Estrellas ochenteras estrelladas. Volumen 2
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En nuestro primer volumen de “Estrellas ochenteras estrelladas” repasamos la vida y milagros de algunos actores cuya estrella se había ido apagando lentamente. En algunas ocasiones por el vicio y las drogas, en otras debido a graves problemas personales o simplemente por mala suerte. Esta vez echaremos toda la carne en el asador y completaremos la colección con unos cuantos actores que pese haber obtenido una notable popularidad y haber propulsado sus carreras, entraron en barrena y se precipitaron al más profundo de los infiernos. Abrochaos el cinturón porque iremos cuesta abajo y sin frenos.

‘Artículo patrocinado por Gary Coleman y David Hasselhoff’.

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David Hasselhoff, el rey destronado.
Apodado The Hoff, The Hoffenator y un sin fin de apodos a cada cual más surrealista, este actor descubriría su afición, que no talento, a muy tierna edad cuando participaba en una representación de Peter Pan. Tras acabar el instituto tuvo su primera oportunidad al conseguir un pequeño papel en dos episodios de ‘Vacaciones en el mar’, donde descubrió los efectos terapéuticos del sol. Pero fue tras fichar por la NBC y participar en la serie ‘The young and the restless’ cuando le llegaría su gran ocasión. Nos referimos, cómo no, a ‘El coche fantástico’. En esta legendaria serie Hasselhoff daba vida a Michael Knight, un guaperas mujeriego con pantalones estreñidos y chupa de cuero que al grito de “Kitt, te necesito” haría las delicias de las nenas durante cuatro temporadas. Había nacido la leyenda.

Ya en 1989 retomó su papel de chulo playero, y nunca mejor dicho, en la serie ‘Los vigilantes de la playa’ dando vida a Mitch Buchannan. Pero pese a gozar de una audiencia considerable y el apoyo del público la cadena decidió cancelar la serie al acabar la primera temporada. Es fácil ponerse en la piel de David y comprender la conmoción que supuso para él abandonar la serie, las tías pechugonas y el sol de Malibu. La respuesta no se hizo esperar, se hizo con los derechos de la serie y la produjo él mismo, sabiendo que iba a ser un éxito seguro. Y vaya si lo fue, once años estuvo en antena llegando a más de 140 países de todo el mundo, poniendo el paquete de Mitch y las tetas siliconadas de sus compañeras en cada hogar. Sin duda la experiencia le transformó y la noche le confundió. Porque en 1995 creó un spin-off llamado ‘Los vigilantes de la noche‘ en donde cambiaba el turbopaquet rojo y el salvavidas por camisas fardonas y un cubata. La serie aguantó sólo tres años y pasó con más pena que gloria. Vale la pena recordar que también se atrevió a dar vida a D’Artagnan en un bodrio llamado ‘El anillo de los mosqueteros’ y a Nick Fury en una serie que sólo vio el episodio piloto de lo mala que era. E incluso ha realizado un buen número de películas mediocres para la gran pantalla que tampoco vale la pena mencionar, la última ‘Anaconda 3’ que se fue directamente a DVD para disfrute de los más atrevidos. Sólo un par de comedias recientes, ‘Cuestión de pelotas’ y ‘Click’, sacaron lo mejor que quedaba de él a nivel interpretativo, que ya es mucho decir.

Los altibajos en su carrera propiciaron que cayera en el alcoholismo, pero en el año 2001 Hasselhoff aún tuvo tiempo de dar el salto a los musicales con obras como ‘Jekyll & Hide’ o ‘Chicago’, que sorprendentemente fueron recibidas con aceptación. Y es que la música siempre ha sido importante para The Hoff, no en vano ha llegado a sacar 14 discos y videoclips de dudoso gusto. Pero la verdad es que la suerte ya estaba echada para David, y cuando los músculos se volvieron flácidos y su frondosa melena empezó a clarear, el chulazo de playa que había sido empezó una vertiginosa decadencia tanto física como emocional. Un polémico divorcio, acusaciones de malos tratos, borracheras y pollos montados en lugares públicos, o incluso un cochambroso video donde podíamos verle con un pedal del quince comiendo hamburguesas en el suelo. Un sinfín de sucesos que han destronado al rey de la playa y que convierten su futuro en algo sumamente incierto.

