Men in Black 3
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Diez años después del estreno de la fallida ‘Men in Black 2’, los hombres de negro regresaron en esta tardía tercera entrega en 3D que nos devolvió a los orígenes de la saga y que incidió en la relación de los entrañables agentes J y K, personajes que llegaron a calarnos hondo en el ya lejano 1997 con la primera de las películas. En esta ocasión, viajes temporales, futuros alternativos, un sólido guión y la incorporación de un excelente Josh Brolin como un joven agente K, conviertieron esta tercera entrega en un interesante film que ningún fan de la saga y amante del género se debería perder. Bienvenidos a la crítica de Men in Black 3.

Men in Black 3

Crítica de Men in Black 3

Existe un dicho que dice ‘equivocarse es de humanos y rectificar de sabios’. Pues bien, partiendo desde la base de que esta tardía ‘Men in Black 3’ no llegó a la altura de la primera entrega de la franquicia (y esto es algo que queremos dejar claro, y es que pocas terceras partes llegan al nivel de la original, todo sea dicho), también es cierto que al realizador Barry Sonnenfeld se le puede aplicar a la perfección el citado refrán, pues nos encontramos a todas luces con una secuela infinitamente más interesante e inteligente en todos los aspectos a su predecesora, la muy light y excéntrica ‘Men in Black 2’. Y esto es algo que en parte se logró recuperando el equilibrio perdido entre el baile de géneros que predomina desde los inicios de la trilogía, un equilibrio que desapareció en la segunda película y que volvió a recobrar Sonnenfeld en esta tercera parte.

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No olvidemos que el realizador, en un acto de honradez y sensatez, reconoció los muchos errores de ‘MIB 2’, entre ellos, y como mencionamos en su respectivo artículo, un guión totalmente plano así como un excesivo enfoque hacia la autoparodia y el humor forzado; pero en esta ocasión, y contra todo pronóstico, fue capaz de subsanarlos y regresar a los orígenes de la saga, acentuando incluso una de las mayores cualidades del primer ‘Men in Black’: la historia, los sentimientos y las relaciones entre personajes. Y es que ‘MIB 3’ es un continuo llamamiento a la nostalgia, así como una sofisticada y futurista ‘poesía’ sobre el valor de la amistad, el compañerismo y el compromiso. De este modo nos encontramos ante un film mucho más sólido, construido y tragicómico de lo que fue la primera de las secuelas, por supuesto sin dejar de lado el humor innato y esencial que tanto caracteriza a esta trilogía, pero sin llegar a caer en la bufonería y absurdo de la insustancial segunda entrega (aquí desaparecieron personajes ya prescindibles -aunque simpáticos- como Jeebs, el perro Frank o los clásicos gusarapos, los cuales aparecen simplemente a modo de cameo).

Pero que los fans de las anteriores entregas no se alarmen, porque la película es un guiño constante y nostálgico hacía ellas, ya que a lo largo del metraje nos toparemos con algún escenario familiar que nos recordará al primer film (la plaza donde se encuentran las dos torres, que en realidad son los platillos volantes con los que Edgar quería escapar a su planeta); así como un guiño a un difunto agente Z (ahora sustituido por una Emma Thompson un tanto desaprovechada como la nueva jefa de la organización), o el simpático (y gigantesco) cuadro del perro Frank que el agente J posee en su habitación (y que por cierto, supone el primer plano de toda la saga en el que vemos a J sin su traje negro).

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En cualquier caso la película resultó indudablemente la más adulta de la saga, pues se enfatizó desde el inicio del metraje en la extraña personalidad del agente K (interpretado por un ya avejentado Tommy Lee Jones en un papel más breve, aunque esencial) y en el por qué de su carácter retraído y distante, algo que siempre ha sorprendido a J (un siempre excelente Will Smith lleno de carisma y determinación) y que nunca ha llegado a comprender. De esta manera se resuelve, y de forma brillante, una de las incógnitas más persistentes de la franquicia: ¿qué merodea por la cabeza del veterano y genial, pero también atormentado agente K? Una duda que se resolverá en el viaje en el tiempo que emprenderá J para salvar a su joven compañero y a la humanidad de las garras de Boris, ‘el animal’ (Jemaine Clement), un cruel asesino extraterrestre que poco tiene que ver con la ‘Serleena’ de ‘MIB 2’ y que escapa de una prisión Lunar con afán de asesinar al joven agente K, interpretado por un Josh Brolin en estado de gracia. Precisamente la incorporación de Brolin en el reparto fue uno de los muchos puntos fuerte de la historia, a parte del nuevo rumbo argumental que los guionistas David Koepp (Jurassic Park) y Etan Cohen (Tropic Thunder) dieron a la misma, otorgando un soplo de aire fresco a una saga que de haber repetido el esquema de las dos anteriores se habría hecho sumamente monótona.

