Las mejores películas de gangsters
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El cine nos ha dejado con el paso del tiempo personajes legendarios dentro de cada género. En mi los que mas han influido han sido los gangsters, seguramente porque representaban aquellos tipos duros que uno de pequeño siempre quiere ser y que luego de mayor se conforma con ver en la pantalla de su casa o con suerte en una sala de cine, ya que el paso de los años te hace comprender que esos anti-héroes son sólo un invento cinematográfico. Será en esta serie de artículos donde me explayaré a gusto con ellos haciéndoos partícipes a vosotros de ello, espero que os guste… ahí va.

Al Pacino

Cine de gangsters: Honor, plomo y sangre.
El cine de gangsters es un derivado del cine negro o también llamado Film Noir, tan viejo como el mismo cine, siendo uno de los primeros géneros en ser explotados. La fuente primera de este cine es la novela negra, ya sea de  origen americano o inglés. Escritores como: Dashiell Hammet, George Simeon, Raymond Chandler y James Cain, fueron los inspiradores de muchos guiones cinematográficos.

La primera cinta que se conoce propiamente como “Cine Negro” es ‘El halcón maltés’ (John Huston, 1941). En este tipo de cintas abundan, las detectives duros de cigarro en boca y vaso de güisqui en mano, rostro impertérrito, auténticos precursores del antihéroe cinematográfico, grandes perdedores que acababan enamorándose de mujeres fatales y enfrentándose a gangsters despiadados, sacando a la luz sucias tramas de corrupción política mientras se jugaban la vida en la calle. Quizás el actor que mejor supo sacar el jugo a toda la esencia de ese personaje es Humphrey Bogart.

El Halcón MaltesHumphrey Bogart

Con el paso de los años los mafiosos que empezaron siendo los malos de la función fueron ganando en protagonismo, el público empezó a conocer a esos tipos a los que no les temblaba el pulso a la hora de disparar y hacerse respetar en las calles, a los amigos de la noche, aquellos que cerraban bares y daban tanto trabajo a las funerarias…

‘Scarface El Terror del Hampa’ dirigida por Howard Hawks (1932) fue la primera obra que nos ofrecía la mirada de un mafioso, un inmenso Paul Muni, que seguía un principio básico para ascender en el mundo del Hampa: “En este negocio hay que seguir una regla para no meterse en líos: hazlo antes, hazlo tú, y sigue haciéndolo tú”.

Paul Muni

Los italianos fueron de los primeros en ser retratados en este tipo de cine, en concreto los inmigrantes italo-americanos que marcharon en busca de fortuna a los Estados Unidos a principio del siglo pasado con un gran concepto de la familia y la lealtad. Eran trabajadores incansables pero también asesinos implacables. Era o lo que ellos decían, o nada y el nada era la muerte. Grandes exponentes de ese tipo de hombres son: Las creaciones de Al Pacino y Marlon Brando en la saga ‘El Padrino’ (1972, 1974 y 1990), Robert De Niro, Joe Pesci y Ray Liotta aunque sólo el primer de ellos era  italiano puro en la magnífica ‘Uno de los nuestros’ o de nuevo Pacino dándole una vuelta de tuerca al prototipo  en la infravalorada ‘Donnie Brasco’.

El paso de los años siguió trayendo grandes obras al género de las que hablaremos con mas profundidad en adelante, y nos dio a conocer a diferentes tipos duros, gangsters que dependiendo de sus nacionalidades actuaban de una manera u otra: irlandeses, británicos, cubanos, negros, puertorriqueños, jamaicanos… y por supuesto las legendarias Triadas Chinas todos tuvieron sus momentos de gloria en el Cine.

Hay muchas cintas sobre mafias, algunas de ellas son de lo mejor del séptimo arte, otras insultan la inteligencia del espectador. Las primeras tendrán aquí su hueco, las segundas no deben ser consideradas. A continuación iniciaremos un repaso con dos grandes obras imprescindibles del género, que nos llevarán de la mano de ese mafioso que siempre quisisteis ser, el más duro de la habitación, el que siempre acababa consiguiendo a las tías buenas, aquel que amasaba fortuna y respeto a partes iguales, pero que no siempre vivía para disfrutarlo…

‘Atrapado por su pasado’ (Carlito´s Way, 1993).