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Gary Coleman, la miseria en tarro pequeño.
Era pequeño, simpático, el paradigma de la inocencia y la felicidad infantil. Ahora es sólo pequeño. Hablamos de Gary Coleman, el Joselito norteamericano, un chiquitín que se hizo famoso con la serie ‘Arnold’ y que a su manera sobrevive como puede al éxito y la explotación infantil que sufrió. Gary Coleman  nació con nefritis renal, una grave enfermedad congénita que le impedía crecer y le ha obligado a someterse a diálisis de por vida. Paradójicamente esta fue la causa de que le contrataran para la serie ‘Arnold’, una exitosa comedia que estuvo en antena durante ocho largas temporadas. Quizás recordéis esa frase que le hizo famoso, frase que repetía en cada episodio como seña de identidad: “¿De qué estás hablando, Willis?”. También participó en la película ‘The kid with the broken halo’ que derivó en una serie infantil de animación que se llamó ‘El show de Gary Coleman’, donde daba vida a un Ángel. A partir de ahí, y a medida que envejecía atrapado en su pequeño cuerpo, su fama fue decayendo y acabó realizando papeles bastante cutres en series de televisión. Incluso se autoparodiaba o realizaba cameos humillantes en series como ‘Los Simpson’ o ‘Matrimonio con hijos’. El adorable pequeñín se había convertido en un simple enano, y su entorno familiar hacía todo lo posible por mangarle la pasta que había ganado honradamente.

La explotación a la que le sometían sus padres llegó a su fin cuando en 1993 les demandó, consiguiendo a cambio un miserable millón de dólares. Tras unos cuantos años de escándalos, entre los que hubo una agresión a un tipo que le pidió un autógrafo, en 1999 se declaró en bancarrota. Sólo salió del pozo temporalmente para protagonizar un sádico videojuego llamado ‘Postal 2’ donde repartía plomo en un centro comercial. Pero la fortuna fue siempre tan pequeña como él, y poco después fue demandado por la NBA por difamación (es un deporte que odia por razones obvias), perdiendo su casa en el juicio. Todo este cúmulo de desgracias provocó que acabara participando en un grotesco reality llamado ‘¿Quién quiere ser gobernador de California?’ donde se disputaba el premio con un rapero y una actriz porno. Y… ¿en qué consistía el premio? pues en unos cuantos miles de dólares para poder financiar su campaña electoral. No hace falta decir que perdió, aunque igualmente siguió adelante con su candidatura, rodeándose de mujeres recauchutadas hasta que fue derrotado por Arnold Schwarzenegger. Actualmente sobrevive como subastador de fortuna en e-Bay desprendiéndose de todas sus posesiones autografiadas. Pantalones, pijamas, camisetas, teléfonos, consolas… Todo lo que pilla es firmado y subastado. Un triste fin para el que fuera ídolo de los niños.

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La decadencia de Briggite Nielsen.
Esta danesa exuberante empezó su carrera como modelo a los 16 años, trabajando para firmas del prestigio de Armani o Versace. A los 22 años debutó en la gran pantalla con ‘El guerrero rojo’, una película épica protagonizada por Arnold Schwarzenegger que aprovechaba su belleza nórdica y el tirón creado por la película ‘Conan’. Ni qué decir tiene que se intentó camelar al austriaco, pero no hubo suerte y ya ese mismo año coprotagonizaba ‘Rocky IV’ con Stallone, que sí sucumbió a sus encantos. Juntos realizarían ‘Cobra’, otra película entretenida en la que encarnaba a la jamona de turno salvada por el héroe. La relación entre ambos actores se prolongaría hasta 1987, cuando se divorciaron y ella se enfrascó en ‘Superdetective en Hollywood 2’ haciendo de mala. Resulta difícil asegurar si se quiso beneficiar a Eddie Murphy o no, pero de lo que no hay duda es que a partir de ahí le tocó la negra. Dado que su talento interpretativo era escaso, acabó relegada a telefilms y bodrios de serie B a cada cual más malo. En 1992 participó en una discreta miniserie italiana  llamada ‘La gruta de la rosa de oro’, y a partir de ahí pasó a despachar una serie de películas malas con avaricia de cuyo nombre no quiero acordarme. Uno de sus últimos trabajos se redujo a protagonizar un cameo en la comedia francesa ‘Paparazzi’. Por aquel entonces su carrera como actriz había tocado fondo y el consumo de drogas y alcohol empezaba a ser preocupante, teniendo que ingresar numerosas veces en clínicas de desintoxicación.

