La red social
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Resulta curioso cómo el dinero y el poder condicionan los comportamientos de las personas, y cómo, desde ese condicionamiento, olvidas quiénes son tus amigos y en quiénes puedes confiar y en quiénes no. Al menos eso es, a priori, la reflexión que se suele hacer. Pero yo me pregunto: ¿De verdad es así? ¿De verdad somos tan poco responsables? ¿O será, de verdad, que realmente no los consideras amigos tuyos y que no confías en nadie, sino que vas dejando que piensen, temporalmente, que confías en ellos?… Bienvenidos a la crítica de La red social.

“Un millón de dólares no es mucho. ¿Sabes cuánto es mucho? Mil millones de dólares” (Sean Parker, en la película).

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La trama: Facebook.
Paralelamente a la puesta en marcha la página de Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin, los gemelos Winklevoss le comentan su iniciativa, bastante similar a la que tiene él en mente. Promete ayudarles, pero luego, esa ayuda no se materializa. Esa primera página de Zuckerberg y Saverin pronto se expande a otras universidades fuera de Harvard, llamado la atención de Sean Parker, co-fundador de Napster, y con su ayuda se empiezan a expandir fuera de los Estados Unidos. A medida que va creciendo el éxito de la página, crece el resentimiento de los gemelos Winklevoss, que moverán cielo y tierra, para hacerle pagar por una idea que dicen que es suya. Y junto con ese resentimiento, crece también el resentimiento de su amigo Eduardo, que va siendo relegado en la empresa, a medida que crece la influencia de Parker…

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Crítica de La red social.
Decir en primer lugar que este film que cuenta la historia del nacimiento de Facebook está basado en el libro ‘The Accidental Billionaires’ de Ben Mezrich. La película me ha gustado por una razón: no trata de juzgar a nadie. Trata de exponer las circunstancias que rodearon la creación de Facebook y las consiguientes a su exponencial crecimiento. Nos deja a nosotros, los espectadores, con las dudas. ¿Cómo fueron realmente las cosas? ¿Alguien lo sabe? Creo que solamente lo sabe el propio Mark Zuckerberg.

Como siempre que me gusta una película, la historia principal es el hilo que entreteje otras muchas historias. Historias tan antiguas como la vida misma. Historias que tienen que ver con la naturaleza humana, con la responsabilidad, la amistad, la oscuridad y las sombras de los hombres. Con la codicia, la envidia, el poder y el dinero.

Yo no sé cómo fueron las cosas. Tampoco quiero saberlo. Me quedo con las reflexiones acerca de la responsabilidad, de la amistad, de la envidia y de las elecciones personales. Me quedo con esta frase: Si vosotros fuerais los creadores de Facebook, habríais creado Facebook”.

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¿Cuántas veces vemos a gente que, estando con otros socios, hablan de esos proyectos como si fueran únicamente suyos? ¿Cuántas veces nos hemos encontrado ayudando a alguien y apoyándolo, para que, después esta otra persona te venda? ¿De verdad había amistad o sociedad ahí? ¿De verdad había algo más que puro interés? ¿De verdad hay personas que manejan tan bien a los demás, que están tan alejados de las emociones y de los valores, que sólo buscan el propio interés?

Para mí, las relaciones personales (donde caben todo tipo de relaciones) son un complicado espejo roto que nunca puedes llegar a tener entero. Obtendrás reflejos, unos más acertados y otros menos acertados, y es en función de esos reflejos que debes tomar decisiones. Decisiones cómo las que tomó Zuckerberg (Jesse Eisenberg), decisiones cómo las que tomó Eduardo (Andrew Garfield), o cómo las que tomaron Parker (Justin Timberlake) y los gemelos Winklevoss (Armie Hammer). Y es en esas decisiones, donde el reflejo cristaliza. Donde se muestra quién eres. Donde se muestra quiénes son los demás. Cuáles son sus sombras. Cuáles son tus sombras. Cuáles son sus recovecos. Cuáles son tus recovecos. Cuáles son sus intereses. Cuáles son tus intereses.
Lo que pasa es que, quizás, y aunque anhelantes por saber la verdad, el reflejo cristalizado duele demasiado… tanto cuando se trata de nosotros mismos, como cuando se trata de los demás.

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Conclusión.
¿A quién le gusta estar ante sus sombras? ¿Y ante las de los demás? ¿Cuántos torceremos la cara cuando las veamos? ¿Torcieron sus caras cada uno de los protagonistas? ¿Ante qué sombras?… ¿Y cuáles eran reflejos y cuáles realidades?
Ésa es la intriga de ‘La red social’ y la magia de la misma. Que te deja con el misterio. Con el misterio que tenemos todos los días ante nosotros. Con el misterio de saber quiénes somos y quiénes son los demás. Con quienes podemos contar y con quienes no podemos contar. Con quien nos apuñalará y con quien podremos crecer…Y vosotros, ¿qué pensáis?

“Cuando he escrito novelas, siempre he tenido la sensación de encontrarme en las manos con añicos de espejo, y sin embargo conservaba la esperanza de acabar por recomponer el espejo entero. No lo logré nunca, y a medida que he seguido escribiendo, más se ha ido alejando la esperanza. Esta vez, ya desde el principio, no esperaba nada. El espejo estaba roto y sabía que pegar los fragmentos era imposible. Que nunca iba a alcanzar el don de tener ante mí, un espejo entero”.
(Natalia Ginzburg. Preámbulo a La cittá e la casa).

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