Pacino

Año: 1993.
Nacionalidad: USA.
Duración: 138 minutos.
Director: Brian de Palma.
Guión: David Koeep, basado en la novela de Edwin Torres “Alter Hours”.
Reparto: Al Pacino, Sean Penn, Penelope Ann Miller, James Rebhorn, John Leguizamo, Viggo Mortensen, Luís Guzmán, Ingrid Rogers, Julieta Ortega, Joseph Sirago, Adrián Pasdar, Richard Forojny, Jorge Porcel, Paul Mazursky.

Argumento:
Carlito Brigante (Al Pacino) un mafioso puertorriqueño al que su origen y profesión no daban una esperanza de vida muy larga, pero, un redentor paso de cinco años por la cárcel de Lewisburg hace que el otrora camello deje a un lado la mala vida y decida retomar la relación con su ex-novia Gail (Pennelope ann Miller) una joven aspirante a actriz. Pero nada para Carlito será fácil porque por más que corra, los fantasmas del pasado siempre le alcanzan.

Historia del último Morriqueño:
Todo es genial en la cinta, desde su brutal comienzo en la estación de tren, donde vemos como alguien hiere a Carlito con esa magnífica partitura de Patrick Doyle acompañado de la imponente voz en off de Pacino: “No os preocupéis, mi corazón no se rinde jamás, no estoy dispuesto a palmarla” y un uso sencillamente perfecto de la cámara por parte del maestro De Palma hasta su final, justo ahí mismo es donde vemos como sucedieron realmente las cosas.

Es innegable que estamos asistiendo a una obra maestra con todas las letras, digna de todos los elogios habidos y por haber (que siempre se le quedarán cortos) y que consigue como pocos films que el espectador y su sillón se conviertan en uno solo, sufriendo y viviendo junto al legendario Charlie Brigante.

En un principio esta cinta la iba a dirigir el correcto artesano Sydney Lumet que ya había trabajado junto a Pacino en la excelente ‘Serpico’ y la memorable ‘Una tarde de perros’, pero a Lumet no le terminó de gustar el segundo y definitivo borrador del guión y abandonó la producción. Entonces el propio Pacino le llevó el guión a Brian De Palma con el que ya había trabajado en 1984 en la obra maestra ‘Scarface’ con guión de Oliver Stone y por la que Pacino inmerecidamente no recibió el Oscar que tanto merecía. De Palma aceptó el reto de dirigirla, producida por Martin Bregman, amigo íntimo de Pacino, y que también fue su representante en sus primeras cintas. Por ejemplo, fue el hombre que le consiguió el papel protagonista en la contundente ‘Pánico en Needle Park’ (Jerry Schatzber 1971) donde un jovencísimo Pacino hacía su debut en el cine interpretando a Bobby (un yonqui que malgastaba su vida sentando en el mismo banco de Needle Park día tras día). Bregman nunca vio mucho potencial en los libros de Edwin Torres, un ex-juez criminalista de la corte suprema de New York, que se basó en personajes y situaciones reales como base documental para su obra. Bregman dijo “Recibí el guión de mano de Al, él se había quedado entusiasmado con el personaje de Carlito Brigante, con sus valores, y decía que podíamos hacer un buen film, pero el guión era horrible de lo peor que he leído en mi vida, así que me puse a trabajar en un guión tomando como base el personaje principal de Carlito en su segunda novela ‘After Hours’, la que detallaba su vida desde su salida de la cárcel. Para ello contrate a David Koepp (que había trabajado extra-oficialmente puliendo el guión de ‘Parque Jurásico 1’ parte y que posteriormente se ocuparía del script de la segunda entrega)”. David Koepp escribió el guión definitivo aunque realmente lo que hizo fue estructurar el libreto, pasando de las 800 páginas de los dos volúmenes de la obra de Torres a las 150 paginas del guión definitivo. Una vez empezado el rodaje el libreto apenas tuvo cambios significativos, exceptuando al personaje de Pachanga (Luís Guzmán) que en la primera versión utilizaba un lenguaje tremendamente soez hasta para los propios latinos que trabajan en el film, por lo que se vieron obligados a cambiarlo, y pidieron a Guzmán que le diera un tono de voz más fuerte asu personaje para paliar  la reducción de los tacos. Aún así, el personaje es de largo el peor hablado de todos. También se perdieron una vez filmadas varias escenas del guión, una de ellas hablada enteramente en español entre Carlito y Pachanga, en el que el segundo detallaba la muerte de Lalín (Viggo Mortensen), esta secuencia aunque de vital importancia en la trama, quedó fuera del film, para no ralentizar el clímax final.

