La princesa prometida
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“¡Te he traído un regalo especial! Un libro. Cuando yo tenía tu edad los libros eran nuestra televisión. Y este es un libro especial, es el libro que mi padre me leía cuando yo estaba enfermo y que yo solía leerle a tu padre. Y hoy voy a leértelo. Esgrima, combates, torturas, venganzas, gigantes, milagros, persecuciones, fugas… ¡amor verdadero!”. Empezamos a pasar las páginas de… ‘La princesa prometida’.

“¡Como deseéis!” (Westley)

Crítica de La princesa prometida

Si una película tiene ganado a pulso el calificativo de “película de infancia” esa es ‘La princesa prometida’ (Rob Reiner, 1987). No estamos ante un film perfecto, ni mucho menos, pero sí ante uno de esos films que destilan magia y hacen que sus escenas y personajes se queden grabados en la memoria de quienes la ven. Como bien anticipa “El abuelo”, en este cuento podremos encontrar: “Esgrima, combates, torturas, venganzas, gigantes, milagros, persecuciones, fugas y sobre todo ¡amor verdadero!” Esto último es lo que mueve todo el relato, el amor verdadero por encima de todo.

Los protagonistas de la película, en su mayoría, vivieron su momento de mayor repercusión artística en esta cinta. A saber: Cary Elwes (Weastley), quien luego acabaría poniendo esa famosa expresión suya (la de estar a punto de reírse mientras recita sus diálogos) en numerosas spoofs-movies como ‘Hot Shots’ (Jim Abrahams, 1991) o ‘Las locas, locas aventuras de Robin Hood’ (Mel Brooks, 1993). En el año 2004 viviría un breve repunte de popularidad, gracias a su rol del Doctor Lawrence Gordon, un hombre que despierta en un baño con un grillete en el pie de ‘Saw’ (James Wan, 2004), pero nunca volvería a gozar de tanto bombo como en la película que hoy nos ocupa.

Robin Wright (Buttercup) sin duda es quien más prolífica carrera tuvo. Tras participar en este film la vimos en inolvidables papeles como en ‘El clan de los irlandeses’ (Phil Joanou, 1990), ‘Forrest Gump’ (Robert Zemeckis, 1994), ‘El protegido’ (M. Night Shyamalan, 2000) o recientemente en ‘Wonder Woman’ (Patty Jenkins, 2017).

No le fue tan bien a su marido por obligación en este film, Chris Sarandon (Príncipe de Florian), cuya estrella se apagó al finalizar los años ochenta. Otros como Christopher Guest (Conde Rugen) prefirieron seguir su carrera en el mundo del doblaje y la dirección. El mundo del doblaje también fue el lugar qué más transitó el inconvencible Wallace Shawn (Vizzini), voz original en inglés del dinosaurio Rex en ‘Toy Story’ (John Lasseter, 1995) y secuelas.

A Mandy Patinkin (Iñigo Montoya, ¿quién no recuerda su pre-sentencia de muerte al hombre de una sola mano?) le esperaba la televisión. Aunque luego de ‘La princesa prometida’ aparecería irreconocible bajo el maquillaje del alienígena de ‘Alien nación’ (Graham Baker, 1988) y en ‘Dick Tracy’ (Warren Beatty, 1990). El único e irrepetible André El gigante (Fezzie), antes wrestler que actor, no pudo seguir con su carrera ante las cámaras por su prematura muerte en 1993, solo tenía cuarenta y seis años. Fred Savage y Peter Falk, el nieto y el abuelo, fueron famosos por las series ‘Aquellos maravillosos años’ (1988-1993) y ‘Colombo’ (1971-2003).

En cuanto a su director, Rob Reiner, estamos ante una de sus mejores obras. Reiner representa uno de esos extraños casos de directores que se encuentran al principio de sus carreras con películas notables. Películas que dirigen con solvencia para luego desaparecer del mapa. Este irregular director empezó realmente fuerte su carrera pero fue perdiendo gas incompresiblemente durante los años. Antes de eso dejaría, además de esta cinta, obras realmente destacadas (y diferentes entre sí) en los ochenta y noventa, algunos ejemplos: ‘Cuenta conmigo’ (1986), ‘Misery’ (1990) o ‘Algunos hombres buenos’ (1992). El fracaso del drama judicial ‘Fantasmas del pasado’ (1996), dejaría su carrera tras las cámaras muy tocada, hasta el punto de qué no lograría un éxito de taquilla hasta diez años después con ‘Ahora o nunca’ (2006), comedia protagonizada por Morgan Freeman y Jack Nicholson sobre dos enfermos terminales que deciden vivir sus últimos días a lo grande.

Hablar de ‘La princesa prometida’, en este caso escribir sobre ella, para mí, es hacerlo sin objetividad, ya que es una de mis películas de la infancia con mayúsculas. Siendo consciente de que no es perfecta, si es uno de esos films con encanto, la cual siempre se disfruta por muchos visionados que le vayan cayendo encima, algo que hace que se convierta en un clásico. Y sin duda lo es. Tiene todo lo que un film de aventuras para toda la familia debe tener (incluso besos apasionados, por mucho que al “nieto” no le gusten). Una película hecha para ser inmortal. Igual que el amor verdadero.

“Hola. Me llamo Iñigo Montoya…” (Iñigo)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de La princesa prometida, una película con la magia tan habitual de las producciones de los años ochenta. Un film que se nota hecho con el corazón y que hace prevalecer sus virtudes a sus defectos. Sin duda, un clásico del cine de aventuras familiares.

Tráiler de La princesa prometida