A partir de ahí Briggite Nielsen decide reflotar su maltrecha economía participando en las ediciones inglesa y danesa de ‘Gran Hermano VIP’. Hay que decir que para querer entrar en un programa de estos hay que cumplir dos requisitos básicos: estar acabado y ser incapaz de vender ni un paquete de kleenex. De ahí decidió pasar a un nivel superior y apuntarse a otro reality producido para la MTV, ‘The Surreal Life’, donde se paseó literalmente en pelotas durante todo el programa llegando a seducir a un rapero enano con la dentadura de oro. Quizás alguien pueda pensar que esto es lo más degradante a lo que puede llegar un profesional. Pero Brigitte es mucha Brigitte y hace un año decidió rizar el rizo y pasarse por el programa alemán ‘From old to new’ para operarse en directo. Recauchutado, liposucciones, liftings y un alicatado si hace falta. Todo para recuperar una belleza que la propia actriz se encargó de destruir, y es que si antes estaba de miedo, ahora lo da. Quién sabe lo que le espera a esta mujer, pero sin duda lo que ya no tiene arreglo es su dignidad.

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Kirstie Alley, una actriz de peso.
Kirsten Louise Alley nació en Kansas, el estado norteamericano con más vacas, algo que más adelante se convertiría en una triste ironía. Allí decidió estudiar interpretación y trabajar como interiorista, periodo en el que cayó en la adicción a la cocaína. Tras un largo proceso de desintoxicación decidió emigrar a Hollywood y fue precisamente en 1982 cuando obtuvo su primer papel en la película ‘Star Trek: la ira de Khan’. También coprotagonizó una serie que funcionó francamente bien, ‘Norte y Sur’. Ya en 1984 participó en ‘Cita a ciegas’ un fracaso de película que más adelante sería considerada como de culto por los onanistas de medio mundo debido a que es la única ocasión en que ha enseñado cacho. Y ese mismo año obtuvo un pequeño papel en ‘Runaway: brigada especial’. Pero el éxito le llegaría en 1987 cuando fue escogida para participar en la sitcom ‘Cheers’, que se alargaría hasta bien entrados los noventa y le valió un Emmy y un Globo de Oro. Producto de la popularidad obtenida, decidió hacerse con un papel en ‘Mira quien habla’, una comedia infantiloide que tuvo bastante éxito. Tanto que propició dos secuelas igual de simplonas que la primera para mayor gloria de Kirstey. A partir de ahí comenzaría un tour a través de diversas películas, ninguna de ellas especialmente interesante si exceptuamos ‘Desmontando a Harry’ de Woody Allen. Los años pasaron hasta que en 1997, viendo las orejas al lobo, decidió producir y protagonizar su segunda sitcom, ‘El secreto de Verónica’, en donde ya podía apreciarse un notable aumento de peso.

Al contrario que con Steven Seagal, aquí no hay misterio alguno. Tras romper con James Wilder, Kirstie se había quedado compuesta y sin novio, abandonándose a la ingesta masiva de cacahuetes y carbohidratos. La mujer que había sacrificado su máxima “voy a comer lo que me de la gana” para conseguir riqueza y fama, se dejó ir por una pendiente de glotonería y frenesí. Consagrada a criar a sus hijos en la intimidad del hogar, su hasta entonces esbelta figura acabó atiborrada con tal cantidad de porquerías que la báscula se puso al rojo vivo. Kirstie siguió comiendo cada vez en mayores cantidades y reivindicando con orgullo su gordura. Baste decir que llegó a alcanzar los 100 kilos de peso en poco tiempo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía un marrón entre manos, y apoyándose en su amigo John Travolta y la Cienciología decidió reflotar su carrera mediante un invento televisivo al que llamó ‘Actriz gorda’. En el show se autoparodiaba y reía de sus problemas de peso, sin duda una de las tronchantes terapias de los sonados de la Cienciología. En 2006, tras haber perdido casi 40 kilos mediante una dieta milagrosa, apareció en el programa de Oprah embutida en un bikini. La alegría duraría unos pocos años, ya que recientemente reconoció haber recuperado parte de su peso, algo típico de este tipo de dietas con efecto rebote. A sus 58 años sigue obsesionada por su figura, centrada más en la báscula que en buscar aquello que realmente podría devolverle la felicidad.

