a muy alto nivel.

James Caan (en un papel que antes había sido ofrecido y declinado por varios nombres importantes) logra una de las mejores actuaciones de su carrera, dando vida al sufrido prisionero de la lunática Wilkes. Un presumido novelista que las va a pasar realmente canutas en manos de una auténtica loca desquiciada, teniendo que agudizar su ingenio e intentar ir siempre un paso por delante de Wilkes; algo para lo que Caan demostró estar sobradamente capacitado, sacando adelante un personaje tremendamente complejo, que pasa el 90% del metraje postrado en una cama. Pero el mítico protagonista de ‘Rollerball’ se las arregla para no sólo ganarse la simpatía del espectador, por su precario estado de salud, sino por su contenida y soberbia interpretación. Sus muestras de dolor traspasan la pantalla y cuando éste es puesto al límite por Wilkes se lleva al espectador con él. Ademas, Caan no sólo consigue una notable actuación desde el punto de vista dramático, sino también para los momentos cómicos de su personaje (ese saludo a Wilkes desde la ventana o las réplicas a los anticuados gustos televisivos de Wilkes que encienden aún más la ira de esta última).

Por su parte, Kathy Bates da vida a una villana legendaria en una transformación física grandiosa (atención a su forma de vestir, andar y hablar). Su voz susurrando a un aturdido Shelton “Soy tu mayor admiradora” forma parte de la historia del cine. Su imponente presencia física (el momento en que salva a Shelton de morir y lo carga bajo sus hombros es creíble debido al cuerpo que exhibe) y los incontrolables ataques de ira que esta tiene son momentos que trasmiten verdadero miedo. Por no hablar de su reacción al conocer el fatal destino de Misery. Y es que su Annie Wilkes es uno de los más repugnantes y odiosos personajes femeninos de la historia del séptimo arte. Merecidamente Bathes ganó el Oscar (entre otros premios) por su actuación en esta película, y es que la ex-enfermera Wilkes es un caramelo para toda actriz que se precie. Muchos grandes actores del Star System de Hollywood, en aquellos años, rechazaron el rol de Paul Sheldon, debido a que por muy bien que llevaron a cabo su trabajo iban a quedar eclipsados por el personaje de Annie Wilkes. Cobardía o sentido común, la verdad es que ese temor termina siendo una realidad, porque si bien ‘Misery’ es recordada como un magnífica cinta de horror psicológico, también lo es por su villana, a la que dio vida de forma portentosa la señora Kathy Bathes.

Misery

En resumidas cuentas.
Lo dicho a lo largo de esta crítica de Misery, si lo que uno quiere es pasarlo mal (en el buen sentido de la palabra) o es un buen amante de los relatos de suspense y terror psicológico no deben perderse esta cinta, es una montaña rusa de tensión llevada hasta el límite, con escenas que dejarán al espectador sin uñas, y un memorable desenlace final. Y es que esta película está por méritos propios entre las mejores y más logradas adaptaciones de una novela de Stephen King a la pantalla. Un film que retrata lo peor del fanatismo de una forma maestra, y un grandísimo duelo interpretativo entre el legendario James Caan y la siempre excelente Kathy Bates.

Tráiler de Misery