Gattaca
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¿Qué ocurriría si la sociedad estuviera dividida entre individuos genéticamente perfectos y ciudadanos con imperfecciones congénitas? ¿Y si el simple hecho de tener miopía nos relegara a trabajos indignos destinados a castas sociales inferiores? Son preguntas complejas a las que ‘Gattaca’ trata de dar respuesta a través de dos personas que unen sus destinos de un modo que jamás hubieran imaginado.

“Nunca entenderé lo que empujó a mi madre a poner su fe en las manos de Dios y no en las de su genetista”.-Vincent Freeman.

Gattaca

Valoración:
Andrew Niccol es un director y guionista neozelandés muy poco prolífico que ha trabajado en producciones importantes como ‘La Terminal’ o ‘El show de Truman’. La película que vamos a comentar significó su trampolín hacia la fama, pues aunque en su filmografía encontramos títulos correctos como ‘S1mone’ o la más reciente ‘In time’, estamos sin lugar a dudas ante la que es su película más redonda.

A pesar de que ‘Gattaca’ puede englobarse en el género de la ciencia-ficción, el escenario que dibuja no es nada difícil de imaginar, y menos aún si tenemos en cuenta las tendencias humanas en aspectos sociales. Así que se nos presenta una realidad distópica en la que la sociedad ha avanzado hacia la discriminación genética, creando una especie de apartheid que separa a los ciudadanos genéticamente perfectos de los demás. Quizás sea éste uno de los aspectos más interesantes de la película, porque sin abandonar la ficción nos propone un debate actual acerca de adónde se dirige la sociedad moderna.

El propio Andrew Niccol se encargó de escribir el guión estructurándolo de un modo claramente lineal, a pesar de contar con algún que otro flashback puntual. Es un guión bastante sólido que nos guía a través de la difícil vida de Vincent, retratando sus frustraciones y anhelos, hasta que finalmente decide hacer algo drástico para cambiar su vida y luchar por lo que quiere. Esta decisión no sólo le llevará a cambiar de vida sino también de identidad, emprendiendo un camino sin retorno donde se enfrentará al sistema y a si mismo. Esa determinación para conseguir hacer realidad sus sueños es el eje principal de la historia, aunque al mismo tiempo se nos plantean otros dilemas, como por ejemplo la inmortalidad del alma o la autorrealización gracias a los logros de otra persona. Precisamente esto último es lo que persigue el personaje de Jerome, encadenado a una silla de ruedas y sin posibilidad de hacer algo grande que perpetúe su nombre.

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Debo decir que el reparto de esta película siempre me ha parecido especialmente acertado. Vincent está interpretado por un joven Ethan Hawke, que por aquel entonces ya era un rostro conocido gracias a películas como ‘¡Viven!’ o ‘Antes del amanecer’. Un rostro frágil pero a la vez fuerte que le va como anillo al dedo a un personaje con esperanza de vida incierta que vive atrapado entre el miedo y la necesidad de realizarse. En el otro lado del espectro tenemos a Jerome, interpretado por un tremendo Jude Law que aporta esa faceta de canalla y seductor que tan bien le sienta a su personaje, un gran atleta que tras quedarse paralítico y ser apartado de la sociedad afronta el paso del tiempo sumido en una actitud autodestructiva. En una extraña simbiosis, estas dos personas tan opuestas consiguen encontrar un nexo de unión y forjar una sólida amistad. Al final la esperanza de uno termina convirtiéndose en la redención del otro.

En este futuro tan cruel que nos presenta Niccol, hay otros personajes con cierta importancia que ayudan a completarlo. Tenemos por ejemplo a Anton Freeman, el hermano biológico de Vincent, que siempre consideró inferior a su hermano y que a lo largo de la película terminará entendiendo que la determinación y el deseo de superarse son mucho más importantes que un porcentaje en una analítica. Y claro, también está el viejo César, ese individuo conformista y resignado que existe en toda sociedad, un ciudadano que se sabe inferior y que llega a aceptar su injusto destino. Curiosamente el personaje más flojo es el que interpreta Uma Thurman, que a pesar de su éxito en ‘Pulp Fiction’ no consigue dotar a Irene de la emoción necesaria. Y es una lástima porque en una historia como esta la parte romántica podría haber funcionado mucho mejor.

Pero como comentaba al principio, lo más destacable de la película es su discurso. La película cuenta con un buen diseño de producción que consigue recrear con bastante realismo esa sociedad distópica donde la sofisticación y la pulcritud extrema son rasgos identificativos de los ciudadanos genéticamente perfectos, mientras que a los parias de la sociedad se les prohíbe la entrada en espacios públicos y sólo pueden acceder a puestos de trabajo que nadie quiere desempeñar. Por cierto, también hay una trama de fondo meramente policíaca, centrada en los esfuerzos de la policía para encontrar a un delincuente que ha suplantado la identidad de un ciudadano válido. En medio de esa investigación, entre análisis de sangre y ADN, Vincent deberá sortear hábilmente a las autoridades para mantener su secreto a salvo.

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Conclusión:
La historia que nos cuenta ‘Gattaca’ no es nueva, se han hecho muchas películas que plantean un futuro más negro que el carbón. Pero en este caso no sólo se trata de eso, sino que estamos ante una bella historia de amor, amistad y superación personal. En un momento determinado Vincent le explica a su hermano que la clave para hacer realidad tus sueños y vencer ante lo imposible consiste en no reservarse nada, en darlo todo hasta el último aliento. Una buena moraleja para una buena película que desde aquí recomiendo a todos aquellos que todavía no la hayan visto.