Jumper
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Existen películas rodadas con un único y sencillo propósito: el de ejercer como meros vehículos de entretenimiento para que el espectador pase el rato en la sala de cine. Algunos de estos films resultan tan inocuos e irregulares que no logran alcanzar su cometido con éxito. Sin embargo, tenemos otros que se pueden hacer bastante amenos a pesar de la superficialidad y sencillez del argumento, y ‘Jumper’ se encuadra a la perfección en este segundo grupo. Película correcta y entretenida de la que ya han pasado 10 años.

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Crítica de Jumper

Por norma general, y salvo excepciones, este tipo de producciones tan previsibles, intrascendentes, sencillas y carentes de pretensiones no se llevan grandes aplausos… y ‘Jumper’ no es precisamente la excepción que confirma la regla, pero como he señalado en la cabecera del artículo, tampoco es una película despreciable como para ignorarla y machacarla hasta la saciedad (para eso ya tenemos las “joyas” de Uwe Boll o ciertas adaptaciones del mundo del videojuego que resultan insufribles). En esta ocasión nos encontramos ante un producto de consumo rápido, correctamente elaborado, que está respaldado por una buena dosis de cuidados efectos especiales y arropado con la presencia de varios actores de renombre que no se toman en serio así mismos y que disfrutan como enanos con las situaciones en las que se ven inmersos.

El guión carece de esa complejidad argumental que tanto nos gusta (o nos disgusta, según se mire), y aunque se podría haber sacado mucho más provecho de la historia, es innegable que el ritmo se mantiene bastante constante durante casi todo el metraje, algo imprescindible para evitar el aburrimiento del personal. Todos estos elementos convierten al film en un mero pasatiempo que nos entretendrá (que no es poco viendo la mayoría de películas que nos llegan hoy día) durante la escasa hora y media que dura la película, unos 85 minutos que se nos pasarán volando, entre salto y salto, y las nada despreciables batallitas y persecuciones que protagonizan Jumpers y Paladines.

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Hasta aquí todo correcto y suficiente para merecer el aprobado raspado, pero como a todos nos gusta ser exigentes con el cine de hoy día, también debemos serlo con estas producciones tan “inocentes” y poco dañinas. Como he comentado unas líneas más arriba, la historia podría haber dado mucho más de sí, de hecho la película habría sido infinitamente más interesante y espectacular si el guión no hubiera girado en torno a la (sosa y previsible) historia de amor que envuelve a los dos protagonistas principales, porque a pesar del gran elenco de efectos visuales que se nos ofrece (y de los muy buenos escenarios y localizaciones que caracterizan esta producción) el contexto principal de la trama se centra (por desgracia) en el monótono romance que viven los personajes que interpretan Hayden Christensen (David) y Rachel Bilson (Millie), una historia de pasión vista ya mil veces que dura casi hora y media.

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Parece increíble que un guionista de prestigio como David S. Goyer y un director interesante como Doug Liman, no hayan sido capaces de exprimirse las ideas para escribir y dirigir una apasionante historia que narrase la legendaria guerra entre Paladines y Saltadores que se lleva librando desde tiempos ancestrales, cuando resulta que el presupuesto (que rondó los muy aceptables 90 millones de dólares) no sirve precisamente como excusa para haber tenido que ignorar esta vía narrativa que le habría otorgado al film la seriedad argumental que se le ha negado, y es que con esa cantidad económica, se podría haber conseguido un producto de muchísima mayor envergadura y calidad. También es cierto que no debemos olvidar que la película es una adaptación de una novela de Steven Gould (publicada en 1992) que cuenta la historia de un muchacho con el poder de teletransportarse, y que quizás en ella no se profundizaba en absoluto en el pasado y orígenes de ambos bandos, por lo tanto, si en la novela no se tratan ciertos temas o asuntos, el guionista tampoco tiene la obligación de exponerlos en pantalla dado que se trata de una adaptación y correría el riesgo de ser recriminado por falta de fidelidad al relato (aunque dudo que a alguien le hubiese importado).

No obstante, todo lo anterior son conjeturas porque no he tenido el placer (o la mala suerte) de leer la historia original, pero, sin duda, esta línea argumental que se echa en falta habría dado lugar a una trama mucho más épica ambientada desde el pasado hasta el presente que hubiese elevado considerablemente el nivel de la película. Pero ya no hay vuelta atrás, y el guión final resulta excesivamente plano, infantiloide y rectilíneo… dejando en el aire ideas tan interesantes que se podrían haber desarrollado con profundidad en beneficio del film, por ejemplo: el auténtico origen de esta extraña raza de personas o las verdaderas inquietudes y causas que promueven a los implacables Paladines a eliminar a todos los Jumpers. Y es precisamente aquí donde nos topamos con una pequeña duda moral que está presente durante todo el metraje, ¿quiénes son los auténticos villanos del film: los Paladines o los Saltadores?