Carlito

La lealtad de Carlito:
Pocos personajes cinematográficos han hecho gala de unos valores tan auténticos como los de Charlie Brigante. “No traiciones jamás a tus amigos” o “un favor puede matarte mas rápido que una bala” solía decir Carlito. Mientras pasaba cinco años en la cárcel de una condena de treinta evaluando lo que había sido su vida, su abogado e intimo amigo David Kleinfield (enorme e irreconocible Sean Penn) se hacía grande en las calles. Había pasado de vivir con el miedo en el cuerpo a esos pequeños delincuentes y potenciales clientes que llegaban a su despacho, a ser uno más entre ellos. Dave ya no tenía miedo, era importante o eso creía, su pipa, un revolver del calibre 38, sus lineazos de coca, su casa en la playa con su propio yate “Jezabel” amarrado imponente en el muelle. Pero en realidad Dave no era nada, no tenía palabra, no sabía lo que era la lealtad, había olvidado los principios básicos por los que una persona debe seguir, y estaba llevándose a Carlito con él. “Un último favor” decía, “un viaje en barco” afirmaba, que en realidad escondía un descenso al infierno, un beso a la muerte, retar al diablo en el infierno y querer ganarle, algo imposible de lograr. Charlie lo intuía, pero era su amigo, estaba en la calle por él, había logrado sacarle de la trena, estaba en deuda con él, pero no era una deuda de sangre, no debía serlo, era un favor, de esos que a Brigante no le gustaba deber, y quería liquidar cuanto antes. Antes  de que Kleinfield se volviera más loco, más paranoico, antes de que perdiera la jodida cabeza. Pero ya era tarde…

Pacino & Penn

Pero no solo pululaba por ahí, podrido, y sin valores, el abogado judío interpretado por Sean Penn. También hacía acto de presencia Pachanga, un antiguo amigo de Carlito de cuando estaba en el barrio, sin la suficiente cabeza para poder ser considerado un traficante como Brigante, pero con la avaricia del que nunca tuvo nada, y siempre quiso más de lo que merecía. Charlie lo rescató de la calle, le dio un trabajo de guardaespaldas de Kleinfield, y al minuto uno, Pachanga ya quería la fortuna de ese ” judío chingado” (Pachanga dixit). Pachanga desenfundaba su arma con la misma rapidez con la que hablaba, escupiendo las palabras a un ritmo endiablado. Decía que el barrio ya no era lo que Carlito dejó, que era el valle de la muerte, los cachorros nuevos no tienen respeto por la vida humana, afirmaba Pachanga. Y aunque el no se incluía entre ellos, la verdad es que era uno más, un traidor en un mundo de traidores del que sólo sobresalían Brigante y su ya viejo ”modus vivendis”. ¿Cómo escapar del pasado si a cada esquina aparece un “Hijoputa” con ganas de ser importante como el cobarde arrastrado de Benny Blanco?…

La primera vez que vemos a Blanco (nunca más volvimos a ver tan bien a John Leguizamo como aquí lo vemos) viste de rojo, lo que no es casual. El director nos quiere dar a entender, que ese tipo es peligroso, inestable y violento y que le volveremos a ver. Es la antítesis de Brigante, uno de esos  que se cree con los cojones suficientes para retar a cualquiera, pero que no es mas que un roba-bolsos cualquiera, como dice Carlito “le espera un gran futuro si sobrevive a la semana que viene”.