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Don Johnson, el eterno chulazo.
Este moreno con pinta de chulopiscinas es probablemente uno de los mayores iconos sexuales de los ochenta. Empezó cantando con su banda, sacando algún que otro éxito veraniego, pero pronto decidió que lo suyo era la escena. Eso sí, hasta 1984, año en que se estrenó ‘Corrupción en Miami’, no había hecho nada aprovechable en el mundo de la interpretación con la excepción de ‘Un chico y su perro’, un pequeño film que le valió un Premio Saturn. Fue con el papel de Sonny Crocket que se ganó el favor del público a la vez que ponía de moda las camisetas pastelosas y las americanas de Versace arremangadas. El éxito fue clamoroso, sobretodo entre las mujeres, llegando a ganar un Globo de Oro. Desgraciadamente nada dura para siempre y en 1989 la serie había llegado a su fin. Ese mismo año trató de hacerse un hueco en el cine con ‘Tiro mortal’, un thriller que no tuvo demasiado éxito, al mismo tiempo que se casaba con Melanie Griffith. Y como las desgracias no vienen solas decidió coprotagonizar junto a un Mickey Rourke en horas bajas ‘Harley Davidson y Marlboro Man’, que tampoco resultó ser precisamente un éxito. Tras dos o tres películas altamente mediocres, la suerte llamó nuevamente a su puerta en 1996. Le concedieron una estrella en el Hollywood Walk of Fame y se enzarzó en su segunda serie para televisión, ‘Nash Bridges’, que no fue nada mal durante las seis temporadas que duró. Paralelamente participó como secundario en ‘Tin Cup’, uno de esos inventos de Kevin Costner que nunca suelen funcionar y que mostraba la vida y miserias de un ex-campeón de golf. Como era de esperar, en esa ocasión tampoco funcionó, acabando con la última oportunidad de Don para regresar a la gran pantalla. Y para completar el rosario de infortunios se divorció de Melanie Griffith de forma muy poco amistosa, entre acusaciones por malos tratos y alcoholismo.

Desde ese momento todo fue cuesta abajo para Don. Relegado a papeles muy secundarios y bebiéndose hasta el agua de los floreros, el actor acabó protagonizando varios escándalos. En 2001 una mujer le denunció por acoso sexual, al parecer el actor la pilló por banda cuando salía de un restaurante con un pedal del quince y mientras le hacía movimientos sexys le cantaba a la oreja alguno de sus viejos hits. Él lo negó todo y parecía que se había librado, pero sólo un año más tarde fue detenido cuando las autoridades fronterizas encontraron ocho billones de dólares ocultos en su coche. Nada, calderilla para cafés… Inicialmente le inculparon por blanqueo de dinero pero una vez más se libró por los pelos, aunque eso no impidió que los tabloides se cachondearan de él durante varios años y sacaran a relucir una y otra vez el asunto. El último susto para Don llegó en 2008, cuando estuvo a punto de perder su casa por una deuda con el fisco que consiguió satisfacer a tiempo. A día de hoy, en un estado de semi-retiro y con la guadaña de las deudas acechando constantemente, Don Johnson languidece a la espera de algún papel que lo saque de la sombra. El que fuera el playboy más envidiado de Miami es ahora un hombre cincuentón, hinchado por los excesos y con un interrogante por futuro.

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Hasta aquí este volumen 2 de “Estrellas ochenteras estrelladas”, pero prometo volver en un futuro más o menos cercano con “nuevas y mejoradas” aportaciones…