Inferno
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Robert Langdon se encuentra en graves problemas: privado de su gran intelecto como simbologista, perseguido por fuerzas descomunales y con la inminente amenaza de un virus letal a punto de ser liberado por un eco-terrorista. Langdon corre contrarreloj en su aventura más infernal contra un adversario temible que ha preparado el ‘Inferno’ en la Tierra.

“¿Por qué estoy en Florencia?”.-Robert Langdon.

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Crítica de Inferno.
Antaño, servidor era ferviente lector de las aventuras de Robert Langdon, personaje creado por Dan Brown que cobró vida en las pantallas mundiales gracias al éxito de ventas que fueEl Código Da Vinci‘. Para muchos no fue sorpresa que, aunque la crítica despellejase la película, esta fuera un éxito mundial. Así pues, tan solo tres años después, se estrenaría en 2009 la “secuela”, Ángeles y Demonios‘, que en términos de novela era la primera en la que hacía acto de presencia el personaje que interpretaba Tom Hanks. Esto fue así por razones puramente comerciales, ya que la popularidad de “El Código” pesaba más que la de “Ángeles”.

Teniendo en cuenta lo anterior, esto puede explicar por qué adaptar ‘Inferno’ en vez de ‘El símbolo perdido’ (como curiosidad, fue la primera que empezó a tantearse para su adaptación). Ahora bien, dejando eso a un lado: ¿cómo queda ‘Inferno’? Pues queda entre medias de ‘Angeles y Demonios’ y ‘El Código Da Vinci’, es decir, tiene tanto cosas buenas como malas y se queda a medias.

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Para empezar (y que conste que esto no es “spoiler”), el final del film cambia radicalmente al de la novela, y también se modifican ciertos detalles relacionados con el cómo Langdon descubre los acertijos. Aquí la base es ‘La Divina Comedia’ de Dante, que habla del descenso a los infiernos por parte de Dante para rescatar a su amada Beatrice.

Al no tener el film base religiosa (cosa que afecta totalmente al tono de la película respecto a las dos cintas anteriores), Ron Howard mete de lleno al espectador en una espiral de persecuciones y acertijos donde no hay respiro, donde predomina ese tono de techno-thriller que va desde el cómo Howard filma el film, pasando por el montaje y fotografía y hasta la música de Hans Zimmer (que algunos han citado como la peor de la trilogía).

Con total sinceridad, lo que se veía en ‘El Código Da Vinci’ y ‘Ángeles y Demonios’ (tanto musical, como en tono y dirección) no funcionaría en el entorno de ‘Inferno’. Claramente, aquí Howard toma ese elemento de exageración que se veía en “Ángeles” y se lo enchufa a esta nueva película que, sin embargo, no queda exenta de ciertos fallos gordos.

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En relación a lo anterior, el mayor defecto del film se ciñe claramente a los giros argumentales (excesivamente previsibles) y ciertos detalles con el personaje de Felicity Jones (algo que también sufría la primera entrega de esta trilogía). Esto se intenta suplir gracias al citado ritmo y su final (diferente al de la novela y fuera de todo debate, pero en mi opinión, mejor cinematográficamente hablado).

Al respecto del casting, Tom Hanks sigue siendo el mejor para interpretar a Langdon, el actor tiene la suficiente fuerza en pantalla como para mantener al espectador enganchado. Felicity Jones (aunque el guionista David Koepp desvele el pastel demasiado pronto) se refuerza como poderosa actriz en el panorama actual y desde luego ha sido la mejor acompañante femenina de Langdon en esta franquicia. Por el contrario, quedan muy desaprovechados tanto Omar Sy como Irrfan Khan, cuyo desarrollo de personajes tampoco es para tirar cohetes (en mi opinión, quienes quedaron mejor parados fueron los de A&D).

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En conclusión.
Finalizo esta crítica de Inferno, para algunos será la mejor aventura de Robert Langdon en la gran pantalla, pues alejado (por fin) de los elementos religiosos (y polémicos) de sus dos primeras partes, quizás la haga más apetecible. Servidor opina que se sitúa entre Ángeles y Demonios‘ y ‘El Código Da Vinci‘, es decir, tiene tanto cosas buenas como malas que, aunque la hacen entretenida, no la convierten en un film tan disfrutable como la última aventura cinematográfica del simbologista.