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Éstos últimos son personas presuntamente inocentes que deben cargar a sus espaldas con un defecto (¿o tendría que llamarlo “don”?) genético que les permite desaparecer y aparecer instantáneamente en cualquier lugar del planeta, y esto no es un motivo real para que sean perseguidos hasta la saciedad con el objetivo de lograr su extinción total del planeta y juzgarlos sin piedad como “seres potencialmente peligrosos para la sociedad”, aunque también es cierto que el personaje de David nos da  motivos suficientes como para tener que aplaudir la actuación de los Paladines (no olvidemos que éstos pertenecen a una organización gubernamental secreta y que sólo intentan ejercer bien su trabajo), ya que el susodicho “Jumper” no muestra miramientos prácticamente por nadie y ejerce su poder deliberadamente en beneficio propio (robando bancos, delinquiendo constantemente o alterando el bienestar de la gente que le rodea y le quiere, en este caso, de su padre o de la propia Millie), por lo que merece su castigo a manos de sus perseguidores y tiene que aceptar su culpabilidad. Entonces… ¿son los Paladines héroes o villanos? Posiblemente nos encontramos ante un film en el que las diferencias entre el Bien y el Mal no quedan claramente delimitadas y, por lo tanto, los dos bandos se reparten a partes iguales la culpabilidad y la inmoralidad de sus actos, convirtiendo este pequeño enigma moral en lo más destacable e interesante de la historia.

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En lo referente a los efectos visuales decir que son lo más destacable de la película. Las numerosas escenas de saltos y brechas temporales rozan la espectacularidad, destacando por encima de todas esa secuencia en la que el personaje de Jamie Bell (Griffin) roba un lujoso automóvil deportivo y, junto a David (de copiloto), se dispone a atravesar toda la ciudad a velocidad de vértigo mientras el vehículo se teletransporta constantemente de una avenida a otra, por no hablar de esas secuencias en las que los Jumpers comienzan a teletransportar camiones y vehículos pesados con el objetivo de lanzarlos deliberadamente a sus perseguidores, los Paladines. Sin duda hablamos de secuencias que rebosan espectáculo e impacto visual por los cuatro costados. Todas estas escenas y la gran mayoría de efectos especiales (creados por la prestigiosa compañía Weta) beben directamente de ‘Matrix’ (1999), de hecho, la película de las Wachowski se nos vendrá a la mente en más de un instante, y lo mismo sucede con el cartel promocional de ‘Jumper’, que se asemeja bastante al póster original de la película protagonizada por Keanu Reeves. Así es el mundo del márketing…

Los paisajes y localizaciones son otro punto importante a destacar, no obstante el plano utilizado como “icono” de la campaña publicitaria es aquel en el que David se encuentra en lo alto de una pirámide de Egipto. Realmente el equipo técnico se tuvo que trasladar a varios puntos del planeta para rodar las impresionantes escenas de exteriores, secuencias filmadas en lugares tan dispares como Canadá, República Checa, Italia, Egipto, Francia o Japón, y esto es algo que se debe valorar, ya que se ignoró por completo el sistema de pantalla verde utilizado para plasmar fondos digitales en el film.

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En cuanto a los actores que intervienen en la película, el único que merece la pena destacar es Jamie Bell, que parece ser uno de los pocos que se toman en serio el asunto. Samuel L. Jackson (que interpreta a Cox, el líder de los Paladines) aporta nombre y prestigio a la ficha artística, pero nada más. Lo poco destacable de su personaje es ese pequeño arsenal de utensilios que son empleados para neutralizar el poder de los Jumpers, pero en lo que se refiere a actuación, creo que deberíamos de ignorarla. En cuanto a Hayden Christensen, siempre me ha parecido un actor sumamente sobrevalorado que no es capaz de mover un sólo músculo de la cara, y en este film vuelve a demostrarlo. Por desgracia (para él) siempre será Anakin Skywalker… También nos encontramos a Michael Rooker, un secundario de oficio y de nivel que interpreta con soltura (dentro de lo que cabe) al semi-desquiciado padre de David. Y las dos contribuciones femeninas por parte de Diane Lane que se mete en la piel de la madre del famoso “aaltarín” y su presencia en pantalla no supera los 5 minutos de duración, y la joven Rachel Bilson, una actriz ascendente que interpreta a la amiga de David y que se convertirá en su compañera de fatigas. Todos ellos aportan lo que pueden (que no es mucho) en una producción que no levantará la carrera de nadie, pero que se deja ver sin ningún problema. Pasable.

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En resumidas cuentas.
Para finalizar con esta crítica de Jumper, el film puede “presumir” sin tapujos de tener lo mínimo e imprescindible que se le pide a una película para que no provoque somnolencia al respetable espectador. Puede servir para visionarla tranquilamente en casa un día que la pasen por la tele con una buena bolsa de palomitas y con la compañía de un amigo/a de confianza al lado.

Curiosidades.
-En un principio se rumoreó que este film sería el primero de una trilogía.
-El rodaje del film sufrió varios imprevistos. El realizador Doug Liman no aprobó el guión del proyecto hasta dos años después de haberse incorporado al mismo. Tras dos meses de rodaje, a un directivo de la Twentieth Century Fox se le ocurrió que sus dos protagonistas eran demasiado jóvenes (en el relato original tienen 18 años) y que sería conveniente hacerles un poco más mayores para que la historia de amor interesara a un público más adulto. Así pues, Tom Sturridge y Teresa Palmer fueron sustituidos por Hayden Christensen y Rachel Bilson, respectivamente, con el consiguiente parón de la filmación, la repetición de tomas, una nueva reescritura de guión y como consecuencia de todo ello, un aumento de presupuesto.
-Los responsables de Fox no quedaron del todo satisfechos del resultado final, por lo que tuvieron que recortar la película en la sala de montaje hasta que su duración alcanzase los 85 minutos del metraje.

Tráiler de Jumper