Un nuevo elemento en escena....

Brigante no va a consentir que un recién llegado a la calle le pise. Él era grande antes de que ellos nacieran, se merece el respeto que ganó cuando estaba afuera, pateando las avenidas luchando contra los negros e italianos, siendo el rey que llego de fuera, el morriqueño que se extingue, quizás no el último, pero si el más recordado. Blanco no entiende de respeto y es por ello que la segunda vez que se ven llega el enfrentamiento que marcará el futuro de ambos. Otra vez Charlie se ve en problemas por culpa de otro, de nuevo Kleinfield, mientras él esta en los baños conociendo más a fondo a Steffie, Carlito da la cara por él, esta vez es personal, Brigante le quiere dar una lección al cobarde Benny B: “Esta bien Benny Blanco del Bronx, nunca olvides que la chica Steffie, pertenece al club, ¿bien? Si vuelvo a verte, repito, si vuelvo a verte por aquí, morirás, así, sin más, ¿me has entendido?”

El resultado de este enfrentamiento es un Benny magullado, pero vivo, y un Carlito sabedor de que lo que ha hecho es una mala jugada, un movimiento erróneo. Blanco debería estar en un ataúd, pero Brigante ya no quiere ensuciarse las manos más, sólo quiere reunir sus 75.000 $ e irse a Isla Paraíso a alquilar todo terrenos a turistas, ¡es un sueño! Hay que soñar amigo…

Carlito

Escape a Paraíso:
En ese viaje, acompañándole en su sueño esta Gail (bellísima y majestuosa Penélope Ann Miller), quizás el único personaje puro del film. La primera vez que la vemos es desde los ojos de Carlito, una visión idealizada de un amor que un día fue liberador para ambos, lejano en el tiempo, anterior a su paso por la trena y que ese mismo motivo los separó. Brigante quiere recuperar el tiempo y volver a ponerse en contacto con Gail. Su pista le lleva hasta un edificio en donde unas jóvenes bailarinas ensayan, mientras Carlito bajo la lluvia en el edificio de enfrente mira atónito con ojos de enamorado, bajando la guardia de la leyenda que arrastra. Allí la encuentra, como un Ángel desfilando al ritmo de una música que refuerza la carga emotiva del momento. Al terminar el ensayo Charlie baja a esperarla. Ha llegado el momento de volver a ella. A pesar de lo trascendental del diálogo, este pasa a ser secundario y las miradas entre ambos toman el protagonismo. Charlie abre su corazón ajado dentro de un pecho lleno de cicatrices, y ya en la cafetería observan la calle y se observan ellos…todo ha cambiado… “Sabes, es extraño, hubo un terapeuta en Lewisburg, el señor Seawalk, me dijo una vez: Charlie perderás el aliento, no puedes correr todo el tiempo, debes pararte alguna vez, no puedes siempre evitarlo todo, antes o después te vence, no te reformas, solo pierdes fuerzas…”

(Gail) “Dijiste que no me romperías el corazón”.
(Carlito): “Lo sé, lo siento, lo siento…!”

Gail se aleja, con un buenas noches que esconde un hasta pronto, mientras Carlito paralizado por el momento sólo observa. El primer paso esta dado, Charlie lo sabe, es un amor puro, dos corazones demasiado grandes para esta ciudad, dos soñadores con un mismo sueño, escapar… El tiempo pasa y Charlie ya esta más cerca de cumplir su cometido. Ahora debe convencer a Gail para que le acompañe en él. Una visita nocturna es la excusa. Gail abre la puerta de la calle, pero no se lo pondrá fácil a Carlito, si quiere entrar en su casa, tendrá que ser con una tarta de queso en la mano y derribando la puerta. Si no lo puede lograr, no pasará… mientras, Gail dentro espera el momento. Charlie observa desde la puerta entre abierta, donde una cadena maldita le impide la entrada. Tendrá que romperla, como símbolo al mismo tiempo de romper con su pasado, dejar la mala vida, que tanto lleva esquivando. Lo logra. Es su momento, el tiempo se para, ese instante parece durar para siempre, las promesas de Charlie son reales, sus sueños son comunes, ya están mas cerca…

