Los archivos del Pentágono
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Basada en hechos reales, esta nueva película de Steven Spielberg retrata un capítulo muy importante en la historia más o menos reciente de los EEUU. La libertad de prensa estaba en juego y muchas personas lo arriesgaron todo para revelar la verdad. La verdad que se ocultaba en un informe clasificado de más de 7000 folios encargado por Robert McNamara. Un informe que pasaría a ser conocido como… ‘Los archivos del Pentágono’.

“La prensa debe servir a los gobernados y no a los gobernantes”.-Hugo Black.

Crítica de Los archivos del Pentágono

El 30 de mayo de 2017 Steven Spielberg comenzó en Nueva York el rodaje de ‘Los archivos del Pentágono’ cuyo título original era ‘The Papers’ (hoy convertido en ‘The Post’), aludiendo a “los papeles” que integraban el informe elaborado por el exsecretario de defensa Robert McNamara. Además, este film supone la primera vez que, en sus largas carreras, trabajan juntos Spielberg y Meryl Streep. En este sentido, la actriz comenta lo siguiente: “Su forma de hacer cine tiene mucha improvisación, lo que me dejó pasmada. No sé qué es lo que esperaba, pero llegamos y no hubo ensayos. La verdad es que me sorprendió. En vez de eso, llegamos y nos pusimos a rodar, y a partir de ahí va variando. Fue muy espontáneo y muy emocionante”.

El guión, escrito por Liz Hannah (primer libreto para cines) y Josh Singer (‘El quinto poder’), es un canto total al viejo periodismo. Aquel periodismo (ya casi perdido) que se ejercía cuando no había Internet ni los avances actuales y se trataba de contactar como se pudiera con las fuentes… tan es así que cuando termina la película te dan ganas de empezar la carrera. Y en este aspecto es donde viene el mayor reproche que se puede hacer a la película, es decir, todos los periodistas que aparecen en pantalla nos son mostrados como unos auténticos héroes y figuras a las que alabar, los grandes preservadores de la democracia y la libertad… no hay ni tan siquiera uno de moral marchita y/o cuestionable. Demasiada idealización y halago.

En relación a lo anterior, el principal tema del film es la libertad e independencia de la prensa frente al poder y la “seguridad nacional”. Esto se nos muestra en primera línea por la trama centrada en la búsqueda y publicación del “informe McNamara” (atención a la frase: “Si el gobierno nos dice qué publicar y qué no… ya hemos perdido el periódico”), pero también queda reflejado por las acertadas referencias que se hacen a las relaciones entre directores y dueños de periódicos con políticos de peso. De esta forma, asistiremos a los “reproches” mutuos entre Ben Bradlee (Tom Hanks) y Kay Graham (Mery Streep) a cuenta de sus respectivas amistades, el primero con Jacqueline Kennedy y la segunda con el propio Robert McNamara. Amistades que, de alguna manera, podían influir a la hora del tratamiento de determinadas noticias y favores.

Al respecto del diseño de producción, la película apuesta claramente por los interiores, ya que las secuencias transcurren (principalmente) en platós cerrados como la redacción del Washington Post, o las casas de Ben Bradlee y Kay Graham. Estos interiores nos retrotraen a los años 70 con los redactores escribiendo a toda máquina en las Royals, viendo las televisiones de la época o incluso mostrando (brevemente) cómo funcionaban las planchas del periódico. En este aspecto retro resaltar que Spielberg y Janusz Kaminski (director de fotografía) decidieron rodar en película de 35 mm, como guiño al cine de los años 70 y también para buscar un mayor realismo y riqueza en cada detalle.

Por su parte, Spielberg imprime un ritmo muy ágil al film que no deja tiempo para el aburrimiento a lo largo de sus casi dos horas. Esto es algo que queda patente desde el arranque en plena guerra del Nam hasta el proceso judicial del tramo final. Proceso que también es otro de los puntos débiles del film, ya que se despacha en un visto y no visto, y casi sin tener trascendencia en lo que es el metraje de la película, como si fuera una mera “anécdota”.