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Primeramente, nos encontramos con una gran aportación del protagonista de ‘No es país para viejos’ interpretando a la versión joven del personaje de Tommy Lee Jones en 1969, en una actuación divertida, fiel, inspirada y sorprendente que nos hará recordar constantemente al veterano agente K del futuro. De hecho, por momentos resulta imposible distinguir entre un actor y otro, y es que en pantalla no encontraremos diferencia alguna entre las interpretaciones de Brolin y la de Lee Jones, simplemente vemos al agente K, lo cual es una señal irrefutable de que ambos actores se convirtieron, literalmente, en él. En este sentido, se puede decir abiertamente que Josh Brolin resultó el gran triunfador de esta película y su incorporación todo un acierto (resulta imposible no encariñarse con él a tenor de lo que ocurre al final de la cinta, algo que nos dará la respuesta sobre el por qué del carácter enojado que desarrolló su personaje a raíz de ese momento).

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Por otra parte, y hablando del guión, es obvio que la inclusión de una temática de viaje temporal supuso un toque original y fresco a una saga que corría el peligro de caer en la repetición y estancamiento. Así pues, y dejando de lado las inevitables paradojas temporales y cierta confusión que dicha temática puede provocar en el espectador más infantil o más despistado, el recurso del ‘viaje en el tiempo’ se antoja un factor clave que le da a la historia ese atractivo del que careció ‘MIB 2’, aunque tampoco se puede afirmar con rotundidad que se tratara de un recurso original, pues hablamos de una materia explotada hasta la saciedad en el mundo del cine. Independientemente de esto, y como hemos comentando unas líneas más arriba, el único handicap que se le puede reprochar a esta nueva línea argumental es que juega constantemente con la posibilidad de la existencia de cientos de líneas temporales alternativas que variarán en función del ‘efecto mariposa’, algo que los más pequeños (posiblemente un alto porcentaje de espectadores) no llegarán a captar del todo.

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En cualquier caso cabe destacar que se trata de un planteamiento adulto que se echaba en falta desde la segunda entrega y que fue llevado a la pantalla por Sonnenfeld de forma brillante: los acontecimientos históricos son recreados en el film con gran veracidad (por ejemplo, la secuencia del lanzamiento del Apollo XI), además de contar la cinta con una perfecta ambientación, unos más que creíbles decorados, unos arcaicos vestuarios y un diseño de producción acorde con la época a la que nos traslada el film, por no hablar del curioso e inteligente proceso de viaje en el tiempo de J, en el que se visualizan fugazmente durante el salto diferentes épocas que pasan desde el Jurásico hasta los años 50. Por no hablar de las inevitables pero sutiles alusiones a la discriminación racial que se vivía en la época en los EEUU, un detalle que no se podía pasar por alto en la historia.

No obstante, y pese a que nos encontramos ante una gran secuela, también es cierto que la cinta tuvo varios puntos negros, como por ejemplo, la falta de alguna secuencia de acción adicional (se antojan algo escasas para un metraje de 100 minutos), pero esto es algo perdonable que queda compensado gracias a un guión más que seductor.

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Por otra parte, y esto es lo más grave, a lo largo de determinados momentos se percibe una falta de ritmo que lastra ligeramente el conjunto global de la película, algo que puede estar relacionado estrechamente con la lentitud con la que se rodó el film, cuya producción atravesó más de un inesperado contratiempo (reescrituras de guión, parones en el rodaje, la espantada de varios actores -entre ellos Alec Baldwin-, o el inicio del rodaje sin que el último tercio de libreto estuviese acabado). Y es que a lo largo del metraje encontraremos varias secuencias que no aportan nada a la trama y que lastran en cierta medida la narración de la historia, como sucede con la larguísima y aburrida secuencia de la pasarela de modelos, la cual aporta poco y acapara demasiados minutos de metraje.

Pese a esto, la película recobra su buen ritmo a lo largo de su último tercio con un sensacional final plagado de acción que culmina con el cierre del círculo de forma emotiva, algo que nos acercará emocionalmente mucho más a los personajes de J y K, llegándonos muy a dentro y haciendo que sintamos por ellos aún más empatía y cariño.

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En resumidas cuentas.

Men in Black 3’ supuso un buen broche final para una de las trilogías más originales y divertidas del cine de ciencia ficción reciente. Sólo pedimos que la cosa termine aquí y no se explote la franquicia innecesariamente con más secuelas que puedan desmoronar el buen trabajo realizado en ésta última entrega.