Carlito y Gail

El último tren:
Tras su viaje en barco hacia su destino fatídico por un favor maldito, Carlito decide que es hora de irse. El sueño no se va a acercar más, tienes que ser tú el que dé el siguiente paso. Brigante descubre la traición de Kleinfield y compra dos billetes con destino las Bahamas. Es el momento de marchar, pero antes ha de mirar a los ojos a Dave. Acude al hospital, no sin antes dar ordenes a Pachanga para que lleve a Gail a la estación. Una vez en el Hospital de East Side, el cara a cara será revelador.

(Carlito) “Tranquilo Dave, soy tu amigo… la policía no va a protegerte Dave, los italianos te están buscando, ¿qué tienes aquí? (saca un revolver de debajo de la almohada). He estado en el despacho de Norwalk, he oído la cinta, nunca traiciones a tus amigos Dave, pase lo que pase”.
(Dave) “Que os jodan a ti y a tú anticuado código moral de la calle ¿Te cambió una pena de 30 años por una de 5? No, yo sí. Que os den a ti y a la calle, tú mundo es tan pequeño como la distancia que separan mis dedos, y solo hay una regla: salva tu culo!”.
(Carlito) “¿Ves este revolver? Este es su sitio, aquí encima de la mesa, así cuando entren los malos estarás preparado. Adiós Dave, te espera un precioso futuro…”.

Toda vez que Kleinfield ha mostrado su verdadera y rastrera cara, Carlito ve la luz al final del túnel. Solo le queda un último paso: llegar hasta el tren de la vía 19 con parada en Miami, desde donde saldrá su deseado avión hasta Isla Paraíso. Pero los Italianos le siguen la pista, saben que Carlito iba en el barco y quieren vendetta. No van a preguntar, no conocen ese lenguaje, la sangre es la única respuesta que quieren. Pero el viejo Charlie no es un cualquiera. Se crió en las calles, a él nunca lo cogieron en calzoncillos, nació preparado, y sabe que muchos italianos van a irse al otro barrio esta noche antes que él, y que Gail subirá a ese tren con un Brigante a su lado sí o sí. Nunca una escaleras generaron tanta tensión, nunca antes un tiroteo fue tan magistral, el sello perfecto para una obra redonda. Carlito vence a su destino y a su mala suerte. Está llegando. Ya ve a Gail, el tren le espera, el sueño se va a cumplir, él solo tiene ojos para ella, ni siquiera un inquietante tipo de traje gris que le adelanta a su izquierda le llama la atención. Ya esta ahí, ya llego,”no pasará nada” dice… Cuando unas palabras terribles azotan al espectador y rompen la utopía…

Carlito

¿Me recuerdas? ¿¡Benny Blanco del Bronx!?
Tres rastreros disparos a quemarropa de un cobarde sin principios, de una cucaracha inmunda, un don-nadie que acabaría seguramente muriendo a manos de alguna prostituta de 20 pavos en algún tugurio de mala muerte mexicano. Los disparos rompen en mil pedazos la esperanza… A Gail sólo le queda llorar, mientras Carlito lucha porque la sangre no empape sus zapatos…
“Mierda, mierda, mierda, to… to… toma el dinero Gail, huid los dos… No os preocupéis, mi corazón no se rinde jamás, no estoy dispuesto a palmarla… Los hijos de puta siempre te disparan de noche, cuando lo único que hay es un médico de guardia novato con un cerebro somnoliento… El último morriqueño… bueno tal vez no el último. Gail será una buena madre, un nuevo y mejorado Carlito Brigante, espero que use el dinero para largarse de aquí, aquí no hay sitio para corazones tan grandes como el suyo. Lo siento, nena, lo intenté lo mejor que sabía. En serio. Pero no puedes acompañarme en este viaje… Empiezan a entrarme los temblores, pidan la última copa, el bar va a cerrar, ha salido el sol, ¿a dónde vamos a desayunar? No quiero ir lejos. Ha sido una noche dura nena, estoy cansado, cansado…”. Esto nos dice Carlito con su voz en off rota por lo imprevisto del destino, el viaje aún no ha acabado, sólo acaba de empezar.