“¿Alguien más está cansado de leer noticias en vez de darlas?” Periodistas.

La pareja protagonista del film es la formada por Meryl Streep y Tom Hanks. Ambos están un nivel por encima de la mayoría del resto de intérpretes. Intérpretes que básicamente entran y salen pero sin lograr alcanzar una trascendencia como la que sí que logran Streep y Hanks.

En lo que respecta a Meryl Streep decir que su labor como Kay Graham es destacadísima. Meryl no levanta la voz en todo el metraje y hace de la amabilidad su rasgo más distintivo. En pantalla tenemos a una mujer que se ve arrojada a tomar el poder en un mundo de hombres por la inesperada muerte de su marido. Una auténtica pionera rodeada de asesores que la infravaloran pero también con algún otro que la apoya. Sobre sus espaldas recaerá la enorme responsabilidad de la toma de decisiones que afectan a toda su plantilla y a la viabilidad económica del periódico, algo que el propio Ben Bradlee no comprenderá hasta llegado un determinado momento.

Precisamente a Ben Bradlee le da vida un Tom Hanks totalmente metido en su papel. Desde el peinado con flequillo (peluca) hasta esa voz un tanto “cavernaria” y autoritaria que se saca… Hanks hace suyo a un personaje al que el olor a las noticias pone auténticamente en órbita sin pensar en las consecuencias porque lo suyo es gestionar las exclusivas. Lógicamente el hecho de que The New York Times les coja la delantera es algo que no lleva bien, de ahí su frase: “¿Alguien más está cansado de leer noticias en vez de darlas?”… empleada para espolear a sus “plumillas”.

Los secundarios que entran y salen se dividen claramente en tres grupos: los familiares y amigos, los asesores y, finalmente, los periodistas. Entre los primeros tenemos a Bruce Greenwood que da el pego bastante bien gracias a un gran maquillaje como Robert McNamara. Especialmente desaprovechada queda Sarah Paulson en un rol que casi no aporta nada como Tony Bradlee, la esposa de Ben; con ella da la impresión de que si no estuviera en el film tampoco pasaría nada, simplemente es la excusa para dotar de algo de vida familiar al personaje de Tom Hanks y “espabilarlo” en un momento determinado. Con Alison Brie pasa lo mismo que con Sarah, es decir, sale poco y sólo está para ser la hija de Kay.

Entre los periodistas podemos encontrar al famoso y televisivo Bob Odenkirk que es de los que más acusa las entradas y salidas como Ben Bagdikian, el reportero clave del Post. Carrie Coon apenas pinta nada como Meg Greenfield, la escritora de editoriales del Post. Matthew Rhys tiene cierto protagonismo al principio interpretando a Daniel Ellsberg, el reportero que “roba” el informe, pero luego desaparece del film casi por completo. Cerrando este grupo hay que citar los pocos minutos que tiene Michael Stuhlbar dando vida a Abe Rosenthal, el director editorial del New York Times.

Finalmente, en el grupo de asesores hay que decir que el que más resalta es Tracy Letts en una interpretación de mucha seguridad y comedida como Fritz Beebe, el asesor más fiel de Kay Graham. A Bradley Whitford no se le pueden poner pegas en su rol de Arthur Parsons, el consejero que más desconfía de Kay y, finalmente, aprovechando muy bien sus minutos nos queda Jesse Plemons como el abogado Roger Clark, un joven letrado que no sabe la que se le vendrá encima…

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Los archivos del Pentágono, un film que resulta una verdadera carta de amor escrita por Steven Spielberg para el viejo Periodismo, aquel que no necesitaba copiar y pegar de Internet ni tampoco usar Google como fuente. Aquellos eran otros tiempos más viscerales, independientes y auténticos, y en esta película más que menos quedan bien reflejados.

Tráiler de Los archivos del Pentágono