Memorias de un zombie adolescente
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‘Memorias de un zombie adolescente’ es la adaptación de la novela homónima de Isaac Marion, la película nos cuenta la historia de un zombi al que su corazón aún no ha dejado de latir completamente, hecho que aún le permite mostrar sentimientos, experimentar sensaciones y encontrar el amor de su vida… ¿o deberíamos decir “el amor de su muerte”?

Memorias de un zombi adolescente

Crítica de Memorias de un zombie adolescente

Ya sucedió con la saga Crepúsculo’, y volvió a suceder con esta adaptación de la romántica novela ‘Warm Bodies’ de Isaac Marion. Se trata de historias que, o bien se aman o bien se odian. Lo que está claro es que los seguidores más fieles del cine fantástico y de terror, así como de algunos de sus iconos principales (y me refiero a vampiros y zombies esencialmente), difícilmente encontrarán un término medio de conformismo con dichos productos por una razón muy simple: su total, cruel y por momentos insultante desmitificación de dichas criaturas. Mientras que, por otra parte, ese público adolescente actual y poco versado en el género, posiblemente sea el que más disfrute sin complejos ni tapujos de este tipo de propuestas.

Memorias de un zombi adolescente

En lo que respecta a un servidor, pese a no considerarme un purista de dichos mitos (pero sí un acérrimo seguidor del cine de terror y fantástico en general) he de reconocer que la película de Levine me parece sumamente conmovedora, divertida y original. Se trata de una de las pocas ocasiones en las que la trama se encuentra narrada desde los ojos y el punto de vista de un zombie, independientemente de la inteligente dirección del director de 50/50 (2011), otorgando a la cinta un tono sencillo, cercano y sorprendentemente poco pretencioso, posiblemente todo lo contrario de lo que sucedió con la saga ‘Twilight’. Precisamente este es el secreto de esta película, la complicidad y empatía que los personajes son capaces de transmitir al espectador, especialmente los dos muertos vivientes protagonistas (R, y su compañero de fatigas, M), plagados de carisma y “chispa”, obviamente en gran medida gracias a las estupendas interpretaciones de Nicholas Hoult y Rob Corddry, respectivamente.

No obstante, y que esto quede claro, la historia tira por tierra toda la mitología y esencia de la figura del “muerto viviente”, pues nos encontramos, ni más ni menos, ante unos seres que, en contra de lo que dicta su propia naturaleza, aquí son capaces de razonar, de comunicarse… ¡e incluso de vocalizar! Por no hablar de los sentimientos que nos muestran durante todo el metraje. Esto tiene una explicación muy sencilla: al alimentarse de cerebros humanos, los zombis también se alimentan de sus emociones, y esto aún les permite mantener un halo de vida y de esperanza. Esta es la causa por la que son capaces de tener recuerdos de la vida de sus víctimas e incluso de sentir solidaridad por ellas en un alarde de debilidad y plena conciencia de su nueva condición. ¡Incluso nos encontramos a zombies capaces de escuchar música romántica, o con la capacidad suficiente como para conducir un vehículo!

Pero esto es lo de menos, porque reconozcámoslo, quienes estén predispuestos a ver esta película saben de ante mano lo que se van a encontrar, por lo tanto todos aquellos que se aventuren a experimentarla se presupone que aceptarán, con más o menos agrado, este nuevo punto de vista que se nos plantea sobre el universo zombi, un universo “muerto” pero al mismo tiempo lleno de vida, donde los muertos interactúan y viven en una especie de sociedad no muy diferente a la de los vivos, con sus problemas, pero también sus virtudes. Salvando las distancias, se comportan como lo harían los ciudadanos de cualquier gran urbe. De este modo, si se está dispuesto a mantener la mente abierta se podrá disfrutar de un film ciertamente original.

Sin embargo, se trata de una cinta que, analizándola de un modo más conciso, resulta mucho más extraña de lo esperado y nada fácil de catalogar, pues aunque se nos “vendiera la moto” de que íbamos a estar ante una comedia al uso (aunque con ese argumento es imposible que la película se tome en serio a sí misma) y sus cimientos estuviesen claramente construidos a base de ironía y auto parodia (magnífico el instante en el que Julie compara el rostro de R con el zombi de la carátula de la película ‘Zombie’, de Lucio Fulci), la cinta realmente podríamos definirla como un romance, deliciosamente condimentado con numerosas dosis humorísticas, eso sí, pero también salpicado de elementos propios de este cine, como ciertas gotas de horror (con la aparición de los siniestros esqueletos vivientes) e incluso de sangre. Pero romance al fin y al cabo. De hecho, nos encontramos ni más ni menos que ante una versión radical y fantástica de la historia de ‘Romeo & Julieta’. No es ninguna casualidad que el personaje interpretado por Teresa Palmer se llame “Julie”, mientras que el zombi se haga llamar “R” (con R de Romeo).

Memorias de un zombi adolescente

En todo caso, estamos ante una cinta que, viendo los tiempos que corren, donde la originalidad escasea y los remakes y las secuelas están a la orden del día, una propuesta como ‘Memorias de un zombie adolescente’ resulta muy digerible y bienvenida, a pesar de su contexto descaradamente infiel, y por qué no, incluso insultante hacia el concepto cinematográfico de “muerto viviente tradicional”.

Por otra parte, y haciendo nuevamente mención a ‘Crepúsculo’, resulta inevitable comparar sendas obras: sin entrar en detalles que puedan reventar la trama, básicamente el esquema es el mismo. Nos encontramos ante un zombie lleno de dudas e inquietudes (expuestas al espectador a través de su voz en off) que se enamora de una chica de la resistencia humana y que intenta luchar contra su condición de muerto viviente para lograr ser correspondido en una relación a priori imposible. A partir de este instante, y una vez superada la barrera del pánico a la que la muchacha se ve sometida, entre ambos se creará un vínculo tan surrealista y grotesco como hermoso y poderoso, hasta el punto de que el film, mirándolo desde un punto de vista menos superficial, nos plantea la duda de si el amor realmente puede con todo, o si se trata sólo de una quimera para románticos/as y soñadores/as de cuentos de hadas…

Memorias de un zombi adolescente

En resumidas cuentas.
Esta película no tuvo la repercusión mediática de las adaptaciones de las novelas de Stephenie Meyer, pero, sin duda, puedo decir en esta crítica de Memorias de un zombie adolescente, que esta cinta se trata de una propuesta inteligente y sumamente interesante que no debería de pasar desapercibida, especialmente para aquellos que disfrutaron de las andanzas de Bella y Cullen, pues en esta historia, al igual que en aquella otra, queda patente que el amor puede con todo tipo de obstáculos. O eso es lo que pretendieron transmitirnos Isaac Marion en su novela y Jonathan Levine en este film tan entrañable como divertido y enternecedor.

Tráiler de Memorias de un zombie adolescente