Carlito

‘Uno de los nuestros’ (1990)

Portada

Año: 1990.
Nacionalidad: USA.
Duración: 146 minutos.
Director: Martin Scorsese
Guión: Nicholas Pileggi
Reparto: Robert De Niro, Ray Liotta, Joe Pesci, Lorraine Bracco, Samuel L. Jackson, Paul Sorvino, Debi Mazar, Mike Starr, Tony Darrow, Frank Sivero, Frank Vincent, Chuck Low, Frank DiLeo.

En un principio “Wiseguy” era el título que iba a tener la película (el mismo que el de la novela de Nicholas Pileggi en la que está basada) pero se cambió a última hora para evitar confusión de nombres con otro film de 1987. Un wiseguy es un listo, un listillo, un tipo con el que no se juega y al que es imposible colársela o metérsela doblada como prefiráis decirlo. El titulo original final ‘Goodfellas’ (algo así como “Buenos Colegas”) esta más acorde con uno de los principales valores del film la amistad o falsa amistad. (La historia que les voy a contar esta basada en hechos reales).

Que yo recuerde desde que tuve uso de razón quise ser gángster…
Esa declaración de intenciones sale de la boca de Henry Hill, mientras nos detalla voz en off su infancia en Little Italy. Henry lo tenía claro, a pesar de sólo ser medio italiano por parte de madre, su padre era un irlandés de pura cepa, su sueño era ser un gángster porque para él eso era más grande que ser presidente de los Estados Unidos. Eran los que tenían el dinero, manejaban los mejores coches, caminaban sobre los pobretones que se levantaban cada día a las 6 de la mañana para llevar un plato de comida a sus casas y lo más importante, se hacían con las mejores tías. Desde el pequeño ventanal de su humilde casa Henry Hill observaba a esos imponentes italianos llenos de oro, con su pelo engominado, sus andares chulescos y su porte distinguido. Él sabía que quería ser uno de ellos y que algún día lo conseguiría costara lo que costara.

Uno de los nuestros

Little Italy. New York 1955.
Vemos la presentación de los mafiosos locales que seguiremos mediante los ojos del aún niño Henry Hill que trabaja de recadero para Tuddy Cicero. De entre los gangster locales sobresalen el legendario irlandés Jimmy Conway (magnifico De Niro) y el jefe de todos ellos el gran padrino Paulie Cicero (imponente Paul Sorvino). Rápidamente Conway recoge bajo su regazo a Henry y le presenta a otro chico con sueños de grandeza. Su nombre Tommy DeVito (Joe D´Onofrio). Entre ambos surge la amistad y comienzan a trapichear juntos hasta que trincan a Henry por vender tabaco en la calle en la época de la ley seca. Henry le echa dos cojones, se calla y se traga el marrón solo, lo que impresiona a los jefazos y le hace ganarse el respeto de todos.

Henry ya ha dado el paso de ratero de calle a gangster de traje y anillo en el meñique estando en 1963. Hill ya tiene la cara de Ray Liotta y Tommy se ha convertido en Joe Pesci. Los dos han entrado de lleno en la familia con todo lo que ello conlleva.

Uno de los nuestros

Henry Hill: “Para nosotros vivir de otra manera era impensable, la gente honrada que se mataba en trabajos de mierda por unos sueldos de miseria que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas estaba muerta. Eran unos gilipollas no tenían agallas. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos tal paliza que jamás volvía a quejarse. Era una rutina tan simple  que ni siquiera lo pensábamos”.
Es en ese momento de metraje es cuando asistimos a un monólogo impresionante de Tommy DeVito que le valió el Oscar a Pesci y que le consagró como uno de los actores que mejor daba vida a mafiosos cabrones con tendencias homicidas. Años después el propio Pesci declararía que toda esa escena la había escrito y dirigido él mismo.

Entre cena y cena, unas copas en el Copacabana, ligar con unas chicas y algunos trapicheos nuestros antihéroes iban tirando hasta que planearan un gran robo que les permitiera dar el salto en la organización. El robo que esperaban lo dan con la ayuda del Francés (Mike Starr) el jefe de seguridad de las líneas de vuelo francesas en el aeropuerto de Idlewild. El montante del golpe son cuatrocientos de los grandes a repartir entre cuatro y con el tributo correspondiente a Paulie (porque para eso era el Jefe de jefes).

Para ser respetable en la familia todos los miembros deben de estar casados, porque en la mafia no aceptan homosexuales, pueden tener mil amantes, ir cada noche a bares de carretera y gastar sus ganancias metiendo billetes de 100 $ en los tangas de las strippers, pero deben de estar casados y tener hijos, porque los italianos tienen un gran sentido de la familia, para ellos era lo más importante. Karen (Lorraine Bracco) fue la elegida por Henry para formar un hogar, pero rápidamente la inseguridad y los complejos de Karen ven la luz. Por un lado no se queja porque la nevera está llena de bistecs pero por el otro no sabe que pasará si trincan a Henry y lo meten en la trena.

“¿Sabes quienes van a la cárcel? Sólo los atracadores negros. ¿Y sabes por qué los cogen? Pues sencillamente porque se duermen en el coche con el que escapan” le dice Henry para calmarla.

Uno de los nuestros

New York, 1970.
Los chicos seguían las normas dentro de la organización pero siempre tenían pequeños trapicheos para sus caprichos. Se podría decir que Jimmy, Henry y Tommy eran una pequeña facción dentro de la familia, hasta que el carácter voluble de Tommy lo jode todo. Un desprecio de un gangster del centro hacia Tommy enciende la mecha, los tres le dan una paliza brutal y meten su cuerpo aún con vida en el maletero de Henry. Luego lo entierran y como si no pasara nada. El grupito va como si tal cosa por la carretera de noche, pensativos y rumiando por lo que han hecho, no tienen cargo de conciencia ninguna. Han matado a un tipo y lo único que piensan es en ellos mismos, en lo que harán mañana o en su próximo golpe, porque en el mundo del hampa todo se ve con normalidad.
Que un tío te jodía lo mataban, que había que enterrarlo se le enterraba, que les faltaba pasta la robaban. Así era su mundo y no lo iban a cambiar por nada, era la gran vida. Estaban viviendo el sueño americano.
Pero Henry y Jimmy se vuelven descuidados, empiezan a joder a los hombres equivocados y les acaban trincando. En la trena Henry se da cuenta de que a las malas nadie está a tú lado, estás solo y jodido. Henry abre los ojos y jura que no le volverá a pasar. Esta es la última vez que pisa la cárcel, se acabó tragar mierda. Hill sabe que nunca será uno de ellos, porque no es 100 x 100 italiano. Podrá trapichear, será bien visto en la familia mientras pague su tributo pero nunca sería un capo del hampa.

“A Jimmy  y a mi no podían hacernos de la familia porque teníamos sangre irlandesa, ni siquiera importaba que mi madre fuera siciliana. Para ser un capo del los grandes había que ser italiano 100 por 100 y que todos tus antepasados fueran italianos” (Henry Hill).

Henry sale del talego antes de tiempo, se ha salvado de los diez años que le habían caído en principio. Paulie le aconseja que deje la coca, que lleve una vida más tranquila dentro del grupo, que no haga más negocios con Tommy y Jimmy porque el primero es un maniaco y el segundo se ha vuelto descuidado ya que  la avaricia ha podido con él. Pero Henry se lo pasa por el forro y sigue trapicheando. Para él ser mafioso es pegarse la gran vida, no va a vivir como uno más, él va a saboreado el poder del dinero que le tiene cogido por las pelotas.

Uno de los nuestros

New York, 1980.
Así logran dar el mayor golpe que nunca antes se haya dado, el de la Lufthansa. Seis millones de $, lo habían conseguido. El robo que cualquiera quisiera dar, el golpe de toda una vida. Pero dejaron un cabo suelto. Stacks Edwards (fugaz Samuel L. Jackson) el chofer, un negro al que le gustaban demasiado la coca y las mujeres; tenía todas las papeletas para que Tommy le hiciera una visita y las visitas de Tommy acaban con el otro siempre con la cabeza reventada y el cuerpo lleno de plomo.
Pero aquel gran robo fue el principio del fin, Jimmy no estaba dispuesto a repartir el dinero con nadie que no fueran Tommy y Henry. Todos los demás tenían que caer porque matarles era más barato que pagarles. Cargarse a todos aquellos tíos no iba a pasar desapercibido para Paulie ni para nadie, pero los ojos de Jimmy no veían mas allá del verde del dinero y aquello les mataría en vida. Pero de todo aquello salió algo bueno. Tommy iba a formar parte de la familia, era el paso que estaban esperando, así que después de tanto tiempo, el único de ellos que podía ascender dentro del grupo, por fin lo había logrado. Jimmy se volvió loco de alegría que hicieran a Tommy de la familia. Era como si él mismo pasara a ser de la familia, con Tommy allí dentro sus negocios ya no tendrían techo, era la cima de la mafia era lo más grande que les podía pasar, lo habían hecho.

Pero estaban equivocados Tommy había jodido a mucha gente. Aquel tipo que se habían cargado y cuyo cuerpo enterraron era un pez gordo y no se mata a un pez gordo sin el consentimiento de la familia. El FBI estaba siguiendo la pista a la familia por su culpa, así que le metieron tres tiros por la espalda para luego dispararle dos veces en la cara. Todo para que su madre no pudiera velar el cuerpo con el ataúd abierto. Aquello era el último aviso. O cambiaban o se iban al otro barrio. Pero Henry siguió con sus negocios, vendiendo y metiéndose toda la coca que pudiera, teniendo y manteniendo a todas las amantes que le fuera posible, estaba fuera de control, toda aquella droga que se metía le tenía nublado el cerebro, ya no regía bien. El FBI llegó a estar tras  él y Henry volvió a callar y de nuevo se quedo sólo y sin nada. Toda la coca que tenían Karen la largó por el water, ¿el dinero? estaba invertido en inmuebles que nadie compraría porque eran de un mafioso, ¿la familia? Les dio la espalda para siempre, sólo tenía una salida, largarse si quería vivir o como mínimo retrasar su muerte. O…

…testificar y hundir a todos sus amigos, a sus compañeros de fechorías desde que tenia 13 años, a todos aquellos que le ayudaron a ser lo que era, a cumplir su sueño, pero eran ellos o él. Y Henry cantó, lo mandó todo a la mierda, se cargó él solo a una familia entera, a cambio de una vida como un don nadie más, en un chalet adosado, con un sueldo mísero y una ranchera en el garaje. Pasaría a ser todo aquello que había odiado, pero seguiría vivo y en la calle. Si, era un soplón y una rata pero no se pudriría el resto de su  vida en la trena como el resto de sus compinches, como Paulie, Tuddy o Jimmy. Les había ganado, el paleto irlandés, el chico de los recados logró ganar, pagando un alto precio pero lo logró.

“Ahora soy un don nadie, y tengo que vivir el resto de mi vida como un gilipollas”. (Henry Hill).

Uno de los nuestros

Curiosidades.
-Para dar vida a su personaje Ray Liotta pasó mucho tiempo con Henry Hill, personaje real en que se basa la película.
-En la escena en que Paul Sorvino llama la atención a Henry nada más salir de la cárcel, la bofetada que le da fue totalmente improvisada, de ahí la reacción de Ray Liotta.
-La palabra “fuck” (“joder”) se pronuncia 246 veces a lo largo de la película, siendo Tommy DeVito el personaje que más veces lo utiliza.
-Después de ver la película, la madre de Joe Pesci le dijo que era muy buena pero le preguntó si era necesario que dijera tantos tacos.
-La madre de Martin Scorsese tiene un pequeño papel como madre de Tommy DeVito, mientras su padre interpreta al cocinero de la cárcel.